Hay sueños que empiezan mucho antes de que uno se anime a reconocerlos. Para Federico Sancasani, todo comenzó en San Juan, frente al espejo de su casa y entre peines, secadores y cabellos de su madre y sus tías.
Se fue de San Juan a los 18 años y hoy triunfa en Barcelona: la historia del estilista que conquistó Europa
Federico Sancasani nació y creció en San Juan, donde descubrió de adolescente su pasión por la peluquería. Dejó la provincia a los 18 años, pasó por La Rioja y Mendoza y luego emigró a Europa. Tras años de trabajo y formación, se convirtió en un reconocido estilista en Barcelona, atendió a figuras internacionales y hoy tiene su propio salón.
Tenía apenas 12 o 13 años cuando descubrió que había algo en el mundo de la estética que lo atrapaba. Al principio fue un hobby. Después se transformó en una vocación. Y finalmente, en una profesión que lo llevó a cruzar el océano.
Hoy, a sus 40 años, Federico vive en Barcelona, donde construyó una carrera como estilista, especialista en color y director artístico. Tiene su propio salón y trabaja con clientas argentinas, españolas y turistas que llegan desde distintos lugares del mundo. Pero para llegar hasta allí tuvo que empezar varias veces.
Un sanjuanino que descubrió su vocación casi a escondidas
Federico nació en San Juan el 3 de febrero de 1986. Es hijo de Edgardo Emilio Sancasani, conocido como “el Chango Sancassani”, y Viviana Laona.
Cursó la primaria y la secundaria en la provincia y en 2003 se recibió en el colegio Santa Rosa de Lima. Su relación con la estética comenzó mucho antes de pensar en convertirla en una profesión.
“Descubrí lo estético a los 12 o 13 años”, cuenta. Su primera inspiración estuvo en su propia familia. “Siempre me iba para el lado de la estética. La peluquería siempre me gustó. Ponía atención en mi madre, que era un gran exponente para mí, y en mis tías”. Así comenzaron sus primeros trabajos. “Empecé peinando a mi madre y a mis tías y les cobraba. Me ayudaban. Después las peinaba dos veces a la semana”.
Aquello que comenzó como un juego fue creciendo. Sin embargo, durante aquellos años Federico sentía que debía mantener esa faceta de su vida puertas adentro. “Siempre era para adentro, nunca lo podía exteriorizar”.
Con el tiempo, la pasión pudo más. Estudió Diseño de Interiores en Mendoza y luego realizó un máster en Diseño de Indumentaria. Una y otra vez, sus elecciones terminaban llevándolo hacia el mismo lugar: la estética.
A los 18 años dejó San Juan y empezó a recorrer su propio camino
Federico dejó la provincia cuando tenía apenas 18 años. Primero se instaló en La Rioja, donde trabajó en empresas familiares. Después llegó a Mendoza. Allí tenía un negocio, trabajaba en un banco y llevaba una vida que, desde afuera, podía parecer resuelta.
Pero junto a Alex Fernando Valles, quien entonces era su pareja y hoy es su socio y “hermano de la vida”, comenzó a pensar en otro futuro. “Vivíamos bien, pero llegó un momento en que el caudal de ahorro no era viable. Fue cuando le planteé a Alex que nos fuéramos a Europa”. La decisión significaba dejar atrás una vida cómoda para empezar prácticamente desde cero.
“Fue difícil dejar una vida cómoda, una vida resuelta. Pero era el momento de irnos y descubrir”. Y se fueron.
España: empezar desde abajo y perderle el miedo al espejo
El desembarco en Europa no tuvo nada de sencillo. Federico llegó a España sin tener todavía regularizada su situación y tuvo que buscar oportunidades mientras intentaba construir una nueva vida.
Sus primeros años fueron en Denia, en la Costa Blanca, entre Alicante y Valencia. Allí vivió en la casa de una amiga y consiguió una oportunidad en una peluquería gracias a la ayuda de la familia. Ese lugar se convirtió en su verdadera escuela profesional. “Fue ahí donde empecé a perderle el miedo a estar frente a un espejo con una clienta sentada”. Ya no había madre ni tías. Ahora había clientas que esperaban de él un resultado. Y, Federico tuvo que confiar en lo que sabía hacer. “Tenía que sacar mis dotes argentinos, conquistarlas para entrar en confianza con todas las mujeres que iban a la peluquería”.
Vivió dos años en Denia. Después viajó a Milán para continuar su formación y realizar los trámites relacionados con su ciudadanía italiana. Finalmente llegó a Barcelona. Y allí encontró el lugar que terminaría llamando casa.
“Barcelona es mi casa”
Hace alrededor de 12 años que Federico vive en la ciudad catalana. La adaptación fue uno de los grandes desafíos. “Es difícil mudarte a otro país. El mismo idioma, pero con culturas totalmente distintas. Tenes que amoldarte”.
