Hacía más o menos un mes que los vecinos habían visto a un hombre cortar el pasto en esa vivienda, la 16 de la manzana F del barrio Teresa de Calcuta, en Pocito. En días posteriores vieron a una mujer y a unas chicas, pero apenas cruzaron saludos: "Siempre había gente distinta, a esa casa la vendieron como tres o cuatro veces", acotó una vecina. Los mismos vecinos aseguran que esa área del barrio era relativamente tranquila, hasta el miércoles en la noche, cuando al menos un sujeto pasó en moto y efectuó disparos hacia esa vivienda. El jueves, después de la clasificación a la final de la Libertadores de Boca Juniors, los vecinos escucharon estampidos que, en principio, atribuyeron al triunfo del "Xeneize", pero al agudizar el oído, concluyeron que era algo conocido y de mucho más cuidado: disparos, cuatro en total, dijeron.

Enseguida se convencieron, porque tras una seguidilla de tiros, escucharon los gritos de una mujer y al salir se toparon con un joven en la vereda de enfrente, sentenciado por un balazo en el pecho. Ese joven se llamaba Juan Ignacio Martínez Tejada y tenía 18 años. Vivía en   la Villa 17 de Agosto, en Rawson, y para los investigadores de Homicidios y otros pesquisas dirigidos por el fiscal coordinador, Adrián Riveros, y los ayudantes fiscales, Emiliano Pugliese y Sebastián Gómez, todo indica que era uno de los cuatro sujetos que, en dos motos, tirotearon la casa 16 de la manzana F.

Que hubo disparos desde afuera hacia adentro quedó más que probado con cuatro agujeros en un portón metálico y las marcas de algunos de esos impactos en una pared de la casa.

Juan Ignacio "Nacho" Martínez no tenía antecedentes, dijeron.

Para los investigadores, todo indica también que, desde el interior de la vivienda hacia afuera, esos disparos fueron repelidos con otros balazos, uno de los cuales terminó con la vida de Martínez Tejada. Esta hipótesis se reforzaba con el hallazgo de un revólver calibre 38, una carabina calibre 22 y varios cartuchos en el interior de la casa tiroteada, lugar en el que encontraron y detuvieron a otro joven, considerado desde ese momento como el supuesto homicida, Walter Agustín Barahona, también de 18 años y con varios arrestos policiales, indicaron.

"En esa casa vendían droga, seguro que fue por eso", disparó a secas un vecino, que pidió reserva de su identidad.

Los investigadores habían concretado ayer varios allanamientos en busca de más sospechosos y otras evidencias que los llevaran a reforzar las líneas de investigación que habían encarado, incluida la de mayor peso: un tiroteo vinculado a un problema de comercio de drogas, indicaron fuentes policiales y judiciales.

Como parte de esa investigación, los investigadores habían demorado a una mujer de apellido Carrizo, supuesta dueña de la vivienda y pariente de Uma Calvo Carrizo, la beba de 3 meses que era amamantada por su madre cuando fue baleada en la cabeza durante un ataque a tiros perpetrado por una docena de sujetos en una casa del barrio Huarpes (pegado al Teresa de Calcuta) la noche del 4 de enero de 2014. Al otro día la nena murió y, luego de un juicio, 7 sujetos terminaron condenados a perpetua por ese homicidio agravado, un octavo involucrado recibió castigo por encubrimiento.

Aquella vez, como ahora, las balaceras ocurrieron en un mismo contexto: presuntas venganzas por problemas de territorio o deudas por estupefacientes.