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El presidente de FOPEA, con DIARIO DE CUYO: la tensión entre prensa y Justicia, los ataques de Milei y el rechazo al "periodismo militante" K y libertario

Fernando Stanich visitó San Juan como expositor del Foro de Comunicación Judicial de la Junta Federal de Cortes. Defendió el rol del periodismo como contralor del poder, advirtió sobre el impacto de la desinformación en la democracia y analizó desde la relación del gobierno de Javier Milei con la prensa hasta los desafíos que plantea la inteligencia artificial en las redacciones.

Por Fernando Ortiz 14 de mayo de 2026 - 16:56

Este jueves, desde San Juan, el presidente del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), Fernando Stanich, advirtió sobre el “deterioro muy marcado de la libertad de expresión” en Argentina y cuestionó la construcción del periodismo como enemigo político. “No existe el periodismo militante”, sostuvo también durante una entrevista con DIARIO DE CUYO en el Hotel Alkázar, donde se hospeda por su participación en el Foro de Prensa y Comunicación Judicial de la Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia (JUFEJUS).

Stanich, periodista de La Gaceta, llegó a San Juan como expositor del encuentro que reúne a magistrados, funcionarios judiciales y periodistas de todo el país. En la charla habló sobre la relación entre prensa y Justicia, el vínculo del gobierno de Javier Milei con los medios, los riesgos de la desinformación y el impacto de la inteligencia artificial en las redacciones.

—Estás acá en San Juan por el foro de la Junta Federal de Cortes. ¿Cuál es la vinculación que ves entre el periodismo y el Poder Judicial que todavía no está saldada? ¿Qué discusión está pendiente?

—Es una discusión que viene desde hace muchos años, que no se termina de zanjar y que debemos comenzar a repensar. En muchos sectores de la Justicia todavía se mira al periodismo y a los medios de comunicación como enemigos, cuando en realidad tienen que entender que tanto los periodistas como los medios somos garantes de la transparencia del Poder Judicial, de la publicidad de los actos de gobierno, pero también de un control efectivo de la administración de Justicia.

No es menor esto que estoy planteando porque, en un contexto en el que la manipulación informativa y la desinformación ya son una realidad en la Argentina, un poder del Estado como el Judicial también necesita del periodismo profesional para que la sociedad acceda a información veraz, chequeada y documentada.

Hay que desterrar la idea de que el periodismo es enemigo de la Justicia y entenderlo como un aliado, con diferencias de roles, matices y funciones, pero un aliado en un contexto en el que la desinformación comienza a generar efectos de desestabilización y zozobra en buena parte de la sociedad.

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—¿Qué ves de positivo en la relación entre Justicia y periodismo?

—Yo creo que se tiene que lograr entender que tanto el Poder Judicial como nosotros, los periodistas y los medios de comunicación, somos garantes de la libertad de expresión. El Poder Judicial puede poner freno a los abusos de los otros poderes del Estado y el periodismo también actúa como contralor de los poderes públicos.

La libertad de expresión forma parte del sistema inmunológico de una democracia. En la medida en que el Poder Judicial controle los abusos y también reciba un control de la prensa, puede fortalecerse el sistema democrático en momentos donde se intenta achicar el debate público, callar voces críticas e instalar una sola versión de los hechos. Necesitamos pluralidad de voces y que se controlen los abusos.

—Pasando a la cuestión política nacional: el gobierno de Javier Milei instaló la consigna ‘no odiamos lo suficiente a los periodistas’. ¿Cuál es tu interpretación?

—Es grave lo que está sucediendo. Hay un deterioro muy marcado de la libertad de expresión en la Argentina, en particular porque hay una estrategia desde el Poder Ejecutivo Nacional, especialmente desde la figura del Presidente, de tomar a la prensa y a los periodistas con nombre y apellido como enemigos.

Hay un error conceptual muy grande ahí. El periodismo no forma parte de ninguna casta ni de ningún gobierno. Lo que hace el periodismo, y lo hizo a lo largo de toda la historia reciente de la Argentina, es desentrañar hechos de corrupción, mostrar voces críticas y darle difusión al debate público.

La función esencial del periodismo es incomodar al poder, contar lo que el poder no quiere que se sepa. Milei elige a los periodistas como enemigos porque pretende instalar una única versión de los hechos.

—¿Es un enemigo fácil el periodismo para la política?

—No sé si es un enemigo fácil, pero sí es el enemigo predilecto para la política porque el periodismo, por esencia, incomoda. Cuando desentraña un hecho de corrupción genera ruido en la comunicación directa entre el gobierno y la sociedad. Y ese es el temor de la clase política: que se rompa su versión de los hechos.

—¿Encontrás puntos de contacto entre la relación del kirchnerismo con la prensa y la del gobierno de Milei?

—Sí. Los dos tenían el mismo propósito: silenciar voces críticas. Había hostigamiento durante el kirchnerismo y lo hay ahora con la gestión de Javier Milei.

Quizás cambiaron los tiempos y las formas. Durante el kirchnerismo la crítica se focalizaba más en los medios y las empresas periodísticas. Javier Milei, en cambio, estigmatiza e insulta periodistas con nombre y apellido, lo que genera un efecto de violencia mucho mayor.

Eso también genera censura. Otros colegas desisten de avanzar sobre determinadas temáticas por miedo a ser víctimas de esa catarata de agravios. La violencia discursiva genera violencia física y también genera silencio.

Hoy la censura no necesita ser espectacular para ser efectiva. Se silencia con expedientes, con redes sociales y mediante la burocracia.

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—Durante el kirchnerismo estaban 6,7,8 y medios considerados oficialistas. Hoy aparecen medios y streamings libertarios. ¿Existe el periodismo militante?

—No. No era periodismo antes y no es periodismo ahora. El periodismo hace un trabajo profesional, riguroso, metódico y documentado. Debe contemplar todas las voces.

Lo que muchos llaman periodismo militante son militantes políticos que utilizan herramientas tecnológicas para propaganda política, no para hacer periodismo. Se disfrazan quizás de periodistas, pero no lo son.

El periodismo busca mostrar la realidad tal cual sucede. Puede haber subjetividades, claro, pero el trabajo debe ser neutral, completo, chequeado y con multiplicidad de fuentes para que la sociedad saque sus propias conclusiones.

—¿Cómo ves el ingreso de la inteligencia artificial a las redacciones?

—Los periodistas tenemos que amigarnos con la inteligencia artificial. Representa un desafío, pero no creo que sea una amenaza definitiva.

El sentido común, el criterio humano y el olfato periodístico no van a poder ser reemplazados por la inteligencia artificial. Sí puede optimizar tiempos, facilitar análisis de documentos y procedimientos. Pero quien le da las directivas y tiene el deber de chequear es el periodista. Ahí está la diferencia.

El riesgo es caer en la automatización de contenidos. Si evitamos eso y mantenemos una identidad propia, la inteligencia artificial puede ser una gran ayuda para nuestro trabajo.

—FOPEA viene a firmar algún convenio con la Junta de Cortes.

—Sí, ya existe un convenio vigente desde hace casi diez años entre la Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales y FOPEA, que apunta a la colaboración mutua para transparentar la actividad judicial y perfeccionar el periodismo judicial. Ahora buscamos actualizarlo incorporando nuevos desafíos como la inteligencia artificial, la manipulación informativa y la desinformación.

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