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Entrevista

Casi 25.000 km en 38 días: la antiargentinidad, Inglaterra, el trapo de Malvinas, Messi de cerca y toda la intimidad del Mundial, en el balance del enviado de DIARIO DE CUYO

Rodrigo Nacif vivió de cerca el Mundial y cuenta muchas de las cosas que le impactaron de la cobertura

Por Diego Castillo 26 de julio de 2026 - 08:42

Del Mundial 2026, con Argentina subcampeón, a esta altura quedan sentimientos encontrados y tanta polémica como expectativa por el recambio de la Selección. También quedan inmortalizados momentos que serán históricos: la remontada con Egipto, las mejores intervenciones de Messi, la victoria sobre Inglaterra, la bandera de Malvinas. A todo esto lo vivió in situ Rodrigo Nacif, el enviado especial de DIARIO DE CUYO al Mundial, quien mostró día a día, desde el corazón de los estadios y desde las calles de Kansas, Atlanta, Miami y Nueva York, cada sensación vivida en este campeonato inolvidable.

Rodrigo, periodista deportivo sanjuanino de vasta experiencia y con tres Mundiales en su haber profesional, siente que esta vez tuvo picos emotivos que lo marcaron para siempre. Y revela, ya más traquilo y a horas de haber regresado a San Juan, la intimidad de su completísima cobertura para este diario.

-Bueno, recorriste casi 25.000 km en 38 días y viste a Argentina salir subcampeón del mundo. Algo te habrá quedado, supongo.

-Es mucho. La verdad es que fue una experiencia fantástica, porque para uno que siempre soñó con lo más alto del periodismo, y creo que para el periodismo deportivo de cualquier país, pero fundamentalmente de Argentina, cubrir un Mundial es lo máximo. Como sanjuanino que llevaba el estandarte personificado en el capuchón del micrófono de DIARIO DE CUYO, fue increíble poder acercar ese micrófono y obtener las palabras de Messi, del Dibu hablando sobre la Mona Jiménez, y de un montón de jugadores estrella de la Selección.

-¿Qué te pasaba por la cabeza y por el cuerpo en esos momentos, al lado de semejantes personajes?

-¿Sabés qué? Creo que no terminás de caer dónde está el micrófono hasta que no ves bien después la foto, con el tiempo. Vos ves las caras lejos cuando los ves jugar, y estar ahí... vos pensás que estás con ellos y que no son reales, ¿viste? Tener tan cerca a Messi y ponerle el micrófono que representa a tu provincia, con todo lo que representa el micrófono de DIARIO DE CUYO, que es San Juan, es todo un flash. No sé en la historia del diario cuántas veces estuvo el capuchón del Cuyo al lado del mejor jugador del mundo. Es todo un hito. Entonces, es inevitable la emoción de estar ahí, de poder ser partícipe de que en esta Selección que tiene al mejor jugador de la historia, DIARIO DE CUYO estuvo al lado.

-Justamente en uno de esos momentos nace el meme de Messi, con la fila de periodistas esperándolo y él diciendo “Uh, no termino más”. En esa foto y ese video salís vos.

-¡Sí, me hice famoso por el meme de Messi! Me lo mandó gente que no me escribe nunca, por redes sociales, gente que no conozco. Me mandaron ese video de 40 ángulos distintos, jajaja, porque justo Messi hace así. Estamos todos atrás esperándolo y él dice esa frase que se hizo viral, porque después esa frase se usó para todo. Son las cosas que tiene el Mundial: cualquier cosa que pasa explota. Y estar ahí ya es un privilegio.

-¿Cómo se vivía el lado B afuera de los estadios? Los banderazos, el contacto con los hinchas, las notas a los locos lindos disfrazados que habían hecho miles de kilómetros para ver a Argentina.

-Es muy emotivo ver a la gente movilizarse. Es muy emotivo porque estás tan lejos y ves tanta emoción. Y mucha gente que no vive en Argentina hace años. Mucha gente que entrevistamos que vive desde el 2000 en Estados Unidos. Ves que esa gente lloraba y es como que te moviliza a vos también. Te pone en situación de decir: "Che, estoy con esta gente que está toda movilizada por lo que vivió en Argentina hace 20 años. Yo estoy acá". Hablar con la gente, ver el lado de la gente del Mundial, y a la par ver a los jugadores de cerca, es el combo completo, ¿viste?

-Como que cada uno tiene su propia experiencia de lejanía, o de desarraigo, y ahí se juntan todas las historias.

-Sí, sí, y uno termina siendo parte del otro. Porque lo que vemos de los jugadores que se emocionan, lo de Messi llorar, lo de Scaloni emocionarse en la conferencia, todo eso es también parte de lo que le pasa a la gente. Flacos llorando porque empezaban a cantar y se sentían cerca de Argentina. Por lo menos los días de los banderazos. Capaz que después ni iban a la cancha. Pero ver el movimiento popular argentino en Estados Unidos movilizaba a esa gente. Y hacer esas notas, estar cerca de la gente, ver la emoción de tipos que se habían ido hace 20 años de Argentina, llorar y tener el acento argentino en Estados Unidos después de 20 años, te toca la fibra.

