En Adepu hay partidos, goles y campeones. Pero también hay rituales que se repiten cada fin de semana y que forman parte de la esencia misma de la liga. Uno de ellos ocurre fuera de las canchas, en el “Bosquecito”, donde el humo se eleva entre risas y anécdotas. Ahí aparece Agustín Arce, de 28 años, parrillero de alma y protagonista silencioso de una tradición que crece tanto como el fútbol.
El rey de la parrilla en Adepu
Cada sábado, mientras rueda la pelota en el predio de Santa Lucía, Agustín Arce enciende otro ritual imprescindible de Adepu: el asado.
Desde el año pasado, cada sábado llega al predio en su moto con lo justo: un delantal y su juego de tenedor y cuchillo. No necesita más. La carne y la leña las traen los equipos. Él pone todo lo demás. Arranca temprano, cerca de las 10 de la mañana, con una tarea clave: limpiar las parrillas. A partir de ahí, la jornada se transforma en una maratón de fuego y coordinación.
Puede hacer hasta 15 asados en un solo día. Muchos, en simultáneo. “Llego a ocupar hasta seis parrilleros, todos hasta el pecho de carne”, cuenta. Calcula que cada sábado cocina alrededor de 100 kilos, con cortes que ya son un clásico en Adepu: punta de espalda y vacío. Su especialidad, dice, es la punta de espalda a la llama. “Me encanta hacerla y creo que me sale bien… al menos eso me dicen”, suelta entre risas, dejando entrever que hay secretos que no piensa revelar.
La dinámica empieza incluso antes del sábado. Durante la semana, los delegados y jugadores le escriben para reservar turno. Él organiza todo en función de los horarios de los partidos. “Me dicen a qué hora juegan y con eso ya sé cuándo tienen que comer”, explica. La dificultad está en los cruces de horarios, cuando debe atender varios grupos al mismo tiempo. Ahí aparece su mayor virtud: la atención constante para que ninguna parrilla falle.
El momento cúlmine llega cuando el equipo termina de jugar y se acerca al “tercer tiempo”. La carne sale en su punto justo y pasa de la parrilla a la tabla, muchas veces sostenida por los propios jugadores. “La verdad, diez puntos, está buenazo”, se escucha seguido entre los comensales. Para Agustín, esa devolución es parte fundamental de su trabajo.
Además de su tarea en Adepu, trabaja en una parrillada sobre calle Paula Albarracín de Sarmiento, lo que refuerza un oficio que no es improvisado. “Me dedico a esto porque me encanta. Lo hago con pasión. Creo que es lo mío y me gusta que todo salga bien, que la gente coma rico”, asegura.
Su vínculo con el fuego también lo llevó a competir. Participó en tres ediciones del Concurso del Asador Sanjuanino, en San Martín, donde logró un sexto puesto como mejor resultado. Sin embargo, su escenario principal hoy está en Adepu, donde cada sábado escribe su propia historia entre brasas.
Padre de dos hijos, comparte su vida con su pareja y, aunque sonríe al admitir que en casa no siempre hay asado, su identidad ya está marcada por el humo y el sabor. En el predio de Santa Lucía, mientras los equipos celebran o se consuelan después de cada partido, Agustín Arce sigue alimentando algo más que el hambre: una tradición que une al fútbol con la mesa, y que lo tiene como el verdadero rey de la parrilla.