Por primera vez, el reconocido guitarrista, docente e investigador Oscar Olmello visitará San Juan para disertar en la Cátedra Libre de Musicología, del Instituto de Estudios Musicales (FFHA, UNSJ). En ese marco, brindará un panorama de la música nacional junto al pianista Luis Melicchio y también presentará su libro.
"Los guitarristas no son prejuiciosos". Oscar Olmello, un maestro de la guitarra clásica, en San Juan
Oriundo de Buenos Aires, el reconocido músico, docente e investigador dará por primera vez una conferencia en San Juan.
En “La guitarra clásica en el Río de la Plata. Poética y poder de Tárrega a Segovia”, es donde Olmello plasmó su tesis doctoral, que, en síntesis, aborda el proceso de validación de la guitarra en la música académica argentina. Fue tras un largo periodo e marginación, fuera de los programas oficiales y los escenarios formales, cuando el instrumento recuperó su jerarquía.
Las actividades se llevarán a cabo este viernes 18 de septiembre en la Sala de Audio y Video de la FFHA – UNSJ (ver abajo). Antes de su llegada, el profesional dialogó con DIARIO DE CUYO.
— Su investigación versa sobre la incorporación de la guitarra en el ámbito académico. ¿Cómo fue ese proceso?
—Sí, la guitarra estaba asociada a lo largo de todo el siglo XIX a la música popular, al gaucho, aunque existía un movimiento muy grande de guitarristas aficionados y luthiers que fabricaban instrumentos y hacían música académica. En las casas de música se publicitaban guitarras, pero siempre con el dibujo de un gaucho que la recomendaba. Y los guitarristas clásicos querían ser aceptados porque el instrumento ni siquiera se enseñaba en los conservatorios, sino en las academias, en la casa del profesor de guitarra. Inclusive profesores muy importantes como Domingo Prat, que había sido discípulo de Tárrega en España, vinieron a Buenos Aires muy jóvenes y enseñaban en sus propias academias. Con él estudiaron todos, incluso el guitarrista y compositor Abel Fleury.
—¿Estamos hablando de qué época?
—Ya entramos ahí en el siglo XX. En el libro lo que se trata es la aceptación de la guitarra como instrumento académico a lo largo del primer siglo. Ya a partir de 1940, 1950 y 1960, la guitarra tenía carta de ciudadanía dentro del ambiente académico.
—¿Y por qué era resistida?
—Porque no pertenecía a la música consagrada, culta o académica. Es decir, no se enseñaba en los conservatorios ni se tocaba en esos ambientes. Por ejemplo, hay un caso de un guitarrista paraguayo que vivió en Buenos Aires y grabó en el mismo sello donde grababan Gardel y Razzano; que fue resistido. Era Agustín Barrios, y cuando este guitarrista compositor iba a hacer tres conciertos, lo sabotearon y pudo hacer el primero nada más, porque le hicieron una crítica espantosa. Hoy en día es el compositor de guitarra que más se encuentra en YouTube. En esa época, al estar asociada a lo popular, los guitarristas académicos, para reforzarse en su carácter de músicos cultos, rechazaban todo lo que tuviese que ver con eso; y estar asociado con Gardel era mala palabra.
—O sea, querían despegarse de lo popular, pero tampoco eran aceptados en el ámbito académico al que aspiraban…
—Sí, no estaban ni en un lado ni en el otro, era un poco esquizofrénica la cosa. Cultivaban la música popular, pero percibían que si seguían haciendo esa música no los iban a aceptar jamás. Estaban en una posición ambivalente, pero con el tiempo lo lograron.
—¿Hay algún hito que haya marcado esta aceptación de la guitarra en el ámbito académico?
—Sí, en 1940, cuando le dan el premio de la Comisión Nacional de Cultura a una obra original para guitarra: la Serie Argentina, de Jorge Gómez Crespo. Ahí se produjo un cambio en la música académica; en el jurado que la premia estaba Alberto Ginastera, y marcó una aceptación institucional inédita. Paradójicamente, tuvo bastante que ver el boom del folclore de la década de 1960. Todo el mundo quería estudiar guitarra y los únicos capacitados para enseñar eran los guitarristas académicos egresados de los conservatorios. Eso generó un movimiento y una fuente de trabajo, abriendo conservatorios en diversos lugares del país.
—Vamos más atrás. Si la guitarra existía en épocas de Mozart y Beethoven, ¿por qué está ausente en famosas obras de concierto?
—Hasta la década de 1820 o 1830 en Europa, la guitarra estaba a la par del piano como instrumento de concierto, con figuras como el español Fernando Sor o el italiano Mauro Giuliani, quien era amigo de Beethoven. Pero aparece el piano y arrasa con todo. La música académica empezó a ejecutarse en salas más grandes y la guitarra perdía en volumen sonoro… recordemos que no había amplificación, como ahora. Después, las generaciones subsiguientes de guitarristas, como Tárrega, se ligaron a la música de moda o paráfrasis de óperas virtuosísticas, sin tocar obras de gran envergadura; y quedaron relegados de ese circuito principal.
