En cada festival, jineteada o juntada de amigos, José Luis "Pichón" Paredes sabe que está ante un gran desafío: convertir en creativos versos lo que ocurre a su alrededor. Sin guion ni ayuda más que su propia improvisación logra las prosas más emocionantes siempre dentro de la estructura de la payada. Con poco más de una década recorriendo escenarios del país, el sanjuanino celebra un nuevo Día del Payador convencido de que la tradición tiene futuro, siempre y cuando las nuevas generaciones se animen a tomar la posta.
Pichón Paredes y una década compartiendo el arte del payador: "Si la juventud se involucra esto va a perdurar"
En el marco del Día del Payador, DIARIO DE CUYO conversó con una de las máximas eminencias de la práctica en San Juan. Cómo es la vida del payador, entre prosas, tradición y creatividad.
Cada 23 de julio se celebra en Argentina el Día del Payador, en homenaje a Gabino Ezeiza, pionero del género. La payada es una forma de expresar sentimientos y la realidad usando el canto y la rima. Generalmente se acompaña de guitarras con versos octosílabos. Con el paso de los años, este rol se desempeñó con mayor auge en los festivales gauchos y de destrezas, donde no puede faltar el payador.
Para celebrar este día y poner en valor el arte del payador, DIARIO DE CUYO comparte la historia de Pichón Paredes, uno de los máximos referentes de la práctica en San Juan.
Del recitado entre amigos a subirse a un escenario y girar por el país, la historia de Pichón Paredes
Paredes no llegó al oficio a través de una academia ni de un maestro formal. Su vínculo con la improvisación nació de manera natural. “Mis primeros pasos fueron en juntadas con amigos, en fogones y cumpleaños. Lo hacía sin saber que podía ser payador”, recuerda el sanjuanino.
El gran paso lo dio cuando, en una de esas juntadas donde el jolgorio y los cantos no faltaban, alguien lo escuchó y comenzó a convencerlo de hacer lo mismo, pero sobre un escenario y en el marco de un festival. “Luego de varias invitaciones accedí, subí y desde ese día no bajé del escenario”, comenta entre risas, recordando quizás aquella primera vez y todo lo que ha sucedido a lo largo de los últimos once años.
Desde entonces, entre rimas e improvisaciones, comenzó a recorrer distintos puntos tanto de la provincia como del país. Si bien gran parte de su actividad se concentra en la región de Cuyo, también participó en festivales de Córdoba, Buenos Aires y Corrientes, entre otras provincias.
Para Pichón, cada viaje representa mucho más que una actuación. Asegura que se debe conocer el lugar, la historia y las costumbres de cada sitio antes de presentarse, para hablar con fundamento y tener material extra para usar a la hora de pararse frente al micrófono. "Si tengo que ir a Santiago del Estero, antes tengo que interiorizarme de su cultura, del lugar y de por qué lleva ese nombre. Sin querer, uno se va enriqueciendo", señala.
Cuando el desafío de improvisar se convierte en el talento del payador
La esencia del payador está en crear versos en el mismo instante. Puede inspirarse en una historia que le cuentan, en lo que observa o en un tema propuesto por el público. Generalmente utiliza la décima, una composición de diez versos octosílabos con una compleja estructura de rimas que exige rapidez mental, creatividad y dominio del lenguaje.
Sin embargo, Pichón explica que también pueden incorporarse cuartetas o sextillas y modificar la melodía, siempre respetando la esencia de la tradición.
"La payada no tiene una partida de nacimiento ni un certificado de defunción", dice al describir un arte que, pese al paso del tiempo, continúa adaptándose sin perder su identidad.
Una década entre la vocación y el trabajo cotidiano
Aunque reconoce que algunos artistas logran vivir exclusivamente de la payada, Paredes eligió mantener su empleo como auxiliar administrativo en una escuela. Considera que esa estabilidad le permite disfrutar del escenario sin perder el equilibrio entre la pasión y las responsabilidades.
No obstante, admite que la actividad demanda sacrificios. Durante la temporada de festivales los viajes son constantes, generalmente los fines de semana y eso implica resignar tiempo con la familia u otras actividades personales. Aun así, asegura que cuando llega el momento de actuar, las preocupaciones personales quedan a un lado.
"Uno puede tener días buenos o malos, pero cuando sube al escenario se debe a la gente. Hay que hacer que el público pase un buen momento", sostiene.
El futuro de la payada y la esperanza puesta en los jóvenes
En el Día del Payador, Paredes observa con optimismo el presente del género. Destaca que en los últimos años aparecieron jóvenes interesados en la improvisación y considera que figuras reconocidas dentro del ambiente ayudaron a despertar esa inquietud. “Luego de la aparición de Nico Membriani (voz oficial del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María) se logró despertar el interés de la juventud”, destacó.
Sin embargo, cree que todavía falta una mayor difusión del arte del payar para que más chicos descubran esta expresión. Si bien en San Juan no existen espacios que se dediquen a la enseñanza, el conocimiento se transmite de manera directa entre quienes ya recorren ese camino, apoyando a los nuevos interesados.
"Me gustaría que se difundiera más para que muchos chicos puedan aprender. A lo mejor hay jóvenes que tienen ese don incorporado y no se dan cuenta", afirma.
Con la experiencia acumulada en once años de escenarios y cientos de kilómetros recorridos, Pichón Paredes mira hacia adelante con una convicción que resume el espíritu de la fecha: "Si la juventud se involucra esto va a perdurar".