Kicillof

Itaí Hagman, con DIARIO DE CUYO: el respaldo a Kicillof, la revisión del RIGI y la "gran clase" de Lula para enfrentar a Milei

El diputado nacional de Patria Grande visitó San Juan para participar del Congreso Nacional de Políticas Públicas (CONAPPU). Defendió la construcción de una alternativa al Gobierno nacional para 2027, explicó por qué su espacio se inclina por el gobernador bonaerense y planteó cambios al régimen de incentivos mineros sin cuestionar el desarrollo de la actividad.

Por Fernando Ortiz 29 de octubre de 2026 - 18:32

La discusión sobre el rumbo económico de la Argentina y la construcción de una alternativa política para 2027 atravesaron la entrevista que el diputado nacional Itaí Hagman mantuvo con DIARIO DE CUYO durante su visita a San Juan. El dirigente de Patria Grande llegó a la provincia para participar del Congreso Nacional de Políticas Públicas (CONAPPU), un encuentro que reúne a estudiantes, docentes y referentes para debatir sobre los principales desafíos del país.

En ese marco, Hagman cuestionó el modelo económico del presidente Javier Milei, al que definió como un esquema que destruye capacidades productivas, y sostuvo que la oposición que rechaza frontalmente sus políticas sigue siendo minoría en el Congreso. Sin embargo, se mostró optimista sobre las posibilidades electorales del peronismo y sus aliados. Para el legislador, el desafío no pasa solamente por el desgaste del oficialismo, sino también por construir una alternativa capaz de reunir una mayoría social.

En el mano a mano con este diario, el diputado también explicó por qué su espacio decidió respaldar una eventual candidatura presidencial de Axel Kicillof, defendió las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) como mecanismo para dirimir candidaturas y distinguió el desarrollo de la minería de las condiciones establecidas por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Además, dejó tres enseñanzas que, a su entender, el peronismo puede recoger del triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil.

—¿Por qué viniste a San Juan y qué temas vas a plantear en el CONAPPU?

—Estoy muy contento de venir. Hace muchos años tenía ganas porque sé que es una actividad que se hace hace 12 años, si no me equivoco. Me parece muy importante que en las universidades públicas se discuta la realidad del país, que los estudiantes, además de formarse en sus disciplinas, estén en contacto con discusiones que hacen al desarrollo nacional. Voy a tratar de plantear algunas reflexiones sobre lo que está pasando en nuestro país, este modelo económico que se está intentando consolidar desde el Gobierno nacional, su impacto en la economía, el desarrollo productivo y, por supuesto, también en la realidad de las universidades públicas.

En mi condición de diputado, además, empujé la ley de financiamiento universitario. Ese tema también lo voy a abordar, tratando de plantear perspectivas y pensando en que el año que viene hay elecciones en el país y va a haber una discusión de modelos.

—El Congreso no logra reunir las fuerzas opositoras para frenar medidas del Gobierno, como el DNU 70/2023. ¿Por qué no consiguen hacer un esfuerzo común?

—Básicamente porque la oposición real es minoría, somos minoría. Si bien el Gobierno asumió con una cantidad muy baja de diputados y senadores, rápidamente logró hacer alianzas con sectores que, por más que formalmente habían sido votados por la oposición o por alternativas al Gobierno, luego trabajan con el oficialismo.

Hubo momentos en los que el Gobierno sacaba leyes fácilmente y otros en los que, al revés, el Congreso lograba sacar, por ejemplo, el financiamiento universitario, la ley de emergencia en discapacidad y el aumento de los jubilados. Pero, mayormente, los que ejercemos una oposición frontal a este esquema de gobierno, que para nosotros es un esquema de destrucción de las capacidades del país, somos minoría.

El DNU 70 ha sido un muy buen ejemplo. Nosotros tratábamos de persuadir al resto del sistema político de que la discusión principal no tenía que ser siquiera el contenido del decreto, con el que por supuesto estamos totalmente en contra, sino el precedente que genera que un gobierno asuma y en la primera semana modifique 300 leyes por decreto. Aun si estuvieras de acuerdo con el contenido de esas reformas, no podés dejar pasar ese precedente, porque el día de mañana viene un gobierno de otro signo político y hace lo mismo al revés. Entonces no hay institucionalidad en la República Argentina.

