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Jorge Arias, técnico de Muñoz

Forjador de campeones

Es mendocino, de 42 años, fue pupilo de Paco Bermúdez y compartió gimnasio con Gustavo Ballas y otros grandes cuyanos.
Por Colaboradores Diario de Cuyo 7 de julio de 2013 - 00:00

Trece de sus 42 años los pasó sacándole lonjas a su físico en el gimnasio del Mocoroa Boxing Club bajo la dirección técnica de Francisco “Paco” Bermúdez. No llegó a debutar como profesional, su campaña pugilística se trocó a los 23 años. La desazón por haber perdido la eliminatoria para competir en los Juegos Olímpicos de Barcelona ‘92 lo alejó de la esquina de Estrada y Av. España, donde Bermúdez, inauguró el 15 de enero de 1944, el mismo día del terremoto de San Juan, ese espacio donde forjó a grandes como Cirilo Gil, Nicolino Locche, Carlos Aro, Jorge “Aconcagua” Ahumada y Gustavo Ballas, entro otros.

Hijo de Darío Nicolás Arias y Nélida Torres, Jorge es el menor de tres hermanos. Su padre, de oficio tapicero, había sido boxeador y como vio que Jorge se trenzaba a piñas cada vez que jugaba a la pelota se lo entregó a “Don Paco” para que calmara sus ímpetus infantiles. Su adolescencia la pasó entre las exigencias del estudio y el gimnasio al que asistía todos los días y donde estuvo dos años para poder entrenar en el ring principal. Abanderado en la secundaria y el aprendizaje del oficio de tornero, ese que eligió cuando tuvo que decidir entre continuar sus estudios o trabajar. Aunque había sido un alumno destacado decidió dedicarse al laburo porque le daba tiempo para desarrollar su pasión que era el boxeo.

Alto para peso pluma (1,84 m y 57,100 kg) y dueño de una izquierda que era marca registrada de los pupilos de Bermúdez, Jorge realizó una dilatada campaña amateur que culminó en aquel combate selectivo, cuando ya militaba en la categoría mediano (75 kg, aficionado y 72,5 profesional).

Se casó con Mónica Scaglione y se dedicó a su taller. Luego vinieron los hijos, Jorge (actualmente de 19 años) y Pedro (18). En el ínterin, hasta el nacimiento de Alejandro (13) un encuentro con Pablo Chacón (medallista de bronce en Atlanta ‘96) que pasaba al profesionalismo lo hizo reencontrarse con el pugilismo. A partir de incorporarse al grupo de quien luego fuera campeón mundial pluma, Jorge le encontró el gustito a la enseñanza. Después de todo, como le dijo Chacón, “él era hombre del boxeo”.

Seis cursos con el técnico cubano que entrenaba a la selección nacional amateur, Sarbelio Fuentes, un par de cursos con maestros cubanos a los que lo envió la Federación Mendocina le dieron la oportunidad de abrazar con pasión la enseñanza. Su familia creció, nacieron Alejandro (ahora 13 años) y la niña buscada, Rocío (11). Luego vinieron Nicolás (9) y Lucas (4).

Como empleado municipal de Las Heras, desde hace siete años, abrió cinco gimnasios. El primero en la zona de Panquehua y ahora es el encargado del que funciona en el Polideportivo Polimeni. En el año 2010, con su último hijo recién nacido, estuvo a punto de alejarse del boxeo. En el taller la ausencia de su propietario se notaba y el dinero escaseaba. Fue en ese momento cuando el promotor Mario Arano le llamó por teléfono para que se haga cargo de la preparación del Juan Carlos Reveco. El Cotón había perdido su título mundial mosca y se había separado del promotor Osvaldo Rivero y de Pablo Chacón, quien lo entrenaba.

Luego de analizar con su esposa el paso a seguir, decidió poner todas las fichas en el boxeo y cerrar el taller. La elección dio sus frutos porque su púgil recuperó el título mundial y su gimnasio se pobló de entusiastas aficionados. Hoy cuenta con 56 púgiles amateurs, de distintas edades, quienes, como él lo hizo en su juventud (con Ballas, Ramón Balbino Soria, José Rufino Narváez y José Mario López) tienen la posibilidad de aprender los secretos del ring al lado de Reveco, y ahora del sanjuanino, Mauricio Muñoz. La tarea en el Polimeni no la desarrolla sólo (“sería imposible”, explicó) lo ayudan su padre (Darío), el ex boxeador Roberto Herrera, el profesor Diego Giménez que se encarga de la educación física y su esposa quien recibe a las niñas de 9 a 11 años que asisten al mismo.

Su vida no tiene muchos misterios. Con tantos púgiles y ahora con la responsabilidad de dirigir a Reveco y Muñoz, sus días y horas pasan de la casa al gimnasio y del gimnasio a la casa. Le falta tiempo para diagramar la actividad de sus pupilos la que les hace cumplir con dedicación espartana.

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