En Boca, todo puede ser. El mundo Boca es tan especial que imaginar un cara a cara entre Falcioni y Riquelme a días nada más de que estallara el conflicto, parecería más que imposible pero se dio. Y claro, es que Boca es Boca. Después de los dimes y diretes, de las declaraciones cruzadas por los medios y de las ausencias del 10 en la formación del técnico, los dos apostaron al "bien de Boca". Si lo dijeron de la boca para afuera, cosa de ellos pero para el Mundo Boca basta y sobra como para barajar y dar de nuevo en una temporada en las que las presiones son grandes. Se juntaron, hablaron y convinieron un alto el fuego que ilusiona. resta saber si será pacto de paz definitivo o apenas un amague en medio de un campo minado.

La escena sacudió una mañana que hasta el momento venía tranquila. Mientras el resto del plantel trabajaba en la cancha tres bajo las ordenes del preparador físico Gustavo Otero, el DT se fue rumbo a los camarines. Allí se encontró con Román e iniciaron la charla que, anhelan dirigentes, compañeros y todos los que gustan del escudito azul y oro, pueda otorgar algo de calma y ayude a conseguir mejores resultados.

El que rompió el hielo fue Falcioni. De movida, le aclaró que su intención no es perjudicarlo, que la meta del cuerpo técnico siempre fue que encontrara su mejor forma y que no llegó al club a tener problemas sino a cumplir su gran sueño: salir campeón. El 10 escuchó atento y también retrucó: le dijo que había sentido que el sábado pasado, en el famoso entrenamiento de dos horas, lo habían sobreexigido. Rápido de reflejos como en su época de arquero, el entrenador le explicó que todos los trabajos que él realizaba, tal como lo expresó el PF Otero, habían sido consensuados con Jorge Bombichino, kinesiólogo personal de Román. Al final, acordaron calmar los ánimos y bajar los decíbeles para no perjudicar al grupo.