Saqueos, enfrentamientos con la policía y comercios arrasados dominan las calles de varias ciudades de Francia y recuerdan a las escenas de la crisis argentina de 2001. Ante la escalada, las autoridades decretaron el toque de queda en París y otras ciudades. El estallido sacude al presidente Emmanuel Macron en un momento delicado: faltan seis meses para las elecciones generales de abril de 2027, en las que la ultraderecha de Marine Le Pen aparece como gran favorita.
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Saqueos, toques de queda y protestas: el origen de la ola de disturbios en Francia
La crisis social, que empezó con reclamos estudiantiles y se alimentó del costo de vida, golpea al gobierno de Macron a seis meses de las elecciones.
Del reclamo estudiantil al malestar generalizado
Todo empezó con estudiantes que salieron a exigir mejoras educativas. Pero el reclamo se multiplicó rápidamente: a la demanda de estudiantes y docentes se sumaron la crisis del Estado de bienestar, el aumento del precio de los combustibles y la queja de los granjeros, que rechazan el acuerdo entre la UE y el Mercosur.
Por ahora, la protesta no tiene un líder visible. Macron apuntó contra la izquierda radical de La Francia Insumisa, encabezada por Jean-Luc Mélenchon, pero el fenómeno parece ir más allá e involucra a distintos sectores, en particular a jóvenes marginados, en su mayoría franceses hijos de inmigrantes. Le Pen, por su parte, responsabiliza a la inmigración por la violencia.
“Fracturas en la sociedad”
El analista internacional Mauro Enbe explicó a TN que Francia tiene una larga tradición de rupturas, desde la Revolución francesa hasta el Mayo del 68 y los chalecos amarillos. Según dijo, los reclamos suelen sumarse hasta convertirse en demandas generales, y las revueltas francesas rara vez se quedan dentro de sus fronteras.
Para Enbe, se trata de una crisis muy grave del sistema francés, que expone fracturas sociales que van más allá de la política. Observó que los manifestantes no piden llevar sus reclamos a la Asamblea Nacional, sino que sostienen que el sistema funciona mal. También advirtió que difícilmente el movimiento estudiantil termine liderando el proceso, y planteó la incógnita de si algún actor político logrará encauzar las movilizaciones o si estas definirán por sí solas un rumbo incierto.
Una protesta que cruza fronteras
El fuego no empezó en Francia. Primero fueron las protestas por la crisis de vivienda en España y Portugal, alimentadas en el caso español por la muerte de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, tras un desalojo que conmocionó al país. Después salieron a las calles los estudiantes franceses, y hoy las marchas contra el costo de vida están fuera de control.
El contagio ya alcanzó a Italia, donde Milán sufrió saqueos y choques con la policía durante el fin de semana, con protestas también en Turín y Bolonia. El vicepresidente Matteo Salvini anunció el envío de 500 militares más para custodiar la ciudad, en un operativo que el gobierno de Giorgia Meloni planea reforzar. En Albania, uno de los países más pobres del continente, manifestantes incendiaron el Tribunal de Apelación de Tirana en el séptimo día consecutivo de protestas estudiantiles. Y en Bélgica, unas 200 personas fueron detenidas durante las manifestaciones contra los recortes en educación, el gobierno federal, la policía y el avance de la extrema derecha.
Enbe describió un sistema “atado con alambres” desde hace años, y señaló que la juventud alza la voz pero no propone una alternativa al Estado de bienestar: por ahora, solo critica lo que ocurre. Mientras tanto, la mecha sigue encendida y el temor es que el fuego se propague por toda la Unión Europea.