No logramos persuadir al resto. El Gobierno consiguió esas alianzas, en algunos casos con billetera y en otros por convicción ideológica. Es la realidad que nos tocó. Cuando nos dicen: “¿Por qué no frenan?”, la respuesta es que somos minoría. En 2025 el oficialismo ganó las elecciones y eso no se puede desconocer. Las pocas cosas que logramos sacar en el Congreso también fueron empujadas por una fuerte presión social. Eso hay que recordarlo: movilizaciones. Lo que no genera presión en la sociedad es muy difícil que avance en el Congreso.

—Milei ganó las elecciones de 2023 y volvió a imponerse en 2025, incluso con políticas económicas que afectan a distintos sectores. ¿Cómo explicás que conserve apoyo social?

—Diría dos cosas. Primero, en 2023 Milei ganó en un contexto muy particular, de descontento generalizado con el Gobierno que en ese momento llevaba adelante la política, sobre todo por la economía, por la inflación que se había desmadrado y por la política en su conjunto.

En 2025 pasó algo singular, porque el apoyo que vimos del Gobierno de Estados Unidos, por un lado, poniendo los recursos y, por otro, amenazando prácticamente a la población argentina con que si no votaba a Milei la Argentina se iba a destruir, es algo sin precedentes.

Tengo mis dudas sobre cuál es el nivel de consenso social que tiene el Gobierno, aunque no niego que hay un sector importante de la sociedad argentina que, aun sufriendo las consecuencias de las políticas económicas nacionales, sigue apoyándolo. En algunos casos tiene que ver con la expectativa o la ilusión de que la cosa mejore. Creo que en 2025 hubo mucho de eso.

Lo que pasa es que la realidad no lo corrobora. En 2026 no solamente no se revirtió la crisis, sino que estamos entrando en una recesión económica. También hay un rechazo al peronismo, que históricamente existió, con un componente de electorado antiperonista. Creo que eso hace que el Gobierno todavía tenga cierto apoyo social, pero yo creo que lo ha ido perdiendo.

—¿Por eso sos optimista respecto de las elecciones de 2027?

—Sí. Creo que se puede construir una mayoría social contra este esquema de ajuste permanente. Por supuesto, eso requiere no solamente que el Gobierno pierda el apoyo social, sino que nosotros, del otro lado, hagamos las cosas bien.

—Patria Grande se acercó a Axel Kicillof. ¿Por qué él y no otros dirigentes del peronismo como Sergio Uñac?

—Primero, nosotros respetamos a todos los compañeros que tienen aspiraciones o que creen que pueden aportar algo a la discusión de las candidaturas presidenciales. Es más, defendemos las PASO y esperamos que el Gobierno no las saque, porque creemos que lo mejor es que compitan todos los compañeros y compañeras que piensan que tienen algo para aportar y que de ahí salga un candidato.

Nosotros tenemos una afinidad con Axel por un conocimiento histórico, por una identificación ideológica y generacional, y pensamos que tiene cualidades para encabezar una alternativa a Milei, donde la discusión económica va a ser central.

Sería muy singular, creo que sería la primera vez en la historia argentina que una elección presidencial pudiera ser entre dos economistas. Milei, de hecho, es el primer economista que llega a la Presidencia de la Argentina.

Además, creo que Axel es lo que más se acerca a lo que ha liderado y ha sido hegemónico en el peronismo en los últimos años, que es la representación de Cristina.

—¿La decisión de respaldar a Kicillof también supone tomar partido en la interna entre el kirchnerismo y La Cámpora?

—Nosotros tenemos una posición que vemos desde otro lugar. No tenemos un alineamiento ni con La Cámpora contra Axel ni con el kicillofismo contra La Cámpora. Tenemos una buena relación con ambos sectores, con Axel y con Cristina.

La definición que tomamos de apoyar la candidatura de Axel no tiene que ver con un alineamiento interno, sino con que, frente a la imposibilidad de que Cristina sea candidata, nos parece que lo más natural, lo más lógico y lo que más se parece a eso es Axel.

Esto no va en desmedro de otros compañeros, ni de Sergio ni de ningún otro compañero o compañera. Es una definición de nuestro espacio, de los que vemos que puede ser la mejor alternativa para enfrentar a Milei. Si el día de mañana, por alguna razón, Cristina pudiera competir, por supuesto que eso cambiaría la situación. Con los elementos que tenemos hoy, consideramos que Axel es la mejor opción.

—San Juan y otras provincias mineras aparecen entre las jurisdicciones beneficiadas con grandes inversiones. Desde distintos sectores del peronismo se escucharon propuestas para revisar o incluso eliminar el RIGI. ¿Por qué?

