A David Antonio Pelaytay (47), el femicida de Pocito, le dictaron 8 meses de prisión preventiva a cumplir en el Penal de Chimbas. Esa medida fue aplicada por la jueza de Garantías Celia Maldonado, a pedido del fiscal de la UFI Delitos Especiales Francisco Micheltorena, quien le imputó el delito de homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género, que se castiga con perpetua. 

Pelaytay es el único detenido por el femicidio de su pareja, María Susana Pérez (53). En la audiencia de este martes tenía la posibilidad de dar su versión, pero decidió no declarar por recomendación de su abogada, María Filomena Noriega. 

Al hombre lo acusan de haber asesinado a Pérez de un disparo en la cabeza en la casa que les prestaban en Joaquín Uñac (conocida como Mendoza), metros al Norte de Calle 10, en Pocito. 

La autopsia practicada en el cuerpo de la víctima reveló que su atacante no le provocó otra lesión más que ese disparo con una escopeta casera que le destrozó el cráneo en la parte superior, dejándole una veintena de perdigones desparramados en el interior de su cabeza. 

Eso fue el último sábado alrededor de las 20. Según fuentes de la investigación, apenas la mujer recibió el disparo, su pareja fue al hospital de Pocito a pedir ayuda y a los enfermeros les dijo que ella misma se había autolesionado en el cuello. Cuando llegaron, se toparon con la víctima en un charco de sangre, pero aún con vida y con una herida en la parte superior de la cabeza. "Qué te hicieron, que te hicieron", le habrían escuchado decir también a Pelaytay, que tenía su remera con manchas de sangre. Esas inconsistencias en su relato, fueron los primeros síntomas de que las cosas no parecían ser lo que decía Pelaytay. Por eso cuando cargaron en la ambulancia y partieron, llamaron a la Policía. Y fueron los uniformados los que terminaron por llevarse preso a ese sujeto, cuando llegaron y se toparon con un desorden que -dijeron- no estaba cuando llegaron los enfermeros, incluida una puerta rota en el fondo, el lugar por el cual ambos solían entrar a la vivienda. 

La mujer dejó de existir minutos antes de las 23. Era oriunda de Mendoza y madre de dos hijas de una pareja anterior. Con Pelaytay tenían un kiosco en la casa, de donde los vecinos los veían salir casi todos los días a las 5: él a vender café en el hospital. Ella a vender pan y semitas. 

El hombre, según la acusación, era muy violento con ella: estaba acostumbrado a maltratarla y hasta golpearla. 

Finalmente, la jueza Maldonado concedió a Fiscalía un plazo de 8 meses para investigar.