Dejar de fumar después de décadas de consumo puede parecer que llega “demasiado tarde”, pero la evidencia médica muestra lo contrario. El organismo comienza a recuperarse desde las primeras horas sin cigarrillos y los beneficios continúan acumulándose durante años, con efectos especialmente importantes sobre el corazón, los pulmones y el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer.
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Dejar de fumar en la mediana edad cambia el cuerpo: qué mejora en pulmones, corazón y otros órganos
Abandonar el cigarrillo a los 40, 50 o incluso después de los 60 puede reducir de manera importante los riesgos acumulados durante años de tabaquismo. Algunos beneficios comienzan en cuestión de horas.
La recuperación no es idéntica en todos los órganos ni significa que el daño previo desaparezca por completo. Sin embargo, abandonar el tabaco durante la mediana edad puede frenar procesos que continúan deteriorando el organismo y reducir significativamente las probabilidades de enfermedades graves.
Los especialistas coinciden además en un punto: no existe una edad en la que dejar de fumar deje de ser beneficioso. Incluso quienes abandonan el hábito después de los 60 años pueden obtener mejoras cardiovasculares, respiratorias y en expectativa de vida.
Qué pasa en el cuerpo después del último cigarrillo
Los primeros cambios aparecen mucho antes de lo que suele imaginarse. Según la Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Salud argentino, el organismo inicia una serie de modificaciones progresivas prácticamente desde el momento en que se interrumpe el consumo.
- A los 20 minutos: comienzan a bajar la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
- Dentro de las primeras 12 horas: el monóxido de carbono en sangre desciende hasta niveles normales.
- Entre 2 y 12 semanas: mejora la circulación y aumenta la función pulmonar.
- Entre 1 y 9 meses: disminuyen la tos y la dificultad para respirar.
- Al año: el riesgo de enfermedad coronaria es aproximadamente la mitad del que presenta una persona que continúa fumando.
- Entre 5 y 10 años: disminuye el riesgo de accidente cerebrovascular y de distintos cánceres asociados al tabaquismo.
- Entre 10 y 15 años: el riesgo de cáncer de pulmón puede caer aproximadamente a la mitad respecto de quien sigue fumando.
- A los 15 años: el riesgo de cardiopatía coronaria puede acercarse al de una persona que no fuma.
Qué ocurre con los pulmones
Los pulmones son uno de los órganos que reciben de manera directa las sustancias tóxicas del humo. La exposición sostenida produce inflamación y daño celular y puede favorecer tanto el desarrollo de cáncer como de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
Dejar de fumar no necesariamente revierte todo el daño estructural que ya existe, especialmente cuando hay enfisema, pero sí puede frenar considerablemente el deterioro progresivo asociado al consumo de tabaco. También disminuyen con el tiempo la tos, la acumulación de secreciones y la sensación de falta de aire.
Además, pequeñas estructuras llamadas cilios, encargadas de ayudar a limpiar mucosidad y partículas de las vías respiratorias, comienzan a recuperar su funcionamiento durante los meses posteriores al abandono del cigarrillo.
El riesgo de cáncer también disminuye
Uno de los efectos más importantes de abandonar el tabaquismo durante los 40 o 50 años aparece a largo plazo.
Un estudio publicado en JAMA Oncology, que analizó a más de 410.000 adultos, encontró que quienes dejaron de fumar entre los 35 y los 44 años evitaron alrededor del 89% del exceso de riesgo de muerte por cáncer asociado a continuar fumando. Entre quienes abandonaron entre los 45 y los 54 años, la reducción fue cercana al 78%.
Esto no significa que el riesgo desaparezca completamente ni que se vuelva inmediatamente igual al de una persona que nunca fumó. Lo que muestra la investigación es que cuanto antes se abandona el cigarrillo, mayor es la proporción del riesgo adicional que puede evitarse.
Otro análisis de mortalidad encontró que dejar de fumar antes de los 45 años se asocia con una reducción cercana al 90% del exceso de mortalidad relacionado con continuar fumando, mientras que abandonar entre los 45 y 64 años también produce una reducción considerable.
El corazón empieza a beneficiarse mucho antes
La recuperación cardiovascular es una de las más rápidas. El humo del cigarrillo favorece la inflamación de los vasos sanguíneos, altera la coagulación y aumenta la posibilidad de formación de placas y obstrucciones.
Cuando se deja de fumar, el corazón comienza rápidamente a trabajar en condiciones más favorables: baja la frecuencia cardíaca, desaparece progresivamente el monóxido de carbono de la sangre y mejora el transporte de oxígeno.
Con el paso del tiempo, también cae el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. Los CDC estiman que entre uno y dos años después de abandonar el tabaco el riesgo de ataque cardíaco disminuye de manera marcada.
Incluso fumar poco no elimina el peligro. Los especialistas advierten que un solo cigarrillo diario puede mantener activos procesos inflamatorios perjudiciales para las arterias.
También hay cambios en las defensas y los huesos
Los efectos del tabaquismo no terminan en pulmones y corazón. El humo mantiene al organismo expuesto permanentemente a sustancias tóxicas y también puede alterar el funcionamiento del sistema inmunitario.
Dejar el cigarrillo se asocia con menor riesgo de algunas complicaciones infecciosas y una mejor recuperación después de determinadas intervenciones quirúrgicas, según los estudios revisados por especialistas citados en el análisis.
También existe una relación entre fumar y la salud ósea. El tabaco puede interferir con la absorción de calcio y con los mecanismos de formación de tejido óseo. En adultos mayores fumadores, el riesgo de fractura de cadera es superior al observado entre quienes no fuman.
Abandonar el consumo a los 40 o 50 años no reconstruye automáticamente la densidad ósea perdida, pero puede evitar que el cigarrillo continúe acelerando ese deterioro.
¿Sirve dejar de fumar después de los 50 o 60 años?
Sí. La OMS calcula que una persona que abandona el cigarrillo alrededor de los 50 años puede ganar aproximadamente seis años de esperanza de vida respecto de alguien que continúa fumando. Si lo hace cerca de los 60, el beneficio estimado ronda los tres años.
Además de vivir más, el objetivo es hacerlo con menor riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer, deterioro pulmonar y limitaciones respiratorias.
La evidencia deja así un mensaje claro: aunque los mayores beneficios aparecen cuanto antes se abandona el tabaquismo, dejar de fumar en la mediana edad sigue teniendo un impacto importante sobre la salud y la recuperación comienza mucho antes de que transcurran años sin cigarrillos.