Egipto, 18 de diciembre.- "Los vamos a matar, están muertos". No están escogidas al azar estas palabras pronunciadas por algunos de los militares que desalojaron este sábado a los manifestantes de Tahrir y prendieron fuego a las tiendas donde acampaban, antes de perseguirles con palos y piedras, según informó el diario El País.
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Sigue la brutal represión en Egipto
El Ministerio de Sanidad informó que diez personas murieron y más de 300 resultaron heridas en la plaza Tahrir de El Cairo. "Los vamos a matar, están muertos", gritaban los policías según los manifestantes.
La Junta militar, a través de un comunicado, manifestó su "desolación" por los disturbios y anunció que indemnizará a las familias de los fallecidos. Este es su segundo manifiesto desde el inicio de los disturbios, después de que en la noche del viernes la Junta se exculpara de cualquier responsabilidad señalando que "los elementos que prestan seguridad se han contenido lo máximo posible". Las piedras ensangrentadas sobre el puente de Qasr el Nil que da acceso a Tahrir, sobre el Nilo, daban prueba de esa "contención", al igual que los testimonios de los informadores a los que les fueron confiscadas las cámaras o recibieron golpes o amenazas por grabar los desmanes.
Líderes políticos de todas las tendencias han condenado la violencia y exigido una investigación. Los Hermanos Musulmanes, cuyo brazo político, el partido de la libertad y la Justicia se ha hecho con casi un 40% de los votos en disputa de la primera vuelta de las legislativas, insistían ayer en que "no se ha castigado a ninguno de los militares que ordenaron y llevaron a cabo estos crímenes".
En el acceso de Tahrir desde la calle que lleva al Parlamento, los militares construyen un nuevo muro de hormigón, como el que ya levantaron en Mohamed Mahmud, la vía donde hace tres semanas se desarrollaron los enfrentamientos que dejaron 40 muertos y más de mil heridos. Una metáfora perfecta de las relaciones entre la Junta militar y el pueblo egipcio.