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HISTORIA

Quién es Francis Halzen, el físico belga que ganó el Nobel de Física 2026

A los 82 años, fue reconocido por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía provenientes de fuentes astrofísicas.

6 de octubre de 2026 - 08:49

Francis Halzen es un físico belga de 82 años que dedicó buena parte de su carrera a estudiar una de las partículas más esquivas del universo: los neutrinos. Este martes fue distinguido en solitario con el Premio Nobel de Física 2026 por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.

Nacido el 23 de marzo de 1944 en Tienen, Bélgica, Halzen desarrolló una trayectoria científica vinculada principalmente a la física de partículas y la astrofísica. Estudió en las universidades católicas de Lovaina y posteriormente desarrolló gran parte de su carrera académica en Estados Unidos.

Actualmente es profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison, donde además dirige el Instituto de Física de Partículas Elementales. Desde allí encabezó durante décadas el desarrollo de una iniciativa que permitió observar el universo de una manera completamente diferente.

Francis Halzen y la idea de utilizar el hielo de la Antártida

A finales de la década de 1980, Halzen comenzó a impulsar una idea que en ese momento parecía ambiciosa: utilizar el hielo profundo y transparente de la Antártida como un gigantesco detector de partículas.

El objetivo era detectar neutrinos, partículas subatómicas que prácticamente no interactúan con la materia. Por esa característica pueden atravesar enormes distancias sin desviarse y llegar hasta la Tierra desde regiones extremadamente lejanas del universo.

El proyecto terminó dando origen a IceCube, un enorme observatorio instalado bajo el hielo del Polo Sur. El detector utiliza miles de sensores distribuidos a gran profundidad para registrar los pequeños destellos de luz producidos cuando un neutrino interactúa con el hielo.

El observatorio quedó completamente instalado en 2011 y comenzó a proporcionar información que permitió estudiar neutrinos provenientes de fuentes ubicadas fuera de nuestra galaxia.

Las partículas que permiten mirar el universo

Los neutrinos son conocidos popularmente como “partículas fantasma” debido a su extraordinaria capacidad para atravesar la materia. Millones de ellos atraviesan constantemente nuestro planeta y nuestros cuerpos sin que podamos percibirlos.

Su estudio es especialmente importante porque pueden transportar información desde algunos de los fenómenos más extremos del cosmos. A diferencia de la luz, los neutrinos pueden viajar grandes distancias sin ser absorbidos o desviados de manera significativa.

El trabajo desarrollado por Halzen y el equipo de IceCube permitió detectar neutrinos de muy alta energía de origen astrofísico, aportando una nueva herramienta para investigar objetos y acontecimientos extremos del universo.

Un proyecto que cambió la astronomía

La importancia de IceCube va más allá del descubrimiento de nuevas partículas de origen cósmico. Sus observaciones contribuyeron al desarrollo de la denominada astronomía multimensajera, que combina distintas señales procedentes del universo para estudiar los mismos fenómenos.

De esta manera, los científicos pueden analizar el cosmos no solamente a través de la luz, sino también mediante partículas como los neutrinos y otras señales producidas por acontecimientos de enorme violencia.

El reconocimiento del Nobel corona así una trayectoria de décadas dedicada a transformar un sector del hielo antártico en una ventana hacia los lugares más extremos del universo. Para Halzen, aquella idea planteada hace más de 30 años terminó convirtiéndose en uno de los grandes observatorios de partículas de la ciencia moderna.

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