En ocasiones los padres nos planteamos interrogantes como, ¿cuál es la importancia de enseñar a nuestros hijos a manejar rabietas?, si estoy en condiciones de comprarle todo lo que quiere ¿por qué no hacerlo?, al tiempo que se realizan afirmaciones como, cuando tenga un hijo le voy a dar todo lo que yo no pude tener…, no me gusta verlo llorar. Estas y otras frases las escuchamos a menudo en el lenguaje coloquial de muchos papás, y es natural que en ocasiones surjan ya que los padres aspiran en la mayoría de los casos a que sus hijos no sufran, no tengan necesidades y disfruten de la vida lo mejor posible, dentro de sus posibilidades. Sin embargo, lo que no advertimos es que detrás de frases como estas se esconde un peligro potencial para nuestros hijos y la sociedad en general: “El no enseñarles a tolerar la Frustración”.

 

En forma general se habla de frustración para definir la sensación de impotencia, rabia y tristeza que se experimenta por no conseguir algo que se desea. La percibimos como una emoción negativa debido a que no cumplimos algo que anhelamos, un proyecto o una ilusión. Es fundamental tolerar la frustración y a esto se aprende progresivamente desde la niñez. Podemos ayudar a nuestros hijos a adquirir a lo largo del desarrollo las herramientas y habilidades necesarias para poder lograrlo.

 

 


El problema no está en el malestar o dolor que se experimenta frente a la frustración,sino en nuestra actitud ante ellos. Muchas personas se sienten impotentes para enfrentar el malestar o el sufrimiento y se perciben sin estrategias de afrontamiento.  La frustración es parte de la vida no podemos evitarla, pero si podemos aprender a aceptar y enfrentar los problemas y limitaciones que se presentan con una mirada más positiva y actuar en consecuencia.

 

La vida nos enfrenta frecuentemente a situaciones de frustración. Basta con mirar un poco a nuestro alrededor o pensar en nuestra propia historia, atravesamos numerosas situaciones que nos frustran en nuestros deseos, no siempre podemos hacer lo que queremos, cuando, del modo y donde lo queremos, y esto es una realidad que debemos ir aceptando paulatinamente desde la niñez. No preparar a nuestros hijos para ello es dejarlos desprovistos de recursos de afrontamiento frente a una realidad inevitable.

 

 

No es necesario forzar situaciones de frustración, basta con aprovechar las circunstancias de la vida cotidiana como oportunidades de aprendizaje para que vayan adquiriendo mayor tolerancia a la frustración e incrementando los tiempos de espera. El niño cuando nace y es muy pequeño tiene conductas que los adultos podríamos considerar egoístas o egocéntricas. Dichas conductas son esperables al comienzo ya que el niño siente la necesidad de eliminar inmediatamente cualquier displacer y no dispone por si mismo aún de herramientas para disminuir o tolerar su malestar.


En la medida en que el ser humano va alcanzando mayores niveles de madurez neurológica y emocional, tanto a nivel motriz como intelectual o cognitivo, con la ayuda del medio, principalmente de sus padres o cuidadores, debe ir tolerando mayores tiempos de espera, los límites a sus impulsos, los NO de sus padres,es decir, aprender a tolerar pequeñas frustraciones.  El niño de acuerdo a la edad y madurez debe ser acompañado por sus padres en la adquisición de  estos aprendizajes, quienes deben brindar las condiciones favorecedoras para que los incorpore. 

 

 

El papel de los padres y educadores es acompañar y contener al niño en los momentos en que la frustración aparece. Ayudándolo a reconocerla, a tomar contacto con las emociones que le genera y posteriormente a elaborar soluciones alternativas. De este modo lo ayudara a incorporar tiempos de espera, estrategias de resolución de conflictos, se estimula la creatividad y se trabaja la aceptación.