-¿Te sentías más argentino en medio de esa aura?

-Sí, y más sanjuanino también. ¿Vos sabés que me hacían burla mis compañeros de ruta? Éramos 5 periodistas argentinos que nos seguimos todo el Mundial. Terminamos siendo como familia. O sea, tomamos mate juntos, viajamos juntos, pagábamos las cosas juntos, soñábamos casi lo mismo, porque los lugares donde vivíamos no eran tan grandes. Y nos emocionábamos juntos. Y bueno, en el medio de todo, a mí me cargaban por sanjuanino, por la "rr", el "niiiiiiño".

-Cuando veías los partidos en los estadios, ¿podías separar tu mirada de periodista de tu mirada de hincha argentino sufriendo?

-No, para nada. Yo creo que acá el hincha y el periodista se potencian. Y creo que está bueno para la cobertura que el hincha y el periodista se mezclen un poco. Obviamente manteniendo la cordura en los partidos. Pero cada gol argentino lo gritábamos y nos abrazábamos. De hecho, perdí una camiseta argentina en el 2-1 con Inglaterra. Yo tenía la titular y la suplente, las dos. Y contra Inglaterra nos abrazamos. Yo tenía la camiseta colgada en el cuello y voló. Vaya a saber dónde quedó.

-¿Cómo era tu día a día en la cobertura?

-Coincidíamos nosotros en almorzar por ahí, si nos daban los tiempos, porque dependíamos de los horarios de entrenamiento, de conferencias de prensa, de banderazos, sobre todo los días previos. Pero en Dallas teníamos un centro de prensa que había puesto el local, donde almorzábamos gratis todos los periodistas. Había un servicio de lunch toda la semana. Estuvimos 10 días en Dallas. Fuimos a comer 6. Así que por ahí teníamos una rutina. Y si no, donde nos pillara la hora de comer.

-¿Muy caro comer, moverse por allá?

-Depende. Si comías algo a la pasada, no tan sofisticado, 10, 12 dólares. Una porción de pizza entre 2 con alguna bebida, por ejemplo. Ahora, si te sentabas a comer en un restaurante, te gastabas entre plato, más los impuestos y propina, más de 40 dólares por persona.

-Mientras te movías entre la gente, durante los casi 40 días de Mundial, ¿notaste en la calle, en los restaurantes, en los lugares públicos, toda esta nueva ola de antiargentinidad que se intenta instalar?

-No, al contrario. Nadie, nadie nos trató mal. Al contrario, a los argentinos nos quieren mucho, lo de la antiargentinidad es algo de las redes y algunos periodistas. Yo hablé mucho con gente de México. De hecho, la gente que nos recibió de México, gente que nos cruzábamos de todos lados, inclusive los periodistas, nos demostraba su cariño todo el tiempo. Creo que lo negativo que salió después es algo que se quiso instalar desde algún lado. Arrancaron con eso de que habíamos "comprado el Mundial". ¡No tenemos para pagar la deuda y vamos a comprar el Mundial! Pero en fin. Digo, hay un sector de la prensa mundial que quiere instalar que el argentino es canchero, que es ventajista. Creo que es el folclore de esto. El argentino te saca la ventaja jugando al fútbol. Porque ganó el Mundial de Qatar jugando al fútbol y llegó a la final en EEUU jugando al fútbol. Y después, bueno, tocó España, y le sobró para ganarle a Argentina.

-¿Qué pensás acerca de las teorías conspirativas sobre la final perdida por Argentina?

-Pensar que hubo una conspiración y que Argentina entregó el Mundial es pensar que Messi les dijo a los jugadores en el estadio "no salgamos a ganar, perdamos". Pensar eso es una locura y una falta de respeto.

-¿Cómo viviste la final en Nueva York?

-No entendía por qué estábamos jugando tan mal, por qué Argentina no pateaba al arco. Nos llamaba la atención. Futbolísticamente, si hay que hacer un análisis, le costó mucho el partido porque lo presionaron bien, lo marcaron bien. Y lo poco que tuvo la pelota no tuvo lugar para entrar. Y después no tuvo la pelota. O sea, en el momento que tenía la pelota era intrascendente, la perdía rápido.

-Sumemos las lesiones argentinas, ¿no?

-Messi, con 39 años, jugando a las 3 de la tarde con lo que vieron todos: un sol que pegaba en toda la cancha, y eso se siente. De Paul, Molina, Montiel, Tagliafico, son jugadores grandes que sienten esto. Julián Álvarez, que venía arrastrando lesiones. Digo, no hay que buscar en otro lado. Y ver una final... ese análisis lo hacés, pero te metés tan en ese análisis en el partido que te abstraés de dónde estás. Y hasta en cierto punto mirás para arriba y decís: "Che, mirá dónde estoy". Porque te aislás tanto en decir "a ver cómo está el partido", analizás, y te olvidás de dónde estás. Muchas veces me pasaba. Yo les decía a los chicos: "No se acostumbren".

