El pasado 21 de junio llegó a los 30 años Nicolasito, como le llaman para diferenciarlo de su padre, Nicolás Maduro, líder del chavismo y presidente de Venezuela. En esos días, en una urbanización en el este de Caracas, la supuesta celebración a lo grande de su cumpleaños, según varias denuncias, terminó con la detención de dos jefes policiales de la zona. Intentaban mediar por los vecinos que se quejaban del bullicio en medio de la estricta cuarentena por coronavirus en la que está instalada el país y por la que el propio Gobierno prohibió las reuniones sociales.

Uno de los detenidos, el veterano comisario Javier Gorriño, jefe de seguridad del municipio caraqueño El Hatillo, que ahora afronta la prisión domiciliaria por instigación al odio, había denunciado en un tuit —que luego fue borrado— que la policía que tiene a cargo no podía hacer nada más porque funcionarios de la Casa Militar, encargada de la seguridad presidencial, estaban custodiando el evento.

No hay pruebas de que Nicolasito fuera el centro de esa celebración, pero la hoja de vida del treintañero está llena de incidentes en fiestas. En un vídeo de 2015 publicado en YouTube aparece durante una boda bailando en medio de una lluvia de billetes. En 2017, la prensa reseñó que una mujer terminó arrestada después de hacerle una foto en una fiesta en Maracaibo, en el occidente del país. El hijo del presidente también aparece en celebraciones con sus hermanastros Yoswal y Yosser Gavidia Flores, dos de los tres hijos de Cilia Flores, esposa de Maduro, y otro amigo común, Mario Bonilla, quien agenció la compra de todas las quintas de una calle de Caracas para juntar a los Flores, como reveló el portal de investigación Armando Info el año pasado.

Pero Nicolás Ernesto Maduro Guerra está ahora bajo los focos porque en algunos círculos políticos se habla de que podrían estar preparándolo para heredar el poder; para ser el suplente del suplente de la revolución, el papel que le tocó a Maduro asumir con la muerte de Chávez en 2013. Salvar los restos del proceso bolivariano es un rol que podría tocarle al joven por el cerco diplomático y de sanciones económicas que rodea al Gobierno de su padre, en medio del forcejeo por una transición política en Venezuela a la que Maduro se niega y en la que no tendría lugar, o así insiste su principal oponente, Juan Guaidó, un punto en el que también ha coincidido gran parte de la comunidad internacional que respalda a la oposición.

Maduro Guerra no ha estado tan vinculado a la burocracia chavista, pero en 2013 su padre creó un cargo para él. Tenía 23 años y era el jefe del Cuerpo de Inspectores de la Presidencia, una posición que tenía como objetivo multiplicar los ojos de supervisión sobre la gestión. En 2014 lo nombraron coordinador de una nueva Escuela Nacional de Cine, aunque su formación es de economista en la Universidad Experimental de la Fuerza Armada. En 2017 resultó electo delegado en las cuestionadas elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, con las que Maduro se aseguró un Parlamento paralelo afín y que contribuyeron al descalabro institucional que vive el país. Sigue haciendo rondas por el país y pasando revista con ministros o jefes militares.

Su principal trabajo político lo hizo en la juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela. En una historia de julio de 2019 que fijó en su Instagram aparece dentro de un minibus recorriendo las calles de Pyongyang con compañeros del partido. Van en modo juerga, cantando un merengue clásico de la agrupación venezolana Los Melódicos. El paseo fue parte de un viaje en el que tuvo una recepción de dignatario y participó en actos de masas liderados por Kim Jong-un, lo que constituyó un acercamiento clave para el estrechamiento de relaciones que han tenido ambas naciones los últimos meses. Corea del Norte se ha sumado al reducido, pero no menos poderoso, clan de aliados internacionales de Maduro.

El viaje a Asia ocurrió días después de que Estados Unidos lo sancionara, como ya había ocurrido con el padre. El Departamento del Tesoro lo acusa de aprovechamiento de las minas de oro del país y de participar en actividades de censura y propaganda del régimen. “Maduro confía en su hijo Nicolasito y otros cercanos a su régimen autoritario para mantener un dominio absoluto sobre la economía y reprimir al pueblo de Venezuela”, dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, en un comunicado.

Hace un mes inició un programa semanal en Instagram, retransmitido por la televisión del Estado. En clave millennial, en Maduro Guerra Live ha entrevistado a la jerarquía chavista, incluido el poderoso ministro de Petróleo, Tareck El Aissami. La quinta emisión que iba a emitirse el pasado martes fue suspendida “por ajustes del formato”. Pero el lanzamiento ocurre en el momento en que Maduro enfila aceleradamente hacia unas elecciones a su medida para renovar al Parlamento y sacar definitivamente a la oposición, por lo que ha empezado a buscar candidatos a diputados. Aunque no se ha dicho oficialmente, hay quienes aseguran que Nicolasito será una de las fichas por las que apostará el PSUV para los comicios de diciembre.

Fuente: El País