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Aprender a superar los fracasos

Por Víctor Corcoba Herrero 2 de febrero de 2020 - 00:00
Hay que reducir la sobrepesca (fracaso humano) en varios lugares del planeta, para recuperar la biodiversidad en la hidrosfera (nueva tarea del hombre).

Lo importante es que no perdamos la ilusión también por aprender de los fracasos, de su experiencia, pues tan esencial como celebrar los éxitos es reflexionar sobre nuestras torpezas. Por tanto, no hay que encubrir las decepciones, sino instruirse para superarlas. En esta vida todo es posible y no hay que tener pánico a venirse abajo. Quizás lo primordial sea interrogarse para poder corregir las diversas situaciones.

Las dificultades no deben asustarnos jamás. Al contrario, deben impulsarnos hacia los demás, abriendo otro espíritu más fraterno y solidario. Lo trascendente es siempre caminar unidos, no abatirse por nada. La esperanza constantemente ilumina nuestras caídas, por mucho que la amargura nos desplome en algún momento. Rectificar nuestras torpezas, que las tenemos y muchas, continuamente nos activan el ánimo. No podemos considerar un hecho normal la pérdida de vidas humanas, ante la falta de opciones para una migración segura y legal. Tampoco podemos considerar una realidad corriente que la violencia en algunos países provoque que multitud de personas necesiten apoyo y no tengan protección alguna. Detrás de todo ello, hay un fracaso de los gobiernos, tanto en la respuesta a la barbarie como a la desesperación que empujan a las personas a emprender viajes peligrosos.

Por desgracia, el modo actual de gobernar es más dominio que de servicio, más de interés partidista que de sueño colectivo, y esto sí que es un verdadero fracaso. Nadie puede regir sobre nadie si antes no sabe donarse y empequeñecerse. Desde luego, guiar el mundo no es tarea fácil, es un cometido grande y lleno de responsabilidad, que nos compromete a actuar más allá de los triunfos de los particularismos, con miradas amplias para que todos podamos hallar esa expectativa que nos pone en positivo, aminorando tensiones y enmendando errores del pasado. Es cuestión de activar programas en común. Se me ocurre pensar en uno reciente promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que ha logrado hasta este momento progresos notables, al menos para proteger la biodiversidad marina, en este caso, reduciendo la sobrepesca de atún. Desde luego, a los líderes, les corresponde fomentar un nuevo hábitat mundial, cuando menos más humano con sus análogos, a base de ideales y de concreción. Esto significa perder el recelo a tomar decisiones eficaces, al menos para responder a los problemas globales de las personas y poder resistir a los momentos de esta época de tantas frustraciones como vacilaciones.

Indudablemente, toda acción humana sería y justa nos esperanza, lo que nos exige también un esfuerzo cotidiano de emprender nuevas conquistas, encaminándonos llenos de confianza unos para con otros. El no ayudarse entre semejantes es una ruina por sí mismo. En ocasiones, también nos llama la atención, la debilidad de la reacción ante hechos que son una verdadera decadencia del espíritu humano, por ejemplo, el continuo sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas. Tantas veces olvidamos que el ser humano no puede reducirse únicamente al simple crecimiento monetario, que caemos en la inhumanidad permanente.

 

Por Víctor Corcoba Herrero
Escritor