Para Daniela Vitale (46), el mejor regalo del Día de la Madre no viene envuelto en un paquete, sino con botines puestos y en una cancha de fútbol. Ella y sus dos hijas, Alma (22) y Jazmín Quiroz (18), conforman un tridente único en el fútbol femenino de la provincia. Las tres compiten cada fin de semana en la Liga F7 representando a tres equipos distintos, celebrando unidas el valor de una madre que saltó a la cancha para demostrarles que con valentía no existen límites.
Mamá e ídola dentro y fuera de la cancha
A los 46 años, Daniela Vitale lidera Los Ángeles en la Categoría B, mientras que Alma (22) brilla en Constructoras y Jazmín (18) debuta en Barsedlona. De la cancha al hogar, una rutina familiar atravesada por botines, charlas tácticas y un ejemplo de superación constante en este Día de la Madre.
La historia de Daniela con el deporte competitivo es el retrato de una reinvención personal constante. Diseñadora de indumentaria de profesión y creadora de su propia marca de ropa infantil con local comercial en el centro sanjuanino, dedicó gran parte de su vida a disciplinas individuales como el yoga. Sin embargo, en 2020, tras las aperturas graduales de la pandemia, decidió sumarse a clases de tenis, actividad que practicó durante tres años hasta que una severa lesión de codo la dejó seis meses en rehabilitación. Ante la imposibilidad médica de seguir usando los brazos, tomó una determinación drástica para no interrumpir su vida activa: buscar una disciplina donde solo hiciera falta mover las piernas. Un cartel en la calle ofreciendo entrenamiento de fútbol femenino cerca de su casa fue la puerta de entrada a un mundo impensado.
Aquel comienzo rozó lo insólito. "Llegué a la primera clase y era yo sola. El profe era un jugador de la primera de San Martín. Me quería matar de la vergüenza porque no había nadie más, pero me dio la clase igual. El jueves volví con dudas y ya se habían sumado dos chicas más. De a poco fuimos armando un grupo hermoso", recuerda Daniela entre risas. Esas dos compañeras iniciales, Juli y Ceci, continúan jugando a su lado en Los Ángeles, equipo de la Categoría B donde Daniela se consolidó no solo como defensora central implacable, sino también como capitana y principal referente. A sus 46 años, lidera un plantel con un promedio de edad superior a los 36 años, donde la contención humana trasciende los marcadores.
"Mi equipo es precioso. La mayoría somos grandes, con familias, hijos y muchas mochilas de la vida real que vamos acompañando entre todas: desde la maternidad hasta el diagnóstico de esclerosis múltiple de una compañera. Mis compañeras me nombran capitana porque dicen que tengo una clase más que ellas, pero lo más lindo es la amistad y la empatía que construimos", reflexiona Daniela sobre el significado social de su club.
El ejemplo apasionado de la madre funcionó como un poderoso imán para sus hijas. Alma Quiroz (22), estudiante de la carrera de Diseño Gráfico en la Universidad Nacional de San Juan, practicaba tenis al igual que su mamá. Observarla entrenar y competir despertó en ella la inquietud por los deportes colectivos. "Yo estaba acostumbrada a los deportes solitarios y ver a mi mamá me llamó la atención. Dije: '¿Por qué no probar?'. Y cuando empecé me encantó encontrarme con mi equipo y trabajar en conjunto para ayudar a los mismos objetivos", relata Alma. Tras compartir vestuario brevemente con su madre, buscó su propio espacio generacional en Constructoras, equipo de la Categoría C donde hoy se desempeña como subcapitana.
"Es muy emocionante ver a mi mamá jugando. La veo como una referente y como una figura de capitana. Su equipo confía en ella, se apoya mucho en ella y se pone el grupo al hombro. Eso es un muy buen ejemplo para absorber. Como soy subcapitana en mi equipo, siempre me gusta copiarle eso de preocuparme por mis compañeras, porque la relación adentro y afuera de la cancha se tiene que trabajar", destaca Alma, quien sintetiza a su madre en una palabra: "Resiliente".
Por su parte, la integrante más joven de la familia, Jazmín Quiroz (18), transita su temporada de debut en la liga mientras realiza el cursillo de ingreso para la carrera de Nutrición en la Universidad Católica de Cuyo. Su idilio con la pelota surgió en las tardes de peloteo informal a orillas de la cancha mientras acompañaba a su mamá. "De chiquita me quedaba pateando a un costado y de ahí me dieron muchas ganas de jugar, hasta que dije 'ya está, me meto'. Una amiga me invitó y entré a Barsedlona FC", cuenta la volante de la escuadra recién ingresada a la Categoría C. Jazmín describe con gracia la transformación de su madre al cruzar la línea de cal: "Afuera de la cancha a lo mejor no das dos mangos, pero adentro se transforma por completo. Es muy seria, va a la guerra y no le tiene miedo a nada. Le diría que es fuerte y poderosa".
La convivencia en el hogar gira inevitablemente en torno al certamen que reúne a casi 600 futbolistas en el predio Elite Club de Rawson. Las jornadas de los sábados son completas: desde las 13 hasta las 18 horas, la familia se instala en el complejo para presenciar los tres partidos de corrido. El pilar fundamental de la hinchada es Esteban Quiroz, esposo de Daniela y padre de Alma y Jazmín, trabajador de la fábrica Arcor y apasionado del fútbol. Ubicado siempre detrás del arco, Esteban asume el rol de hincha número uno del tridente familiar.
"Él es el porrista e hincha número uno de las tres. Se ubica atrás del arco y empieza a dar indicaciones. Es el que lleva los caramelos a la cancha y si hace frío cae con café. Mis compañeras lo adoran. Y cuando nos vamos en el auto se arma el debate porque él es 100% crítico futbolero", revela Daniela con una sonrisa.
Para Daniela, ver a Alma y Jazmín desenvolverse con independencia en sus equipos genera orgullo y un natural instinto de protección. "Me encanta que hagan lo que les gusta y las veo muy apasionadas. No deja de darme un poquito de miedo porque es un deporte de mucho contacto y está ese instinto maternal de protegerlas. Pero después las veo en la cancha disfrutar, me miro a mí misma que no me da miedo nada, y digo: 'Bueno, están haciendo lo mismo que yo'. Lo estamos disfrutando y viviendo juntas", concluye la capitana.
Al caer la tarde en las canchas, cuando los botines se guardan en el bolso y la charla futbolera se traslada al auto, queda la certeza de un vínculo que trasciende cualquier resultado. Alma y Jazmín no solo ven en Daniela a una referente que se transforma al cruzar la línea de cal, sino a la mujer resiliente que convirtió el deporte en su mayor canal de unión familiar. En este Día de la Madre, el fútbol les regala su mejor postal: tres mujeres sanjuaninas unidas por la misma sangre y la misma pasión, celebrando a esa mamá e ídola incansable que guía, protege e inspira en cada paso de la vida.