La derrota en Bolivia y dos días después la asunción del ‘Chiqui’ Tapia habían sentenciado la suerte de Bauza. Pero como en el fútbol argentino las cosas mal hechas son las que sobran, ni el dirigente sanjuanino tuvo el valor para despedirlo a tiempo ni el ‘Patón’ para dar un paso al costado. Es que, a decir verdad, no había un solo indicio que apuntara a la continuidad del extécnico de San Lorenzo.

 

Se manoseó a un tipo que es muy respetado en el ambiente del fútbol como Bauza, pero él tampoco colaboró. Con la pilcha de DT de la Selección se mandó macanas dialécticas: “Vamos a salir campeones del mundo” y “jugamos 10 puntos”. Canchereó, habló de más, y eso en este país se paga. El periodismo –como gran multiplicador- y la gente no se bancó que, tras jugar muy mal con Chile, venga Bauza a decir que todo estaba bien, cuando todo estaba mal.

 

Ni hablar de la AFA. El primer gran acto de Tapia al frente de la AFA fue torpe, pudo haber resuelto antes un tema que tuvo final de novela –no feliz, por cierto-. En el medio, se enredó con algunas declaraciones que, a la postre,  no coinciden con el ocaso de la historia.

 

Y el manoseo también alcanzó a Sampaoli. Él, desde su rol de entrenador del Sevilla, no hizo otra cosa que coquetear con la Selección: “Voy nadando”, dijo cuando le preguntaron si dirigiría la Selección. Faltaron códigos, lo debió evitar.


 

Sampaoli, si es finalmente el reemplazante, llega manchado por la sospecha de haber sido número puesto cuando todavía había un DT al frente del equipo de Messi y compañía. ¿Se puso en ese lugar? ¿Lo pusieron? En el ambiente del fútbol todo es posible y, por qué no, cualquiera tiene el derecho a creer que Sampaoli habló con Tapia.

 

Esa última especulación cierra. ¿Por qué? Para echar a Bauza tenían que tener el ‘sí’ de otro DT, en este caso del todavía mandamás del Sevilla, al menos así lo dejaron trascender quienes siguen el día a día en los pasillos de la AFA.

 

Sobre lo estrictamente futbolístico hay mucho por hacer: clasificar al Mundial, reducir la pena de Messi y, sin anestesia, el nuevo técnico deberá realizar cirugía mayor en un plantel que se apoltronó en la Selección y, como se sabe, a varios ya no les da la talla.