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Furor por las inyecciones para bajar de peso: qué dicen los especialistas sobre riesgos y límites

El furor y crecimiento de estos tratamientos abre un debate médico y social. Especialistas advierten que requieren diagnóstico y control profesional.

Por Redacción Diario de Cuyo 4 de mayo de 2026 - 16:30

Las inyecciones para bajar de peso irrumpieron con fuerza en Argentina, causan furor y abren una discusión que va mucho más allá de la estética: entre la promesa de resultados efectivos y las advertencias médicas, especialistas insisten en que no son una solución mágica sino una herramienta dentro de un tratamiento complejo.

Dicho tratamiento requiere diagnóstico, seguimiento profesional y cambios sostenidos en el estilo de vida. La obesidad “es una enfermedad crónica, multifactorial y progresiva”, explicó en Infobae en Vivo Al Mediodía, Daniela Blanco, periodista especializada en ciencia. En este sentido subrayó que aún existen percepciones erróneas que asocian este diagnóstico a cuestiones estéticas o a patrones sociales de belleza, pero que se trata de un problema médico complejo.

“Lo primero que hay que hacer es reconocerla y tratarla porque nos dispara una serie de comorbilidades o enfermedades asociadas”, afirmó. Estas comorbilidades incluyen riesgos cardiovasculares, diabetes tipo 2 y procesos inflamatorios de impacto sistémico.

Qué son las inyecciones para adelgazar y cómo funcionan

Las nuevas inyecciones antiobesidad se caracterizan por su autoadministración semanal y deben ser indicadas estrictamente por profesionales de la salud. La especialista indicó que existen dos moléculas centrales: la semaglutida y la tirzepatida. La primera es conocida en el mercado bajo el nombre Ozempic, producido por el laboratorio danés Novo Nordisk.

“Nos vamos a quedar con la molécula, que es semaglutida”, precisó Blanco. Sobre la segunda, indicó: “La otra molécula que está en el mercado, ambas disponibles, todas en la Argentina, las que voy a comentar, es tirzepatida. El nombre comercial es Mounjaro. La produce los norteamericanos Eli Lilly, y en América Latina Adium”.

Ambos principios activos nacieron para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y luego se popularizaron por su impacto en la reducción de peso y las tasas de glucosa sanguínea. “Ya Ozempic, la semaglutida, tiene una indicación específica para obesidad. Ya no es que la uso para diabetes y la hago off label para obesidad”, aclaró . Además, existen versiones locales como Obedite, una presentación de semaglutida fabricada por el laboratorio argentino Elea.

Condiciones de acceso, indicaciones y advertencias sobre el uso médico

Los medicamentos sólo se dispensan bajo prescripción médica. “No son de venta libre. Necesitás una receta”, remarcó Blanco. Explicó, además, que ni la semaglutida ni la tirzepatida son soluciones automáticas ni reemplazan hábitos saludables: “Si nosotros no cambiamos hábitos y no entendemos que bajar de peso y además actuar sobre las enfermedades asociadas, diabetes, hipertensión, cardiovasculares, si no entendemos que es con cambio de hábito, con una dieta, con ejercicio físico, todo es papel picado”.

En cuanto al mecanismo de acción, Blanco detalló que “estas inyecciones actúan con lo que se llama una hormona natural, que es la GLP-1. Las dosis antagonizan la GLP-1, recreando la hormona natural que habita en el intestino. Esta hormona natural opera sobre la saciedad y sobre el control de la glucosa. Por eso, te sacia y te armoniza metabólicamente”.

Consultada sobre las contraindicaciones, Blanco señaló: “Tenés que tener un perfil para usar la inyección, que tiene que ver con un paciente que además esté como en el sobreaviso de un desarrollo de enfermedades asociadas a la obesidad: prediabético, hipertenso, una persona que ha tenido algún episodio leve, mediano o severo cardiovascular. Ese personaje es absolutamente un paciente apto para usar inyecciones”.

El panorama en la Argentina y la situación de la obesidad infantil

“Argentina lidera el podio de obesidad infantil. Argentina, Chile, México. Supera a Estados Unidos en América Latina”, enfatizó Blanco. Ante la pregunta sobre si la pobreza incide en el problema, respondió: “La pobreza tiene que ver con falta de acceso, primero con falta de acceso médico, a que un médico pueda diagnosticar: este niño tiene obesidad infantil, lo vamos a ayudar a bajar de peso. Hay altas tasas de obesidad en sectores medios, medios acomodados”.

Respecto de la efectividad y los desafíos futuros, Blanco fue directa: “La cirugía bariátrica también la tenés que acompañar con un cambio de hábitos”. Agregó que el efecto rebote es una dificultad real: “El efecto rebote tiene que ver con la falta del cambio de hábito. Si vos acompañás, depende de la prescripción médica, la inyección probablemente te ayuda a esa transformación de tus hábitos y después la dejás y continúas con dieta y actividad física. Pero no olvidemos que va a mejorarte esas enfermedades asociadas a la obesidad”.

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