A los 34 años, cuando las exigencias cotidianas se reparten entre el trabajo diario en un centro de estética, la crianza de dos hijas pequeñas y las responsabilidades del hogar en su casa de la Villa Hipódromo, retomar los libros escolares parecía una posibilidad remota, cuando no una asignatura definitivamente olvidada en el tiempo. Sin embargo, para Estefanis "Tefy" Fernández, la pasión contenida por el fútbol y el deseo profundo de no defraudar a sus compañeras de equipo se convirtieron en el motor de una transformación vital. Su historia no es únicamente la de una deportista que salta a la cancha cada fin de semana en la Liga F7, es el testimonio vivo de cómo el deporte puede actuar como un poderoso catalizador de dignidad, resiliencia y superación personal.
El golazo de Tefy en la Liga F7: terminó el secundario a los 34 años impulsada por su pasión por el fútbol
Estilista, mamá de dos hijas y jugadora de Capritas en la Categoría C, debía dos materias desde 2009. Ante la exigencia reglamentaria del torneo amateur de presentar el título escolar, volvió a las aulas tras 15 años, aprobó Física e Inglés y cerró una etapa que hoy inspira a su familia y a sus compañeras
El romance de Tefy con la pelota estuvo latente desde su infancia, aunque durante décadas su contacto con el juego se redujo a picados informales entre amigos del barrio. La chispa que encendió su camino en la competencia organizada surgió de la manera más insólita y fortuita. Una tarde del año pasado, mientras disfrutaba de un pancho en el Parque junto a su pareja, Jeremías, se quedó observando con fascinación los entrenamientos de Capra, una de los equipos del certamen. Impulsada por las palabras de su compañero, quien se animó a acercarse al director técnico para consultar sobre las prácticas, Tefy dio el primer paso e inició los entrenamientos. Lo que comenzó como un espacio de esparcimiento para vencer miedos y ganar confianza terminó transformándose en un pilar fundamental de su rutina.
Con la vertiginosa expansión del proyecto y la llegada de numerosas jugadoras durante la pretemporada, la institución decidió conformar una escuadra filial denominada Capritas, destinada a competir en la Categoría C de la Liga F7. Allí, Tefy fue consolidándose como defensora y mediocampista, destacándose por su entrega dentro del campo. No obstante, cuando el certamen se aprestaba a iniciar el Torneo Clausura, una barrera reglamentaria amenazó con interrumpir su sueño: la organización del campeonato exige como requisito obligatorio poseer el título secundario completo.
Para Tefy, la noticia representó un golpe anímico demoledor. Haber abandonado el secundario en 2009 en el Colegio Diego de Salinas, en Rivadavia, dejando adeudadas materias de segundo y sexto año, parecía un detalle lejano frente a su consolidación laboral como estilista y peluquera. "Cuando me dijeron que no podía jugar el Clausura si no tenía el secundario completo, se me vino todo abajo. Sentí un bajón enorme porque ya le había perdido el miedo a la cancha, y pensar en no jugar era como dejar tirado al grupo y abandonar a mis compañeras", recuerda con profunda emoción.
Fue en esa encrucijada donde la firme contención de su entorno provocó un giro decisivo. "El fútbol te ha hecho ir a sacar las materias, porque si no, no hubieras ido nunca", le remarca ahora su mamá, sintetizando el impacto social del reglamento. Lejos de bajar los brazos, Tefy solicitó los programas de examen antes de las vacaciones de invierno y se dispuso a estudiar intensamente las asignaturas pendientes: Física e Inglés. El proceso exigió un sacrificio notable, combinando las extensas jornadas de trabajo en la estética junto a su hermana, la atención escolar de sus hijas y horas de estudio en el hogar. "Mientras mis amigas y la gente festejaban los partidos del Mundial, yo les mandaba fotos estudiando en la mesa porque rendía al día siguiente. Fue duro, pero sabía que valía la pena", relata sobre aquel esfuerzo.
El momento de regresar al Colegio Diego de Salinas tras 15 años de ausencia estuvo marcado por una mezcla de nostalgia e inseguridad. Al ingresar al establecimiento entre adolescentes uniformados, un alumno se le acercó para preguntarle si era profesora. La escena le provocó timidez, pero la perspectiva cambió rápidamente al observar a un hombre mayor en su misma condición y al recibir las palabras de aliento de la profesora de Inglés, quien la felicitó efusivamente al enterarse de que con ese examen se recibía. Tras aprobar ambas materias en su primer intento, el regreso al predio de entrenamiento fue una fiesta inolvidable: sus compañeras la esperaron con globos, carteles y un emotivo festejo que celebró la conquista de su título secundario.
Hoy, aunque atraviesa la recuperación de una lesión muscular sufrida en el arranque del torneo mientras su equipo cosecha victorias en la Categoría C, Tefy Fernández mira hacia atrás con gratitud hacia la exigencia organizativa. "En aquel momento me pareció una medida dura, pero hoy le doy las gracias a la liga. Si no me hubiesen puesto ese límite, jamás me habría propuesto cerrar esa etapa de mi vida. Ahora me siento orgullosa porque soy un ejemplo para mis hijas, demostrándoles que con voluntad nada es imposible", concluye con la sonrisa de quien ganó el partido más importante de su vida.
Capra y Capritas: la red de contención que transforma vidas más allá de la cancha
En el ámbito del deporte amateur, el concepto de equipo suele trascender la pura competencia táctica para convertirse en una verdadera red de contención humana. La historia de Estefanis dentro de la estructura de Capra y Capritas constituye un claro testimonio de cómo la empatía, el compañerismo y la ausencia de egoísmos pueden transformar la vida de una deportista tanto dentro como fuera de la cancha.
Cuando Tefy se sumó a los entrenamientos, su mayor temor era convertirse en una molestia o una desventaja para sus compañeras debido a su falta de experiencia previa en el fútbol competitivo. Sin embargo, la recepción del plantel de Capra —equipo que compite en la Categoría B y que supo ser campeón de la C— fue de una calidez inmediata. Lejos de imponer presiones o reproches ante los errores lógicos del aprendizaje, el grupo técnico y las jugadoras históricas promovieron un ambiente basado en la paciencia, el estímulo constante y la inclusión.
Esa misma mística colectiva se trasladó a Capritas cuando se decidió crear la escuadra filial para disputar la Categoría C. Cuando la reglamentación sobre el secundario completo puso en riesgo la continuidad de Tefy en el torneo, sus compañeras no dudaron en asumir un rol activo. No solo la incentivaron a retomar los libros y afrontar los exámenes, sino que acompañaron cada paso de su preparación académica con mensajes de aliento y seguimiento constante. El corolario de ese apoyo se vivió el día en que Tefy aprobó su última materia: las jugadoras organizaron una recepción sorpresa en el predio de entrenamiento con globos y pancartas, celebrando la graduación como si se tratara de la conquista de una copa.
"En este grupo no hay envidias ni reproches... si te equivocás en la cancha, te levantan y te impulsan a seguir. Más que un equipo, somos una familia que busca crecer junta", destaca Tefy, orgullosa de sus compañeras.
Entre entrenamientos bisemanales, sesiones de gimnasio y el acompañamiento mutuo, Capra y Capritas reafirman que el mayor triunfo de una institución es construir un espacio donde la amistad y la contención sean el verdadero motor deportivo.