-Era algo irrepetible…

-Claro. Me gustaba decirles: "No se acostumbren a dónde están. Miren dónde están. No se acostumbren". Porque la vorágine de estar laburando te hace olvidarte dónde estás. Te olvidás que estás en el Mundial. Te olvidás que son 30, 40 días únicos que no se te van a repetir. Y que no sabés cuándo vas a volver a un Mundial.

-En la nueva etapa que se viene, ¿Scaloni tiene que seguir siendo el DT de Argentina?

-Scaloni debe seguir, aunque el gran desafío será el recambio sin Messi, porque nadie puede asumir ese peso. Y Messi liberaba el juego incluso sin gambetear. No creo que Messi llegue a la próxima Copa América. El desgaste es mucho y no lo veo aceptando un rol secundario. Messi merecía el Balón de Oro del Mundial, pero rara vez se lo dan al que pierde la final.

-¿Qué pesa más, la alegría de haber disfrutado a Messi en todo su esplendor hasta en su cierre, o la tristeza de que seguramente ya no estará más en la Selección?

-Y, son dos sensaciones muy ambiguas. Creo que es mayor la alegría de haberlo disfrutado. Y en mi caso particular, de haberlo disfrutado de cerca, porque estuve en Rusia, estuve en Qatar, estuve en EEUU, muy cerca en este Mundial como enviado de DIARIO DE CUYO. Para mí es un orgullo tremendo, porque salir de San Juan con todo lo que eso significa, y llegar a cubrir las finales de dos Mundiales y verlo a Messi campeón y después subcampeón, eso me lo llevo para siempre.

-¿Qué significa esa experiencia para vos?

-Messi nos enseñó una lección: que por más que seas campeón del mundo, cuando te vaya mal nunca lo tenés que dejar de intentar. Messi renunció a la Selección y después volvió. Entonces, creo que está bueno lo que se dio. Porque a Messi lo putearon hasta el 2016, renunció. Los que lo querían pidieron que vuelva. Vuelve, el tipo ganó todo y cerró la boca de todos los que lo puteaban. Y ahora los que lo amaban en ese momento y los que lo puteaban lo van a llorar cuando se retire. Entonces, es toda una enseñanza no solo en el fútbol, sino en la vida.

-De todos los partidos, ¿cuál fue para vos el más intenso? ¿Con el que más gritaste, con el que más lloraste, con el que más sufriste?

-Mmmm... qué difícil. Creo que el de Egipto y el de Inglaterra fueron los dos más emotivos. Con el de Egipto ya estábamos todos mirando a ver cuándo era la vuelta del pasaje y cómo nos convenía, cómo era el viaje. Porque quedaban 15 minutos e hizo el segundo gol Egipto y nos veníamos. Era cambiar pasaje, ver la logística. Fueron 2 minutos que se nos pasó eso por la cabeza y empatamos el partido, para terminar ganando. Pero yo con Egipto pensé que nos volvíamos.

-¿Y con Inglaterra?

-Con Inglaterra fue distinto, porque perdíamos, pero veíamos al equipo ir adelante. Y nos miramos y decíamos: "Ya viene, ya viene". Y pegó en un palo, pegó en el otro, la sacó el arquero. Y hasta acá llegamos. Claro. Entonces, fueron sensaciones raras hasta que entró. Y el gol de Enzo Fernández, en el del empate con Inglaterra, creo que fue, junto con el 2 a 2 de Messi con Egipto, de los más gritados. El gol que empata muchas veces se grita más que el que gana, porque es como que te da vida. O sea, si no venía el gol de Enzo Fernández, nos íbamos del Mundial.

-Además estaba ese morbo particular con Inglaterra como rival. ¿Allá en el estadio se percibía eso?

-Muchísimo. No era "sólo un partido de fútbol". Para nosotros no termina siendo solo fútbol, por la historia. Porque allá estaba el estadio lleno de ingleses. Ganarles a los ingleses no es solamente fútbol. Hay más. Para nosotros no era lo mismo ganar la semifinal a Inglaterra que ganársela a Noruega.

-¿Qué pensaste cuando viste el trapo de Malvinas en la cancha?

-A ver… no se puede hacer porque la FIFA lo prohíbe… pero fue genuino, y a mí me encantó. Sí. Yo estaba justo del lado de ese arco cuando pusieron esa bandera ahí, así que veía todo perfecto desde arriba. No lo podía creer. Fue muy fuerte. Ver que los jugadores ponían la bandera de las Malvinas y se ponían del lado de todos los hinchas fue un mensaje muy fuerte. Y muy emotivo.

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