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Ucrania

Ucrania enfrenta una nueva escalada de ataques rusos y Kiev vuelve a vivir bajo amenaza

EL ataque a gran escala, a finales de agosto, de los drones Shahed propulsados por reactores desató un nuevo nivel de miedo y devastación para los ucranianos

Por Redacción Diario de Cuyo 19 de septiembre de 2026 - 14:10

La guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa una nueva etapa marcada por la intensificación de los ataques de largo alcance y el uso cada vez más extendido de drones. En Kiev, las sirenas, las alertas de los teléfonos y las explosiones volvieron a formar parte de la vida cotidiana, mientras crece la preocupación por el impacto que los ataques pueden tener durante el próximo invierno.

Según un informe de The Economist citado en el material, la llegada a gran escala de drones Shahed con motores a reacción desde finales de agosto, sumada al incremento de los ataques con misiles, elevó el nivel de amenaza sobre la capital y otras ciudades ucranianas. La mayor capacidad rusa para atacar a distancia se combina con una escasez de interceptores ucranianos, lo que dificulta la defensa aérea.

La nueva fase del conflicto también está modificando la distancia entre el frente de batalla y las ciudades. Los drones permiten atacar objetivos ubicados cada vez más lejos de las líneas de combate y ponen bajo presión a estaciones ferroviarias, centros logísticos, gasolineras, empresas e infraestructura energética.

Una guerra cada vez más dominada por los drones

En el frente, la utilización de drones modificó las condiciones de combate. La llamada “zona de muerte”, una franja de territorio disputado que puede extenderse entre 40 y 80 kilómetros, se convirtió en un espacio donde cualquier movimiento puede ser detectado y atacado desde el aire.

Rusia y Ucrania utilizan drones de reconocimiento, aparatos FPV y vehículos robóticos para transportar suministros, mientras intentan también cortar las líneas logísticas del adversario. El desarrollo tecnológico hizo que la distinción entre el frente y la retaguardia sea cada vez menos clara.

Ucrania, por su parte, utiliza unidades especializadas para atacar objetivos ubicados en territorio controlado por Rusia. Entre ellas se encuentra Nemesis, cuyos operadores emplean drones de largo alcance para buscar objetivos militares y logísticos.

Uno de los principales desafíos es la creciente capacidad rusa para utilizar drones como parte de redes de ataque. Según el informe, Rusia también está desarrollando sistemas de interferencia y una constelación satelital propia, mientras utiliza drones de largo alcance como repetidores para ampliar el alcance de otros aparatos.

Rusia aumenta su capacidad de ataque

Uno de los mayores problemas para Ucrania es el reemplazo de los antiguos Shahed propulsados por hélices por modelos con motores a reacción, que son más rápidos y pueden volar a mayor altura.

Las defensas terrestres ucranianas tienen dificultades para enfrentar este tipo de objetivos y los aviones de combate disponibles tampoco resultan suficientes para cubrir todas las necesidades. A esto se suma la escasez de misiles interceptores, particularmente para los sistemas Patriot.

El informe señala además que Rusia está incrementando la producción de misiles balísticos y que podría lanzar más de un centenar de misiles de distintos tipos por mes. Ucrania intenta desarrollar sistemas propios de defensa, pero se trata de proyectos que demandarían tiempo y grandes recursos.

Para el próximo invierno, esta diferencia tecnológica y de capacidad de producción aparece como uno de los principales desafíos para Kiev.

El impacto también alcanza a la economía

La intensificación de los ataques no solo afecta a la población y a las fuerzas militares. La economía ucraniana también está sufriendo un fuerte impacto, con daños en industrias, comercios, transporte y almacenamiento.

Grandes plantas siderúrgicas ubicadas en ciudades como Kryvyi Rih y Zaporizhzhia redujeron su actividad. Según los datos citados por The Economist, la producción de acero en agosto fue un 60% inferior a la del mismo mes del año anterior.

El transporte ferroviario también está bajo presión. Los ataques contra trenes e infraestructura provocaron daños en más de 250 locomotoras durante este año, aunque las reparaciones permitieron mantener en funcionamiento buena parte de la red.

Otro punto crítico es el sector agrícola. Los ataques sobre los puertos de Odesa dificultaron las exportaciones y pusieron bajo presión a una actividad fundamental para la economía ucraniana. El riesgo de acumulación de granos y la caída de los precios internos podrían incluso afectar las decisiones de siembra para la próxima campaña.

La diplomacia sigue sin despejar el panorama

En paralelo a la escalada militar, continúan los contactos diplomáticos. En las últimas semanas, enviados de Donald Trump, entre ellos Steve Witkoff y Jared Kushner, mantuvieron contactos con autoridades ucranianas después de sus conversaciones en Moscú.

Según el informe citado, existen posibilidades de que se discuta un acuerdo técnico limitado y eventualmente conversaciones entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania. Sin embargo, el panorama para un alto el fuego amplio continúa siendo incierto.

Mientras tanto, Ucrania busca sostener sus posiciones y desarrollar nuevas tecnologías para compensar las limitaciones de sus defensas aéreas. La evolución de la guerra dependerá cada vez más de la capacidad de ambos países para producir drones, misiles, sistemas de defensa e infraestructura tecnológica, en un conflicto donde el campo de batalla se extiende mucho más allá de las trincheras.

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