En la cuenta regresiva hacia el Día del Niño, que en Argentina se celebrará este año el domingo 16 de agosto, una reflexión invita a cambiar la pregunta habitual de estas fechas: en lugar de pensar solamente qué regalarles a los chicos, preguntarnos qué necesitan realmente de los adultos.
Día del Niño: una carta de la infancia para los adultos que invita a frenar, escuchar y estar presentes
Desde su experiencia de tres décadas en el consultorio, la Magister en Psicología Silvana Bellotti propone mirar el Día del Niño desde otro lugar: más allá de los regalos y las pantallas, las infancias necesitan tiempo, escucha, abrazos y adultos disponibles.
La propuesta surge de la mirada de la Magister en Psicología Silvana Bellotti, quien hace treinta años trabaja con niños en su consultorio. Desde ese espacio cotidiano de escucha, juego y acompañamiento, la profesional construyó una particular mirada sobre las infancias actuales: niños que crecen en un mundo acelerado, rodeados de estímulos y pantallas, pero que siguen necesitando algo tan esencial como sentirse vistos, escuchados y acompañados.
“Hace treinta años que mi vida transcurre a la altura de los niños”, expresa Bellotti al presentar una carta imaginaria escrita desde la perspectiva de las infancias. Una carta dirigida a los adultos que corren, trabajan, resuelven, compran y muchas veces sienten que deben hacer cada vez más para garantizarles bienestar a sus hijos.
“Necesitamos que nos miren a los ojos”
La carta propone detenerse en aquello que muchas veces queda oculto detrás de las demandas infantiles. Un dibujo que se muestra, una pregunta insistente, una rabieta, un llanto o una herida en la rodilla también pueden ser formas de pedir atención y presencia.
Desde esa mirada, la felicidad infantil no aparece asociada a la cantidad de juguetes, al precio de un regalo o al acceso permanente a dispositivos tecnológicos. Se vincula, en cambio, con experiencias simples: compartir un juego, caminar de la mano, mirar las nubes, preparar una chocolatada, escuchar un relato o simplemente estar.
“Lo que más nos abriga por dentro no cuesta un solo peso”, plantea la reflexión. Y allí aparece una de las ideas centrales: cuando un adulto mira verdaderamente a un niño, le transmite que importa, que existe y que merece ser escuchado.
El desafío de acompañar las emociones
Otro de los mensajes que atraviesa la carta está relacionado con el modo en que los adultos acompañan el llanto, el enojo y la tristeza.
Frente a un niño que llora, muchas veces aparece la urgencia por distraerlo o hacer que deje de llorar. Sin embargo, la propuesta de Bellotti apunta en otra dirección: permanecer cerca, sostener y validar aquello que está sintiendo.
No se trata de resolver inmediatamente la emoción, sino de transmitirle al niño que puede atravesarla acompañado. Que su tristeza no incomoda. Que su enojo no provoca rechazo. Que puede llorar y, aun así, seguir siendo querido.
En ese sentido, la presencia adulta se transforma en un refugio emocional: un lugar seguro desde donde los chicos pueden aprender, progresivamente, a reconocer y regular lo que sienten.
Menos velocidad, más juego
La carta también pone el foco en una palabra que parece cada vez más difícil de encontrar en la vida cotidiana: tiempo.
Los chicos necesitan tiempo para aburrirse, imaginar, inventar y jugar. Una caja de cartón puede convertirse en una casa; una manta, en un barco; una piedra, en un tesoro. La imaginación infantil no necesita grandes recursos, sino espacio.
Y ese juego también reclama la participación de los adultos.
Un rato de cosquillas, una caminata sin apuro o una conversación antes de dormir pueden tener un valor afectivo mucho mayor que cualquier objeto material. Son momentos que construyen recuerdos, fortalecen vínculos y transmiten una certeza fundamental: “estoy acá para vos”.
El regalo que no se compra
En un contexto en el que el Día del Niño suele estar acompañado por promociones, juguetes y regalos, la reflexión propone recuperar el sentido afectivo de la fecha.
La celebración puede ser, entonces, una oportunidad para revisar cuánto tiempo compartimos con los niños y qué lugar ocupan sus emociones, sus preguntas y sus mundos imaginarios en la dinámica familiar.
La carta no busca cuestionar el valor de los regalos ni desconocer el esfuerzo de las familias. Su invitación es otra: que el regalo material no reemplace la presencia.
Porque un niño puede disfrutar de un juguete nuevo y, al mismo tiempo, necesitar que un adulto se siente a jugar con él.
Puede tener una habitación llena de objetos y necesitar un abrazo.
Puede contar con una pantalla para entretenerse y necesitar que alguien escuche aquello que todavía no sabe cómo decir.
“Regalemos presencia”
Hacia el final de su reflexión, Bellotti recupera su propia voz como adulta y profesional para dejar un mensaje a las familias.
Este Día del Niño, propone no preocuparse únicamente por aquello que se envuelve con un moño. También mirar, escuchar, jugar, abrazar y compartir.
Porque detrás de las conductas que a veces los adultos interpretan como berrinches, caprichos o demandas puede haber una necesidad mucho más sencilla: la de sentirse acompañado.
La infancia no pide adultos perfectos. Pide adultos disponibles.
Y quizás uno de los regalos más importantes de este Día del Niño sea justamente ese: frenar por un momento el ritmo de todos los días para mirar a los chicos a los ojos y decirles, con hechos, que estamos ahí.
Contacto:
Magister en Psicología
Escritora de libros
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