Incluso descubrió que emigrar podía cambiar aspectos de su propia personalidad.
“Desde que vivo en Barcelona soy la persona más puntual del mundo, cosa que yo no era”. Pero el cambio más profundo fue emocional. Durante un tiempo vivió con la sensación de estar dividido entre Argentina y España, entre la posibilidad de regresar y la necesidad de construir una nueva vida.
“Hasta que un día hice el trabajo y dije: me desprendo de Argentina, que es el lugar donde amo y nací, pero decidí estar aquí, amoldarme y salir adelante”.
Con el paso del tiempo, Barcelona dejó de ser un destino. Se convirtió en su casa. “Barcelona la amo, me apasiona. Es mi casa hoy”.
Ocho años junto a los grandes de la peluquería catalana
En Barcelona llegó una de las etapas más importantes de su carrera. Federico trabajó durante unos ocho años en un reconocido salón de los hermanos Toro, referentes de la peluquería en Cataluña. Allí logró consolidar una importante clientela y profundizar su formación. “Confiaron mucho en mí. Allí logré una hermosa clientela. Somos amigos hoy en día”.
El crecimiento profesional también le abrió las puertas a trabajar con figuras conocidas del mundo de la música. Entre las personalidades que atendió se encuentran Belinda, Christian Nodal y Bad Gyal. Para Federico, esos encuentros son parte de las experiencias inesperadas que aparecen después de años de trabajo. “Son esas cosas que te regala la vida y que hoy agradezco”.
Con el tiempo también encontró una especialización: el color y, particularmente, los tonos rubios. “Mi especialidad son los rubios. Hago muchísimo”.
El día que decidió abrir su propio salón
Después de casi una década de experiencia en Barcelona, llegó otro momento decisivo. Federico y Alex decidieron dejar atrás la seguridad de trabajar para otros y apostar por su propio proyecto. Así nació Time – Rituals for Hair & Wellbeing, un salón ubicado sobre avenida Diagonal, cerca de la Sagrada Familia. El nombre tiene un significado especial.
"Time". Todo tiene su tiempo, el nombre del salón
“Somos Fede y Alex y tuvimos que esperar nuestro momento para cumplir el sueño de emprender y construir nuestro propio salón en España”. La frase resume buena parte de su historia. Primero fue el adolescente sanjuanino que descubrió una pasión. Después, el joven que dejó su provincia.
Más tarde, el argentino que emigró y tuvo que empezar de cero. Y finalmente, el profesional que consiguió construir su propio espacio en Barcelona.
Una peluquería con mate, vermouth y espíritu argentino
En Time conviven distintas partes de la vida de Federico. Hay clientas catalanas, argentinas y turistas. Hay formación, color, cortes y tendencias. Pero también hay mate, vermouth y vino. “Es una peluquería argentina, catalana, y me la paso muy bien. Se toma vermouth, se toma vino, hasta se toma mate en la peluquería”. La frase parece resumir perfectamente su presente. “Tengo mi país y lo que quise descubrir juntos en uno”.
La belleza como una experiencia
Federico es actualmente el director artístico del salón. Alex, su socio, está a cargo de los números, las redes y la dirección general. Juntos trabajan en una idea que va más allá de la peluquería tradicional. Quieren que quien llegue a Time no sienta simplemente que fue a cortarse o teñirse el cabello.
“Buscamos transformar el salón en un espacio de belleza, de escucha y de presencia, donde cada persona se sienta vista por dentro y por fuera”. A ese concepto lo llaman belleza consciente.
Para Federico, el secreto de un buen corte o un buen color no está únicamente en la técnica. Está en escuchar. “Dedicar un momento para conectar con la persona, observar sin juzgar y escuchar sin hablar. Esta es la clave para que un color o un corte sea un éxito”.
En su mirada, cambiar el cabello también puede significar cambiar algo más. “El corte y el color del cabello son como un ritual de renovación”.
De San Juan a Barcelona, pero sin olvidar de dónde viene
La historia de Federico es también la de un sanjuanino que tuvo que aprender a reconstruirse lejos de su tierra. “Creo que me tuve que construir y reconstruir”.
Hoy mira hacia adelante. Junto a Alex proyecta continuar creciendo, viajar para realizar nuevas formaciones y trabajar en un proyecto para abrir un salón más grande.
Mientras tanto, continúa detrás del espejo, haciendo aquello que comenzó casi como un secreto en San Juan cuando tenía 12 años. La diferencia es que ahora ya no lo hace a escondidas. Lo hace en Barcelona, frente a clientes de distintas partes del mundo, con una trayectoria construida a fuerza de trabajo, formación y perseverancia.
Y cada vez que aparece una nueva clienta, vuelve a repetirse, de alguna manera, aquella escena de su adolescencia: Federico frente a un espejo, transformando una imagen y descubriendo, una vez más, que había elegido el camino correcto para su vida.