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Herpes

¿Qué es el herpes zóster? La infección que puede aumentar el riesgo de infarto y ACV

Conocido como “culebrilla”, aparece cuando se reactiva el virus de la varicela. Estudios observacionales encontraron un aumento del riesgo cardiovascular especialmente durante las primeras semanas posteriores al episodio.

Por Redacción Diario de Cuyo 2 de octubre de 2026 - 15:00

El herpes zóster suele ser reconocido por una erupción dolorosa que aparece en una zona determinada del cuerpo, pero su impacto puede ir más allá de la piel. Distintas investigaciones vienen relacionando esta infección con un incremento transitorio del riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares e infartos, especialmente durante las semanas posteriores a la aparición de los síntomas.

La advertencia volvió a cobrar relevancia después de que especialistas argentinos pusieran el foco sobre una relación menos conocida entre esta enfermedad y la salud cardiovascular. De acuerdo con datos citados por Noticias Argentinas, quienes atraviesan un episodio de herpes zóster presentan un mayor riesgo de ACV durante los meses siguientes y de infarto durante el primer mes.

La evidencia científica disponible respalda esa asociación, aunque las cifras varían según la población estudiada y el período analizado. Un estudio con más de dos millones de pacientes atendidos dentro del sistema de veteranos de Estados Unidos encontró que quienes habían tenido herpes zóster presentaban 1,35 veces más riesgo de sufrir un infarto durante los primeros 30 días.

En el caso del ACV, un metaanálisis publicado en 2024 que reunió a más de 5,5 millones de personas halló una asociación entre herpes zóster y un incremento del riesgo de stroke, especialmente durante el primer año posterior a la infección.

Qué es el herpes zóster y por qué aparece

El herpes zóster, conocido popularmente como culebrilla, es causado por el mismo virus que provoca la varicela. Después de que una persona atraviesa la varicela, el virus varicela-zóster no desaparece completamente del organismo: permanece inactivo en determinadas células nerviosas y puede reactivarse años o incluso décadas después.

Cuando eso ocurre aparece generalmente una erupción dolorosa con pequeñas ampollas, que suele distribuirse en forma de franja sobre un lado del tórax, abdomen, espalda o rostro. Antes de que las lesiones sean visibles pueden aparecer dolor, ardor, picazón u hormigueo en la zona afectada.

La posibilidad de desarrollar herpes zóster aumenta con la edad y también es mayor entre personas cuyo sistema inmunitario se encuentra debilitado por determinadas enfermedades o tratamientos.

Por qué puede afectar al corazón y al cerebro

La relación con los eventos cardiovasculares estaría vinculada con la respuesta inflamatoria que genera la infección. Frente a la reactivación viral, el organismo pone en marcha mecanismos de defensa que pueden producir inflamación vascular, alteraciones en el endotelio —la capa interna de los vasos sanguíneos— y favorecer condiciones relacionadas con la formación de coágulos.

Ese proceso no significa que una persona que tenga herpes zóster vaya a sufrir necesariamente un infarto o un ACV. Lo que muestran los estudios es un aumento estadístico del riesgo, especialmente durante el período inmediatamente posterior a la enfermedad y con mayor relevancia en quienes ya tienen factores cardiovasculares previos.

Una revisión sistemática encontró que el riesgo de ACV era particularmente elevado durante el primer mes después del herpes zóster y disminuía progresivamente con el paso del tiempo. Otra investigación alemana detectó que el período de mayor riesgo se concentraba aproximadamente entre la tercera y cuarta semana desde el inicio del cuadro.

El caso del herpes zóster en el rostro

Existe una variante que merece especial atención: el herpes zóster oftálmico, cuando la infección afecta ramas nerviosas relacionadas con el ojo y la frente.

Los metaanálisis encontraron que esta presentación está asociada con un riesgo de ACV más elevado que otras localizaciones de herpes zóster. Una revisión estimó un riesgo relativo cercano a 1,7 para ACV en pacientes con esta variante.

Además del posible componente vascular, el herpes zóster que compromete la región ocular puede provocar complicaciones sobre la visión, por lo que requiere evaluación médica rápida.

Una complicación que puede durar meses

El problema más frecuente después de la fase aguda no es cardiovascular, sino neurológico. Se denomina neuralgia posherpética y consiste en un dolor persistente en la zona donde apareció la erupción, que puede continuar durante meses o incluso años después de que las lesiones desaparecen.

El riesgo de desarrollar esta complicación también aumenta con la edad. Por eso, el herpes zóster tiene especial importancia sanitaria en adultos mayores y personas inmunocomprometidas.

La vacunación también entró en la discusión cardiovascular

La creciente evidencia sobre la relación entre infecciones y eventos cardiovasculares hizo que la vacunación comenzara a ser considerada también desde la cardiología.

La Sociedad Argentina de Cardiología recomienda la vacuna recombinante contra herpes zóster en personas con enfermedades cardiovasculares, dentro de un enfoque integral de prevención.

En Estados Unidos, los CDC recomiendan dos dosis de la vacuna recombinante contra herpes zóster para adultos de 50 años o más y también para mayores de 19 años con determinados estados de inmunosupresión. En personas mayores de 50 años con sistema inmunitario sano, los ensayos clínicos mostraron una eficacia superior al 90% para prevenir herpes zóster y neuralgia posherpética.

En Argentina, sin embargo, la vacuna contra herpes zóster no figura dentro del Calendario Nacional de Vacunación 2026, por lo que su indicación y acceso deben evaluarse individualmente con un profesional de la salud.

Cuándo consultar

Una erupción dolorosa con ampollas concentradas en una zona del cuerpo, particularmente si aparece de un solo lado, es uno de los signos característicos que debe motivar una consulta médica. También se recomienda buscar atención rápidamente cuando las lesiones aparecen cerca del ojo, en personas mayores o en pacientes con inmunosupresión.

Y si durante o después de un cuadro de herpes zóster aparecen síntomas compatibles con un ACV —como debilidad repentina de un lado del cuerpo, dificultad para hablar o alteraciones bruscas de la visión— o con un infarto —dolor intenso en el pecho, falta de aire o sudoración inexplicable—, se trata de una urgencia médica.

La principal conclusión de los estudios no es que el herpes zóster provoque inevitablemente un evento cardiovascular, sino que puede abrir durante algunas semanas una ventana de mayor riesgo, especialmente en personas que ya tienen antecedentes o factores predisponentes.

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