Hoy, en el día del artista plastico, falleció Carlos Alonso, referente de las artes visuales, originario de Tunuyán, Mendoza, cuya trascendencia superó las fronteras del país. Su partida, a sus prolíficos 97 años, deja un legado incalculable caracterizado por una búsqueda expresionista incansable, un compromiso social firme y una sensibilidad única.
Las artes visuales de luto: adiós a Carlos Alonso
Reconocido dibujante, pintor y grabador, de trascendencia internacional, falleció a los 97 años, en su casa de Unquillo, Córdoba.
Formación y consagración
Iniciado en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo y perfeccionado en Tucumán bajo la guía de Lino Enea Spilimbergo, Alonso consolidó rápidamente una estética propia. Su talento lo llevó a Europa, donde absorbió influencias de grandes maestros universales. Alcanzó un reconocimiento decisivo al ilustrar clásicos fundamentales de la literatura como Don Quijote de la Mancha o La Divina Comedia, demostrando una destreza técnica brillante tanto en el dibujo como en la pintura y el grabado.
Exilio y dolor hecho arte
La trayectoria del creador cuyano estuvo fuertemente atravesada por los acontecimientos políticos de Argentina. Tras sufrir la censura de sus proyectos durante la dictadura militar, debió emprender el exilio en Europa. El golpe más desgarrador ocurrió en 1977 con la desaparición de su hija Paloma, tragedia que transformó profundamente su producción y dio origen a piezas de enorme densidad emocional, como la serie Manos Anónimas.
Radicado finalmente en Unquillo, Córdoba, donde impulsó el Museo de Arte Contemporáneo que lleva el nombre de esa ciudad, Alonso pintó hasta sus últimos años, dejando una huella indeleble en la identidad cultural del país.