 

 
La mayoría de los padres actúan de acuerdo a su experiencia y del modo que fueron educados algunos de un modo más sobreprotector y otros menos, en ese continuo habitan la mayoría de padres, más cerca de uno u otro polo, dependiendo de la situación, del carácter del niño, del estado de ánimo en ese momento, del cansancio, etc. Es decir, sin una línea de acción definida en un aspecto tan importante como es ayudar al niño a manejar una de las habilidades emocionales más importantes para su futuro. 

 

 

Los niños que no han aprendido a autoregularse frente a la frustración frecuentemente responden a ella con: 

 

- Agresividad y/o rabietas. 

 

- Abandono y falta de perseverancia en las tareas.

 

- Buscan ser el centro de atención.

 

- No respetan turnos.

 

- Inseguridad y/o ansiedad.

 

- Dificultad para controlar sus emociones.

 

- Exigencias desmedidas

 

- Búsqueda inmedianta de la satisfacción

 

- Intolerancia al error. 

 

- Resistencia a los cambios.

 

- Impulsividad.

 

- Poca flexibilidad en su pensamiento, es blanco o negro. 

 

Todas estas conductas generan muchos conflictos y repercuten en la adaptación social del niño, los padres deben estar atentos para identificarlas y trabajarlas en casa y en caso de ser necesario, realizar la consulta profesional correspondiente. 

 


 

A continuación se detallan algunos aspectos a tener en cuenta para ayudar a nuestros hijos a sobrellevar la frustración:

 

- No hacer las cosas por el niño. Trabajar sobre nuestra paciencia y esperar a que realice las tareas que le designamos en el tiempo que pueda, aunque se demore o equivoque.Ayudarlo a experimentar el error como algo positivo a partir de lo cual puede aprender cómo hacer las cosas. Favorecerá además que adquiera mayor confianza y se afiance su autoestima. 

 

- Brindar contención y seguridad, mostrarse en una actitud de acompañamiento y apoyo para que él encuentre su manera de hacer las cosas y resolver los problemas. 

 

- Se pueden utilizar otros recursos para trabajar la frustración como cuentos, representación de roles, viñetas, etc. 

 

- Dar el ejemplo, si el niño ve que sus padres afrontan el error de un modo positivo aprenderá más fácilmente a tener una mirada alentadora sobre las dificultades. Para esto es necesario que los padres revisen la forma en que enfrentan el fracaso, la frustración y el error. 

 

- Enseñarle a ser perseverante.

 

- Cuando el niño está molesto porque no logró algo, realizarle preguntas que lo ayuden a salir del enojo y a buscar otras alternativas como: ¿qué podrías hacer en lugar de molestarte y rendirte?, ¿Pensemos, que otra cosa se te ocurre?.

 

- Enseñarle a pedir ayuda, ya que a algunos niños les cuesta solicitarla cuando la necesitan.Es recomendable cuando lo pide darle una pequeña ayuda que le permita seguir por sí mismo, sin darle todo resuelto.

 

- Mostrarles que hay más de una solución para un problema. 

 

- No enfrentarlo a situaciones o problemas para los cuales aún no está listo de acuerdo a su edad y madurez. Hay situaciones que,por la edad del niño y la complejidad, requieren necesariamente la intervención de un adulto.

 

- Modificar la tarea enseñando al niño una forma alternativa de alcanzar el objetivo. 

 

- Elogiarlo cuando muestre respuestas apropiadas frente a la ira en situaciones de frustración. 

 

- Ayudarle a identificar las emociones que surgen cuando algo no sale como lo esperaba. Es importante que hable sobre todo de emociones, de cómo se siente. Ponerlo en palabras, es el principio de la aceptación y le ayudará a encontrar sus propias maneras de resolverlo. Es bueno también compartir con el niño experiencias similares que haya pasado y resuelto uno mismo a su edad. Esto ayudará a que se sienta comprendido en su situación.

 

- Si el niño está intentando una tarea y no lo logra, puede resultar beneficioso cambiar de actividad y volver a intentarlo luego cuando se encuentre más tranquilo.

 

Colaboración. Licenciada en Psicología Natalia Mestre