Buenos Aires, 11 de julio.- Cinco meses y medio después de la llegada al poder en Grecia del partido izquierdista Syriza, Europa y Atenas –tras un corralito, presiones de Washington y Beijing y el primer impago de un país desarrollado al FMI–, están a punto de sellar un acuerdo para mantener la economía helena a flote y al país en la Eurozona.
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Para zafar, Grecia tomó por el camino del ajuste
Atenas cedió a las demandas y es por eso que habrá 74 mil millones de euros de salvataje en un plan a tres años. El primer ministro reconoció que no es lo que quería la gente.
El viernes hubo buenas palabras para Atenas. París, Roma y la socialdemocracia alemana aplaudieron el plan, así como Washington.
Tsipras reconoció que el acuerdo es “difícil” y que no cumple con todas sus promesas electorales. Admitió haber cometido “errores”, pero dijo que había hecho “todo lo humanamente posible”. Más allá de los tecnicismos –y aunque el rescate rebaja los objetivos fiscales con respecto a los anteriores– el éxito o el fracaso de Tsipras se medirán si consigue una reestructuración de deuda a medio plazo o sólo una vaga promesa sin contenido.
Atenas volvió a vivir el viernes manifestaciones contra la austeridad y contra el plan de ajuste. Pero Tsipras se refuerza. Un sondeo de la Universidad griega de Macedonia, tras diez días de corralito, daba mayoría absoluta a Tsipras en caso de legislativas anticipadas y que el 60,5% de los griegos quiere quedarse en el euro pese al ajuste.
Este sábado se reúnen los ministros de Finanzas de la Eurozona. Es el foro donde más países intentarán poner a Grecia fuera del euro. Además, su recomendación ya vendría dictada por los jefes de gobierno, por lo que si tumbaran el plan griego, la cumbre del domingo estaría dedicada a preparar la expulsión de Grecia. Fuentes europeas confirmaron a Clarín que los ministros tendrán sobre la mesa un estudio sobre la sostenibilidad de la deuda helena.
Berlín y los países más cercanos a sus tesis aún desconfían del gobierno griego. En las instituciones europeas, deseosas de poner fin a meses de crisis, hay ganas de cerrar ya el acuerdo, pero podría haber problemas si el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble decide que es su última oportunidad para expulsar a Grecia del euro.
Schäuble podría arrastrar consigo a países como Eslovaquia, Finlandia y las tres repúblicas bálticas. En 2012, cuando se aprobó el segundo rescate, ya lo intentó. Entonces Angela Merkel lo frenó. Ahora el ministro podría pasar la papa caliente a la canciller, que debería dar el visto bueno el domingo.