Un margen de tiempo tan diminuto como un milisegundo fue suficiente para desatar el caos y paralizar durante horas parte del tráfico aéreo en el Reino Unido, provocando la cancelación de más de 2.000 vuelos y afectando a cientos de miles de pasajeros.
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Un error paralizó el tráfico aéreo en el Reino Unido y canceló más de 2.000 vuelos
Una investigación preliminar reveló detalles insólitos sobre el colapso que afectó a la aviación británica. Una falla de software en una ventana de tiempo imperceptible dejó a cientos de miles de pasajeros varados en los principales aeropuertos.
Aunque el episodio ocurrió el pasado 8 de septiembre, recién ahora una investigación preliminar permitió establecer con precisión qué fue lo que desencadenó semejante problema técnico, según el informe difundido por NATS, la compañía encargada de gestionar el tránsito aéreo británico.
La secuencia del colapso
La falla afectó de lleno al National Airspace System (NAS), un sistema informático clave que procesa la información de los vuelos y asigna los códigos indispensables para que los controladores aéreos puedan identificar a cada avión en los radares.
De acuerdo con el documento oficial, la secuencia que desató el colapso fue extraordinariamente breve:
Mientras el software procesaba una solicitud para asignar uno de los códigos de vuelo, recibió de manera simultánea otro pedido con mayor nivel de prioridad.
El primer proceso quedó momentáneamente en pausa.
Al intentar retomarlo, un defecto en el programa provocó que los datos quedaran completamente trastocados.
La investigación determinó que todo ocurrió en una ventana de apenas un milisegundo. Si el segundo pedido hubiese llegado un milisegundo antes —o un milisegundo después—, el procedimiento operativo se habría ejecutado con total normalidad.
Controladores a ciegas y vuelos restringidos
Como consecuencia directa del fallo, el sistema del centro de control de Londres perdió su conexión con la plataforma nacional durante unos 45 segundos. Si bien al principio pareció reestablecerse por sus propios medios, horas más tarde las interrupciones comenzaron a repetirse de forma sistemática.
A medida que el problema se agravaba, los controladores aéreos perdieron el acceso a funciones automáticas esenciales, lo que los obligó a realizar tareas críticas de manera manual. Para priorizar la seguridad operacional, NATS tomó la drástica decisión de restringir de forma drástica el número de aeronaves que podían circular por el espacio aéreo británico.
Los técnicos debieron reiniciar por completo el sistema y recargar de forma manual toda la información de los vuelos en curso. La interrupción total de la plataforma se extendió por seis horas, aunque las demoras y el efecto dominó en las operaciones continuaron durante toda la jornada.
Aeropuertos colapsados
El impacto del apagón informático alcanzó a algunas de las terminales aéreas más importantes del país europeo, dejando imágenes de caos, largas filas y pasajeros varados. Entre los aeropuertos más afectados se destacaron:
Heathrow (Londres)
Gatwick (Londres)
Luton (Londres)
Glasgow (Escocia)
El episodio volvió a encender las alarmas a nivel internacional sobre la extrema vulnerabilidad de las infraestructuras tecnológicas críticas ante fallas milimétricas en los sistemas automatizados.