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Jardín

Reformas : por qué el final del invierno es el momento ideal para renovar los espacios exteriores

Reformar un jardín no implica solamente plantar o podar. Pérgolas, decks, caminos, canteros y otras estructuras permiten transformar el espacio exterior y hacerlo más funcional. El final del invierno ofrece una buena oportunidad para planificar y ejecutar estos trabajos antes de la llegada de la primavera.

Por María Inés Montes 23 de agosto de 2026 - 06:00

El jardín no se detiene durante los meses fríos. Aunque muchas plantas disminuyen su actividad y el paisaje cambia de aspecto, el invierno y especialmente su tramo final ofrecen una oportunidad para observar, corregir y proyectar modificaciones que se disfrutarán durante los meses más cálidos.

La ausencia de parte del follaje permite visualizar con mayor claridad la estructura del espacio: los recorridos, los sectores vacíos, las proporciones y aquellos lugares que necesitan una intervención. Por eso, especialistas en jardinería consideran esta etapa especialmente útil para planificar trabajos y preparar el jardín para la primavera.

El momento de planificar

Antes de comenzar una obra, es importante analizar qué necesita realmente el jardín. Revisar el sistema de riego, observar el drenaje, estudiar la orientación del sol y conocer las características del suelo son algunos de los primeros pasos.

También conviene definir qué uso tendrá cada sector. Un espacio puede estar destinado al descanso, a reuniones familiares, a la circulación o simplemente a convertirse en un punto focal del paisaje.

Con estas decisiones tomadas, será más sencillo elegir materiales, dimensiones y ubicación de las estructuras.

Pérgolas, decks y caminos

Las pérgolas son una de las alternativas más utilizadas para generar sombra y delimitar sectores de estar. Además, pueden funcionar como soporte para plantas trepadoras y convertirse en un elemento destacado del diseño.

Los decks, en tanto, permiten crear superficies de transición entre la vivienda y el jardín. La elección de la madera o de materiales alternativos debe contemplar su resistencia a la intemperie y las necesidades de mantenimiento.

Otra posibilidad son los senderos y caminos, que organizan la circulación y conectan diferentes áreas. Piedra, lajas, adoquines o cemento pueden utilizarse de acuerdo con el estilo general del espacio.

Más que estética: funcionalidad

Una estructura bien ubicada puede cambiar completamente la manera de utilizar un jardín. Una pérgola puede convertirse en un comedor exterior; un camino puede ordenar el recorrido; un murete puede resolver un desnivel y un cantero puede delimitar visualmente un sector.

Por eso, la obra debe pensarse como parte de un proyecto integral y no como un elemento aislado. La orientación solar es especialmente importante. Antes de construir una estructura de sombra, por ejemplo, es necesario observar cómo se desplaza el sol durante el día y en qué momentos se necesita protección.

También hay que considerar el viento, las lluvias y las características propias del clima de cada región.

El suelo y el drenaje, dos cuestiones fundamentales

Una obra exterior necesita bases firmes y un correcto manejo del agua. El drenaje deficiente puede provocar acumulaciones de humedad, deteriorar materiales y afectar las raíces de las plantas.

Antes de construir caminos, decks, muretes o estructuras de mampostería, es recomendable estudiar el terreno y prever pendientes y sistemas de evacuación adecuados.

La elección de materiales también debe responder a las condiciones del lugar. Maderas tratadas, metales protegidos contra la corrosión y piedras resistentes pueden ofrecer una mayor durabilidad si están correctamente instalados y mantenidos.

El jardín también se diseña desde la vegetación

Las obras deben convivir con las plantas existentes y con aquellas que se incorporarán posteriormente. Por eso, antes de definir la ubicación de una estructura hay que observar las horas de sol, las zonas de sombra y las necesidades futuras de riego.

El invierno permite, además, apreciar la estructura del jardín con mayor facilidad. La menor presencia de follaje deja al descubierto problemas de diseño, sectores desproporcionados y recorridos que pueden modificarse antes de que comience el crecimiento intenso de primavera.

En cuanto a las podas, no todas las especies requieren el mismo tratamiento. En árboles y arbustos caducos, determinadas intervenciones pueden realizarse durante el reposo, pero siempre es necesario conocer las características de cada especie y evitar podas innecesarias.

Estructuras que pueden transformar un jardín

Además de pérgolas y decks, existen otras alternativas para incorporar arquitectura al paisaje:

Glorietas: crean pequeños espacios de descanso y pueden convertirse en puntos focales rodeados de vegetación.

Arcos y enrejados: permiten sostener plantas trepadoras, marcar accesos y generar diferentes niveles de altura.

Puentes: pueden utilizarse sobre estanques, pequeños cursos de agua o sectores de cañadas secas, aportando recorrido y atractivo visual.

Canteros y muretes: ayudan a organizar el terreno, separar ambientes y resolver diferencias de nivel.

Cada estructura debería responder a una necesidad concreta y, al mismo tiempo, integrarse con la arquitectura de la vivienda y la vegetación.

Una obra pensada para disfrutar todo el año

El objetivo de renovar un jardín no es solamente lograr un espacio atractivo durante la primavera y el verano. Un buen diseño debe contemplar cómo se verá y cómo funcionará durante las diferentes estaciones.

Por eso, el final del invierno puede ser una etapa clave para proyectar. Con el jardín más despejado, es posible detectar necesidades, corregir problemas, definir materiales y avanzar con las obras necesarias.

La planificación anticipada permite llegar a la primavera con los trabajos terminados y el espacio preparado para disfrutarlo plenamente.

En definitiva, hacer obras en el jardín es también una forma de diseñar nuevas maneras de habitar el exterior. Pérgolas, caminos, decks, canteros y otras estructuras pueden aportar comodidad, identidad y funcionalidad, siempre que se incorporen teniendo en cuenta el clima, el suelo, la luz, el drenaje y las necesidades de quienes utilizarán el espacio.

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