Decisión. El juez Juan Carlos Caballero Vidal (h) deberá resolver luego de escuchar los planteos de la defensora oficial Mónica Sefair y la fiscal Marcela Torres (abajo).

En su defensa, el albañil buscó desacreditar a su hija: dijo que los abusos sexuales más graves que le atribuían, las violaciones que sufrió por lo menos dos años hasta quedar embarazada y abortar, no existieron. Y que su hija lo había denunciado porque él pretendía alejarla de un narco que llegaba a su casa en Chimbas a reclamarle a la chica unos $10.000 y un envoltorio con drogas que se había llevado. También trató de fabuladora a su hermana, una testigo clave, pues esa mujer lo describió como un sujeto muy violento, tanto, que una vez -declaró- su mujer debió ser internada por las golpizas que le daba. Esa testigo contradijo su versión de que su mujer lo había abandonado con sus cuatro hijos para irse con otro, ya que había sido él quien le quitó a los chicos cuando salió de prisión tras ser denunciado por golpear a la mujer.

Precisamente con ese cambio en la tenencia de los chicos en 2009, fue que su hija mayor, por entonces de 11 años, pasó a ocupar el lugar de objeto sexual del albañil, según la acusación. Comenzó a manosearla y decirle que eso era normal, pues así demostraban su amor los padres por los hijos. Pero a los 14 años comenzó a llevarla fuera de la casa para violarla y a amenazarla con que no dijera nada, pues quemaría vivos a sus hermanos.

Según el expediente, los ultrajes sexuales ocurrían luego en la propia casa, cuando la llevaba a su dormitorio, elevaba el volumen de la música y le tapaba la boca para sofocar sus gritos.

Pero hubo descuidos y en un par de ocasiones su hija menor, vio cuando vejaba a su hermana y también cuando la sometía a una suerte de tortura tapándole el rostro con un trapo y echándole agua encima.

Cuando la hermana mayor tuvo 15 años, conoció a un jovencito y quedó embarazada. Se lo dijo a su abuela y ésta a su papá quien, ante la duda de que fuera hijo suyo, la llevó a que le hicieran un aborto casero. Por esa intervención doméstica, la menor sufrió una infección que obligó a internarla el 20 de noviembre de 2015. Ahí se supo que había abortado un feto de 16 semanas.

Una vez que la joven se recuperó, volvió al acecho con una excusa: le dijo que sabía que no estaba bien lo que le hacía, pero que lo ayudara a recuperarse dejándose tocar y abusar. Negarse, acarreaba castigo para sus hermanos.

Los delitos que le atribuyen al albañil pueden acarrearle castigos de entre 8 y 30 años de cárcel


En 2016, comenzaron los manoseos contra su hija menor, de 12 años, con la amenaza de que callara pues, si hablaba, iría a parar con todos sus hermanos a un hogar estatal.

Sin embargo, las hermanas se aliaron y el 4 de abril de 2017, lo denunciaron. Fue luego de una madrugada en que la mayor fue manoseada y golpeada por resistirse a ser violada. El próximo miércoles, ese albañil de 41 años comenzará a ser juzgado esta semana en la Sala I de la Cámara Penal por el juez Juan Carlos Caballero Vidal (h). Lo defenderá la defensora oficial Mónica Sefair. Y la fiscal Marcela Torres buscará mantener la acusación que puede costarle un castigo de entre 8 y 30 años de cárcel.