A contrarreloj para dar señales inequívocas antes de la apertura de los mercados, lo gobiernos de Francia, Bélgica y Luxemburgo acordaron ayer un paquete de rescate para el Banco Dexia, antes de la reunión del directorio para decidir el desmantelamiento del primer financista en caer a causa de la crisis de deuda de la zona euro.
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Europa sale a rescatar al Banco Dexia
Además, el presidente francés, Nicolás Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, prometieron apoyar la recapitalización de la banca europea y otra serie de medidas para dar “una solución duradera a la crisis antes de fin de mes”.
Según el acuerdo político para salvar al Dexia, se prevé dividir al gigante francobelga en tres y crear un ‘banco malo’.
Esto es, que el Estado belga comprará Dexia Banca Bélgica por 4.000 millones, mientras que el francés adquirirá la filial francesa Dexia Municipal Agency (DMA) para atender la financiación de las entidades locales.
El pacto incluye además la creación de un banco residual, también conocido como ‘banco malo’ que asumirá los activos dañados y la venta del negocio luxemburgués a un inversor internacional, el cual, según medios locales, sería el fondo soberano de Catar y pagaría 900 millones de euros por la filial sin sus activos tóxicos.
El banco se vio obligado a pedir ayuda gubernamental esta semana luego de que una restricción de liquidez afectara al prestamista y rebajara el precio de sus acciones en un 42% la semana pasada.
El rescate es un tema polémico dado que Bélgica y Francia combaten con sus ya abultados déficits.
Bélgica tenía una proporción de deuda sobre el PBI de un 96,2% el año pasado, superada sólo por Grecia e Italia y entre los grandes de la zona euro, a la par de la rescatada Irlanda.
Las negociaciones para desmantelar a Dexia, que posee una exposición global a riesgos crediticios de 700.000 millones de dólares, más del doble del tamaño del PIB de Grecia, son seguidas atentamente en busca de indicios de que Europa podría tomar acciones decisivas para resolver la crisis bancaria.
Dexia, que utilizó un fondo a corto plazo para financiar préstamos a largo plazo, sufrió problemas de liquidez con el empeoramiento de la crisis de deuda de la Eurozona, algo que se exacerbó por la gran exposición del banco para con Grecia.