Con una burda y simple mentira, un delincuente envolvió a una inocente anciana con uno de los ya clásicos ‘cuentos del tío’ y en cuestión de minutos le robó más de 350.000 pesos en moneda nacional, dólares y euros. Sí, con la excusa de que era contador, que venía de parte de su hijo y que éste lo mandaba para que le diera todo el dinero con el fin de cambiarlos por billetes nuevos, la jubilada de 85 años le entregó los ahorros de su vida y se quedó sin nada.

‘No me dejaron ni para una trincha. Se robaron todo lo que tenía...’, dice Alicia Aneas, quien tiene miedo y ahora atiende detrás de las rejas después de lo que pasó el sábado al mediodía en su casa en el Barrio Parque de Mayo, Capital. En la Policía no quisieron hablar de este nuevo hecho de inseguridad, lo único que se supo es que habría dos detenidos, pero nada se mencionó sobre si recuperaron parte del botín.

Aseguran que la cámara de una casa vecina captó imágenes de los ladrones y de su auto

La jubilada pecó de ingenua cuando le apareció ese hombre bien vestido que se presentó como contador y que le dijo que venía de parte de su hijo que está en Buenos Aires. ‘Andaba muy elegante ese chimango atorrante. Me dijo que era el contador de la Base de Puerto Belgrano, en Punta Alta (al sudeste de Bs. As.) y que lo mandaba mi hijo para que buscara el dinero que tenía para cambiármelo por nuevos billetes. Que había que cambiarlos por disposición del Banco Nación’, relató la mujer.

Ella desconfió, respondió que los bancos no trabajaban los sábados y el embaucador le retrucó diciéndole que algunas entidades lo hacen a puertas cerradas. Para convencerla, el sujeto le explicó que su hijo iba a traer ‘la plata nueva’ a las 16. Seguramente también la apuró para no darle tiempo a pensar y finalmente la anciana cayó en la trampa. 

Así fue que ella misma ingresó a la casa, buscó los 210.000 pesos, los más de 6.000 dólares y los 2.500 euros que tenía dentro de una caja y se los entregó. El delincuente se despidió repitiendo que su hijo le traería el dinero, se subió a un auto negro y desapareció. La muy crédula esperó toda la tarde. A las 17, al ver que no tenía señales de su hijo ni del sujeto, se dio cuenta que todo había sido un engaño.