Fractura en el tabique nasal, otra quebradura en el antebrazo izquierdo, siete cortes en la cabeza, además de moretones y golpes en todo el cuerpo. Éste es el costo que debió pagar un mecánico por enfrentar a tres delincuentes armados que entraron a robar ayer de madrugada a su casa en Chimbas. La paliza fue brutal, pero él igual se defendió hasta que echó a los ladrones, que escaparon solamente con la cartera con 300 pesos de su mujer, que había sido encerrada en el baño, y un par de zapatillas.
Asaltan una casa y le dan una brutal golpiza al dueño
Fue una verdadera pesadilla lo que vivió Jorge Moncunill (61) junto a su esposa Silvia (60) en su casa de la calle Nueva Argentina al 1937 del Bº Los Tamarindos, a 3 cuadras de la Seccional 26ta de Chimbas. La pareja todavía se pregunta cómo entraron los delincuentes ayer a eso de las 0.30. Supuestamente forzaron la puerta o tenían una copia de la llave. Moncunill a esa hora estaba viendo televisión en la cocina. Y su esposa entró al baño. Cuando ella salió, se encontró con los tres desconocidos en el comedor. La encerraron en el baño, mientras que revisaron un dormitorio, de donde sacaron un par de zapatillas y la cartera de la mujer, con 300 pesos, documentos y tarjetas.
Después se dirigieron a la cocina. Ahí, Moncunill los vio y salió a enfrentarlos. ‘Escuché que uno dijo: esto es un robo. Se me vinieron encima y sentí que me pegaron con una Itaka o una tumbera. Y me siguieron golpeando. Yo caí, pero me levanté y agarré una silla para defenderme’, relató el mecánico. Así, con la silla en mano, sacó a los tres ladrones hasta el comedor. Fue tremenda la lucha. En un momento, un ladrón le revoleó una silla en el pecho a Moncunill y lo tumbaron, para nuevamente golpearlo, relató. Igual, él se puso de pie y continuó haciéndoles frente. ‘Una cosa es contarla y otra vivirla. No tuve miedo, los quería matar a esos hijos de p… Pensaba en mi mujer porque no sabían dónde estaba. Yo la llamaba, y gritaba a los vecinos pidiendo ayuda’, contó la víctima. Los asaltantes finalmente salieron a la vereda, con Moncunill por detrás, todo ensangrentado. Ellos tomaron en dirección a la calle Díaz, contó, mientras que él entró a la vivienda para buscar a su esposa que, por suerte, estaba ilesa aunque muy shockeada.