Buenos Aires, 19 de abril.- El 19 de abril de 2005 Juan Pablo II, el que sea probablemente el Papa más adorado, ya tenía sustituto: un sacerdote alemán, Joseph Ratzinger, se convertía en Benedicto XVI.
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Benedicto cumple 5 años al frente de la Iglesia, con nuevas denuncias
El 19 de abril de 2005 en la plaza de San Pedro se escuchó la famosa frase que anuncia el nombramiento de un nuevo Papa: "Anuntio vobis gaudium magnun: ¡Habemus Papam!".
Sus declaraciones desataron una avalancha de protestas en el mundo musulmán que obligaron al Papa a marcar Turquía como su primer destino en un intento por calmar las relaciones de la religión católica con la musulmana. Tal vez el pecado del principiante, sólo llevaba un año de papado, o su poca maestría para dirigirse con las masas, provocó una crisis que logró cicatrizarse tres meses después en Turquía.
Pero si Ratzinger pensaba que las aguas volverían después a su cauce se equivocó. En febrero de 2009 las palabras del obispo lefebvriano Williamson negando el Holocausto marcaron otro cisma en el papado de Benedicto XVI.
El Sumo Pontífice se volvió a equivocar. Levantó la ex comunión a cuatro obispos consagrados por el fallecido arzobispo cismático Marcel Lefebvre entre los que se encontraba Williamson, y aunque le exigió que pidiera disculpas a la comunidad judía, no fue hasta meses después cuando el Papa asumió sus ’pecados’ y reconoció "fallos" en el tratamiento de esta crisis.
La figura del Papa que sustituyó a Juan Pablo II, el Papa Magno al que la gente quiso hacer santo súbito en el mismo momento de su muerte, siempre estuvo rodeada de polémica. Se le criticaron casi todas las decisiones que tomó. Desde volver a dar las misas en latín hasta su falta de ’feeling’ con los creyentes.
Es cierto que Joseph Ratzinger no lo tuvo fácil en este lustro, pero también es cierto que en muchas ocasiones fue él mismo quién provocó su persecución. Como en 2009 en su visita a África, cuando sin pestañear afirmó en el país con la tasa más alta de mortalidad por sida, que el VIH "no se combate sólo con dinero, ni con la distribución de preservativos, que, al contrario, aumentan el problema". En un mundo donde el sida acaba con millones de personas, las palabras del Papa fueron la sal sobre la herida.
Pero, sin duda, el mayor golpe a Ratzinger durante estos cinco años fue la pederastia cada vez más presente entre su rebaño de ministros de la fe. Pese a que antes de 2002 ya había denuncias que salpicaban la Santa Sede, fue con el pontificado de Benedicto XVI con el que las salpicaduras se convirtieron en manchas negras cada vez más grandes.
Sin embargo, no fue hasta el último viaje del Papa, realizado a Malta, cuando Benedicto XVI se encontró cara a cara con el dolor y el trauma de las víctimas. Una visión que le hizo rectificar su postura inicial de persecución a la Iglesia y a su figura, y transformarla en una postura de dureza con la que ya aseguró habrá justicia.