—Primero hay que separar las dos discusiones. Una cosa es la minería y otra es el RIGI, que es un régimen específico.

Considero que la discusión no es minería sí o minería no, del mismo modo que no es Vaca Muerta sí o Vaca Muerta no. Todos los sectores son importantes. La pregunta es qué rol tiene ese sector en el desarrollo del país.

Fijate lo que pasa hoy: tanto la minería como los hidrocarburos, gracias a Vaca Muerta, están exportando como nunca en la Argentina y, sin embargo, eso no está traccionando al conjunto de la actividad económica. No es culpa de la minería ni de Vaca Muerta, es un problema de cómo está diseñado el modelo económico.

Creo que la minería puede jugar un papel muy importante, tanto en la provisión de divisas a través de las exportaciones como en el proceso de agregado de valor, para encadenar otros sectores productivos y jugar un papel importante en la transición energética. Es un sector muy importante. Por supuesto, después hay discusiones legítimas respecto de su licencia social y el cuidado medioambiental.

—Entonces, ¿qué es lo que cuestionás del RIGI?

—Lo que veo como crítico es que el RIGI es un sistema diseñado no para alentar el desarrollo del sector en función del desarrollo del país, sino como una economía de enclave. No conecta el desarrollo del sector con el resto de la economía nacional y hace concesiones que creo que en muchos casos son excesivas. Además, es totalmente discrecional.

Vos creás un régimen donde después es un funcionario el que dice qué proyecto entra y cuál no. El espíritu de un régimen de inversión es construir parámetros objetivos en función del desarrollo de un sector.

La discrecionalidad, además, habilita cualquier tipo de suspicacias, porque son sectores que mueven mucho dinero. Después depende de un funcionario de turno decir qué proyecto entra y cuál no. Está mal diseñado.

Cuando nosotros hablamos de revisar eso, no estamos diciendo que no haya que tener ningún tipo de régimen de incentivo a las inversiones. Lo que hay que hacer es revisar un sistema que está mal diseñado, evaluar cuáles son las exenciones que tienen sentido y cuáles no, y cómo convertirlo en un régimen menos discrecional. Sobre todo, insisto, hay que encadenar el desarrollo del sector al resto de la economía del país, de las provincias y también desde una perspectiva federal y nacional.

—Para cerrar, ¿qué tres enseñanzas puede dejarle al peronismo argentino la campaña de Lula en Brasil?

—Primero, no tirar la toalla nunca. Todos los analistas decían que la elección estaba perdida. Uno consume encuestas y escucha a politólogos. Pero la política es hacer posible lo imposible; ese es el arte de la política. Y eso fue una gran clase de Lula, de cómo hacer posible lo que parece imposible.

Lo segundo es confiar en la movilización de la gente. Hubo mucha apelación a la movilización popular en Brasil. Cuando digo movilización popular no me refiero solamente a la forma tradicional, en la calle, sino también a la digital. El rol que tuvo el activismo digital en la campaña del balotaje fue muy importante. Todos estuvimos comentando en estos días el tipo que armó el canal de WhatsApp con 10 millones. Hay algo ahí a lo que hay que prestarle atención.

Y creo que también hay que poner en valor las decisiones políticas que tomó Lula, muchas veces asumiendo riesgos. Cuando Lula sale y prohíbe las apuestas, vos decís: “Bueno, esto puede ser un gol de media cancha o puede ser lo que termine de hundirlo, un desastre”.

Me parece que ahí se ve la estatura de un político. Si estás todo el tiempo midiendo qué va a pasar si tomás una medida, quién se va a enojar o a quién le va a gustar, no hacés nada. El resultado final es que no hay que hacer nada o no hay que decir nada. Hay políticos que están todo el tiempo midiendo las palabras para no enojar a nadie y terminan no diciendo nada.

Lo que hay que aprender de Lula es eso: tenés que ser auténtico y jugarte. Aunque una medida pueda parecer hoy impopular, mañana puede no serlo. Lula tuvo esa audacia no solamente con las apuestas, sino que tomó una serie de medidas concretas, asumió riesgos y se la jugó por una convicción y por determinados valores que a veces parece que no están de moda o que no garpan en la sociedad.

Muchos políticos especulan en función de eso. Me parece que la gran enseñanza es no especular, jugártela con autenticidad y entender que, en muchos casos, da resultado.

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