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Revista Oh!

San Juan a pedir de boca

Por Paulina Rotman 8 de junio de 2018 - 00:00

 

Con mucho esfuerzo y dedicación, lograron instalar y hacer funcionar una auténtica aceitera boutique para extraer lo mejor de las aceitunas, uno de los productos más emblemáticos de San Juan. Sin embargo, este año quienes trabajan para engrandecer la firma Olivar de los Andes (variedad de aceites) y La Salmuera (marca de la línea de aceitunas de mesa) -ambas del Establecimiento Olivícola MAT SRL-, pudieron completar el esquema soñado con la apertura de La Salmuera, el primer restaurante temático, construido dentro de un establecimiento fabril. Y tal como esta denominación lo indica, el eventual comensal es invitado, antes de sentarse a la mesa a visitar cada rinconcito de ese espacio productivo para conocer cómo es el proceso, paso a paso.

Luego podrá elegir, según la propuesta, almorzar en la misma cava subterránea, la bóveda donde se almacenan los mejores aceites. O en el salón principal (que es cerrado y climatizado) o cuando el clima lo permite en el pintoresco jardín parquizado que permite disfrutar de un almuerzo campestre con vistas a las sierras y las plantaciones cercanas de olivos.

 

 

Según detalla Marcos Vallejos, encargado de Restaurante y Turismo del emprendimiento, el chef Javier Ortuño armó un menú acorde al lugar: todo tiene su toque de aceite de oliva desde la entrada al postre. De hecho, llevan un cuenco con diferentes variedades de aceites para catar y degustar antes de disfrutar de la comida propiamente dicha que consta de una entrada (en la que se pueden elegir empanadas sanjuaninas en horno de barro, pasteles criollos fritos en Aceite de Oliva Virgen Extra Blend Arbequina-Coratina o brusquetas pinceladas en Picual), el plato principal (carne a la llama con verduras al rescoldo o vegetales frescos de estación aromatizados con la variedad Coratina; o para los vegetarianos anquitos gratinados al horno de barro con Coratina, verduras de estación al Aceite de Oliva Virgen Extra y para los chicos hamburguesa casera a la chapa con papas fritas) y el postre que también llega con un toque de aceite: como el queso fresco y dulce de membrillo con gotitas de Changlot; la alcayota con queso, nuez y sazón de aceite variedad Picual, entre otros.

El broche de oro de la salida gastronómica es pasar por la tiendita que hay en el lugar para llevarse a casa los mismos productos que formaron parte del almuerzo.

 

 

 


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

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La casona de adobe que el primer boticario de Jáchal construyó sobre mediados del 1800 frente a la plaza principal, tenía dos opciones: que la derribaran y con ella enterraran parte de su historia, o seguir escribiendo un racconto para las nuevas generaciones, al seguir con sus puertas abiertas. Así lo decidieron los tataranietos de Adán Torres, el dueño original que aprovecharon la construcción y la convirtieron en un restaurante: El 1800, para rendir homenaje al lugar donde funcionó la farmacia del tatarabuelo pero además fue sede durante algunos años de la Escuela Normal de Jáchal.

 

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Fotos: colaboración Marta Muñóz, Guillermo Almirón, Alfredo Morales, Carla Meglioli, Eduardo Del Sacramento, Marcos Vallejo, Jorge Amaya y Prensa Ministerio de Turismo y Cultura.

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