Con la mirada puesta en el éxodo turístico del verano y la definición de presupuestos, miles de viajeros ya proyectan cruzar la cordillera para descansar en los tradicionales balnearios del vecino país. Sin embargo, la próxima temporada estival estará marcada por un factor climático determinante: la consolidación de un fenómeno con características extraordinarias en las costas del Pacífico sur conocido como el "Súper Niño".
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El Niño para las vacaciones en Chile: cómo impactará el fenómeno La Serena, Reñaca y Viña del Mar
Este evento oceánico y atmosférico promete modificar las condiciones históricas que los turistas suelen encontrar en la Región de Valparaíso y la Región de Coquimbo.
Este evento oceánico y atmosférico promete modificar las condiciones históricas que los turistas suelen encontrar en la Región de Valparaíso y la Región de Coquimbo.
De acuerdo con los pronósticos meteorológicos especializados, el impacto comenzará a sentirse con fuerza en diciembre, mes que funcionará como una bisagra para quienes anticipen sus descansos o aprovechen los fines de semana largos. La clásica vaguada costera, que suele cubrir de neblina gris las mañanas de la costa chilena hasta pasado el mediodía, se disipará con mayor velocidad debido al incremento de la temperatura en el agua superficial. De esta manera, las tardes registrarán valores en ascenso que superarán los promedios históricos, anticipando un escenario propicio para la playa antes de las festividades.
El núcleo de los efectos de este inusual evento climático se concentrará durante enero y febrero, el período de mayor afluencia de visitantes argentinos a la costa transandina. Entre los principales cambios previstos figura una menor rigidez térmica en el mar. Mientras que la corriente fría de Humboldt suele imponer temperaturas que oscilan entre los 13 y los 15 grados en la zona central de Chile, la influencia de este ciclo elevará los registros entre un grado y medio y tres grados por encima de la media, ofreciendo una experiencia de baño notablemente más templada y agradable.
A esto se sumarán olas de calor costeras más frecuentes. En lugar de las brisas habituales que moderan las temperaturas en torno a los 22 o 24 grados en Viña del Mar y Reñaca, los termómetros registrarán picos recurrentes que rozarán los 28 y 30 grados durante gran parte del verano. En tanto, más hacia el norte, en La Serena, el ambiente ganará humedad relativa, consolidando jornadas de sol más extendidas desde las primeras horas de la mañana y reduciendo la presencia de la nubosidad típica del litoral.
Uno de los puntos que requerirá mayor atención por parte de las autoridades y de los veraneantes será la aparición de marejadas anormales. El calentamiento de las aguas del Pacífico suele intensificar los sistemas frontales de baja presión a mar abierto, lo que genera episodios de fuerte oleaje en las rompientes de Reñaca y en el sector de la Avenida del Mar, obligando a un monitoreo riguroso sobre la habilitación para el baño y las actividades náuticas.
Ante este panorama, los especialistas aconsejan a quienes planean viajar que mantengan un seguimiento constante del estado de los pasos fronterizos, especialmente del Sistema Cristo Redentor y del Paso de Agua Negra, ya que las perturbaciones asociadas a este fenómeno pueden desencadenar tormentas o interrupciones repentinas en alta montaña. Asimismo, la mayor radiación ultravioleta derivada de la menor nubosidad exigirá el uso riguroso de protectores solares de alto espectro y la estricta observancia de la señalización de seguridad en todas las playas de la costa chilena.