—Y en la actualidad, ¿la guitarra mantiene la jerarquía o sigue siendo una hermana menor en la música académica?
—Está a la altura del resto de los instrumentos. En el Conservatorio de Morón, la cátedra con mayor alumnado es guitarra. Además, guitarristas argentinos formados en el país ocupan o han ocupado cátedras principales en conservatorios de Europa, como Pablo Márquez en Basilea o Roberto Aussel en Alemania. La guitarra clásica se ha impuesto en el plano internacional.
—¿Logró la revancha frente al piano?
—El piano sigue teniendo su lugar como el rey de los instrumentos, pero la guitarra ha ganado su terreno.
—¿Cree que festivales como Guitarras del Mundo hacen un aporte a este estatus?
—Sí, es algo extraordinario lo que hace Juan Falú, un artista que está entre la música popular y la académica, diluyendo esas fronteras…
—¿Se ha cerrado la grieta entre lo clásico y lo popular en la guitarra?
—Yo digo que sí. Los guitarristas no son prejuiciosos. Si la obra es buena, es buena; no importa que el autor no haya sido un erudito o alguien que sepa escribir música. De cualquier manera, tenemos pilares como Bach y Villa-Lobos, pero también a Abel Fleury, quien sintetizó en su obra la cultura académica y la popular. Empezó aprendiendo con payadores y después estudió con Honorio Siccardi, un compositor muy importante que le enseñó todos los secretos de la composición; y con Prat, con quien aprendió digitación, la postura…
—¿Podría ser Fleury la síntesis más acabada de la guitarra argentina?
—En mi opinión, sí. Con Gómez Carrillo representan el modelo de nacionalismo musical más real y natural, donde la fusión entre la cultura popular y la académica es más completa, absoluta y auténtica.
En conferencia
El encuentro, gratuito para el público, será el viernes 18 de septiembre, en la Sala de Audio y Video de la FFHA.
- Comenzará a las 14:00 horas con la primera charla, sobre el nacionalismo musical argentino. El título es "Imaginarios simbólicos y construcción de identidad en la música académica argentina del Centenario", y estará a cargo de Luis Melicchio, junto a Oscar Olmello.
- Luego, de 15:00 a 16:00 horas, Olmello expondrá sobre su libro “La guitarra clásica en el Río de la Plata. Poética y poder de Tárrega a Segovia”, donde repasa el proceso de validación de la guitarra en el mundo académico.
Los interesados podrán participar de las conferencias de manera presencial o bien a través de Zoom. Tema: CÁTEDRA LIBRE DE MUSICOLOGÍA Únase a la reunión de Zoom https://us02web.zoom.us/j/84849199571?pwd=OikvEXW1R3RWmi7l1Ohm5bdt6dbSnR.1 Enlace al chat de la reunión https://us02web.zoom.us/launch/jc/84849199571 ID de reunión: 848 4919 9571 Código de acceso: 713675
Sobre Oscar Olmello
Es Profesor Superior de Música Especialidad Guitarra, Licenciado en Historia (UBA), Licenciado en Artes Musicales (UNA), Magister en Interpretación de Música Latinoamericana del Siglo XX (UNCu) y Doctor en Historia y Teorías del Arte (UBA). Fue investigador del Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega” durante una década. Coordinó en esa institución junto con Héctor Goyena la reedición digital de la Antología del Tango Rioplatense y con María Teresa Melfi el diseño y coordinación de la constitución de la base de datos de sus archivos y su posterior publicación en la WEB.
Dirigió entre 2011 y 2016 proyectos de investigación en la UNA, sobre la aceptación de la guitarra como instrumento académico en la primera mitad del siglo XX y desde 2017 a la fecha en colaboración con Manuel Massone, sobre el Conservatorio Nacional fundado en 1888 y su importancia en la orientación docente de la formación profesional del músico.
Publicó en revistas especializadas sobre el nacionalismo musical de Abel Fleury, el desarrollo de la guitarra académica y el Conservatorio Nacional. En 2020 EDAMus (editorial de la Universidad Nacional de las Artes) publicó su libro La guitarra clásica en Río de la Plata. Poética y poder de Tárrega a Segovia.
Ejerció la docencia en la Escuela Nacional de Música “Juan Pedro Esnaola”, en el Conservatorio Nacional “Carlos López Buchardo”, en el Conservatorio de Música “Alberto Ginastera” y en el DAMus-UNA. Actualmente dirige a doctorandos en la Universidad Nacional de las Artes y a maestrandos en la Universidad Nacional de Cuyo y en la Universidad Internacional de La Rioja.