En una carrera a contrarreloj contra los fenómenos meteorológicos extremos, la NASA dio un paso clave para ajustar las predicciones climáticas en todo el planeta. A través de la misión conjunta Sentinel-6, dos satélites que vuelan separados por apenas 30 segundos de diferencia comenzaron a rastrear el comportamiento del océano Pacífico para anticipar la llegada y evolución de huracanes bajo el impacto del fenómeno de El Niño.
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La NASA usará gemelos satelitales para prever el impacto de "El Niño" y los huracanes
Con un margen de apenas 30 segundos entre dos satélites en órbita, la agencia espacial estadounidense y organismos europeos buscan predecir la intensificación repentina de las tormentas tropicales.
La iniciativa, desarrollada junto a la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NOAA de Estados Unidos, utiliza tecnología de altimetría por radar de alta precisión para detectar cambios en la temperatura y la altura de la superficie marina, indicadores clave para saber cuánta energía acumulan las tormentas tropicales antes de impactar en las costas.
Un fenómeno tardío pero de gran magnitud
Según explicaron desde el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, el actual evento de El Niño tuvo un desarrollo tardío iniciado a mediados de año, pero su intensidad ya muestra proyecciones equiparables a los eventos históricos de 1997 y 2015.
Durante este fenómeno, los vientos ecuatoriales pierden fuerza y la franja de aguas cálidas del Pacífico se desplaza hacia el este, acercándose a las costas sudamericanas. Este cambio altera de forma directa el mapa térmico del océano y genera un "combustible" extra para las tormentas.
"Ganar tiempo": la clave para las alertas de emergencia
Uno de los mayores desafíos en el pronóstico meteorológico es la intensificación rápida: un sistema tropical puede tardar días en formarse, pero pasar de tormenta moderada a huracán devastador en las últimas 48 horas previas al choque con tierra.
Con la incorporación de los datos de baja latencia del satélite Sentinel-6B, los algoritmos de la NOAA permitirán medir el contenido de calor oceánico con una precisión inédita. Esta información resulta vital para que las agencias de protección civil y los gobiernos locales dispongan de mayor margen para ordenar evacuaciones y desplegar recursos de emergencia ante situaciones extremas.
Continualidad en el registro histórico
Más allá del monitoreo inmediato de tormentas, la misión espacial permite dar continuidad a un registro histórico del nivel del mar que comenzó en 1992 con el programa TOPEX/Poseidon. Medir el océano con consistencia y bajo los mismos parámetros no solo ayuda a anticipar la fuerza de los huracanes, sino también a mapear las consecuencias del cambio climático a largo plazo en todo el globo.