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COPA LIBERTADORES

Boca empató 1-1 ante Cruzeiro y se jugará su clasificación a octavos de la Copa Libertadores en la última fecha

El Xeneize se adelantó con el gol de Miguel Merentiel, pero La Raposa puso tablas con el tanto de Fagner. A Merentiel le invalidaron el gol del triunfo en la segunda parte y la visita terminó con 10 futbolistas por la expulsión de Gerson.

Por Redacción Diario de Cuyo 19 de mayo de 2026 - 21:07

El agridulce empate de Boca Juniors frente a Cruzeiro en la Bombonera dejó un diagnóstico preocupante para las aspiraciones del equipo de Claudio Úbeda en la Copa Libertadores.

Más allá del dramatismo del cierre, el desarrollo del juego desnudó la realidad de un ciclo que todavía no logra consolidar un funcionamiento colectivo confiable y que paga un precio altísimo por sus baches de concentración.

El partido fue un compendio de las contradicciones que definen al conjunto xeneize en la actualidad: un arranque arrollador sustentado en la jerarquía de Leandro Paredes y la voracidad de Miguel Merentiel, seguido por una alarmante fragilidad para contener la reacción del rival en los inicios de los complementos.

Durante los primeros 45 minutos, Boca justificó la ventaja desde la tenencia y el posicionamiento alto. El tándem entre Delgado y Paredes le otorgó fluidez a la circulación, permitiendo que el juvenil Tomás Aranda encontrara entrelíneas los espacios para abastecer el frente de ataque.

El gol de Merentiel, anticipándose con una pirueta tras un tiro libre del capitán, fue el premio a un equipo que asfixió a Cruzeiro contra el arco de un Otávio descomunal. Sin embargo, la incapacidad para traducir ese dominio absoluto en una diferencia mayor en el marcador volvió a dejar al local expuesto a sus propios fantasmas, una constante que este equipo arrastra cada vez que no logra sentenciar los partidos a tiempo.

El inicio del segundo tiempo expuso la peor versión táctica de Boca, evidenciando un retroceso deficitario y una pasividad en las marcas que La Raposa no perdonó.

El empate de Fagner no solo castigó una desatención colectiva tras el desborde de Matheus Pereira, sino que demostró cómo el equipo pierde el eje cuando el rival le acelera las transiciones. Ni siquiera la superioridad numérica por la expulsión de Gerson le permitió al Xeneize recuperar la claridad.

El ingreso de Exequiel Zeballos aportó verticalidad, pero el juego se diluyó en centros y arrestos individuales. La intervención del VAR sobre la hora para anular el segundo tanto de Merentiel por una mano previa de Delgado terminó de configurar un resultado justo: a Boca no le alcanza con el peso específico de sus nombres si no logra encontrar el equilibrio estructural indispensable para pisar fuerte en el plano continental.

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