El papa Francisco encabezó esta noche una de las ceremonias más solemnes de la liturgia católica, la tradicional procesión del Vía Crucis, que se celebra en el Coliseo romano.

Con tono serio, denunció "la sangre inocente que cotidianamente es derramada de mujeres, niños, inmigrantes y personas perseguidas por su color de piel, su pertenencia étnica o social y por su fe" en Cristo.

 

La ceremonia trata de replicar las 14 escalas que, según la iglesia católica, realizó Jesucristo antes de ser crucificado. Comienza en la Via dei Fori Imperiali, la avenida que lleva al Coliseo.

Decenas de miles de personas asistieron a los actos, muchos de ellos portando velas.

 

La procesión comenzó con un fuerte operativo de seguridad por temor a posibles actos terroristas. Por eso el Coliseo estuvo cerrado a visitantes desde horas antes para permitir a la policía revisarlo con artificieros, perros y otros equipos especiales.

 

Entre los portadores de la cruz figuraron católicos de Egipto, Portugal y Colombia, países que Francisco tiene previsto visitar este año.

El Papa no participó de la ceremonia caminando, sino que siguió la procesión desde un podio.