Hay historias de comunidades que se construyen mucho antes de que exista un papel que las certifique. La de la Asociación Civil La Gran China es una de ellas. Nacida en la localidad que lleva el mismo nombre, en Jáchal, el incentivo estuvo motivado por la solidaridad, la organización más que nada de vecinas del pueblo y el deseo de propiciar las condiciones para un mejor vivir.
Asociación Civil La Gran China y la historia de un grupo que nació para preservar la identidad de la comunidad con acciones solidarias
Si bien como asociación civil llevan solo dos años, son más lo que cosecha el grupo de La Gran China, ubicados a unos 15 kilómetros de San José de Jáchal. Una historia atravesada por la lucha, la solidaridad y el esfuerzo.
Si bien se instituyeron como asociación civil legal hace dos años, cuando obtuvieron la personería jurídica, el accionar del grupo es mucho más antiguo. Daniela Mallea, una de las integrantes del grupo comentó en contacto con DIARIO DE CUYO que las primeras acciones surgieron de un conjunto de mujeres que formaba parte de la Iglesia. "El grupo tiene toda una vida trabajando, haciendo tareas sociales, ayudando, haciendo beneficio para las personas que lo necesitan", contó.
Identificar una fecha que establezca el inicio de las gestiones es complejo, ya que tal como señala Mallea, hay quienes “llevan toda una vida trabajando para la comunidad”.
Con el paso del tiempo, el grupo se convirtió en una voz colectiva para reclamar por las necesidades del lugar. Uno de los momentos que marcó el nacimiento de la asociación fue la lucha por el acceso al agua potable. La situación llegó al extremo de incluir cortes de ruta, pero las integrantes del grupo buscaban evitar que los reclamos terminaran concentrándose en una persona.
Sobre este momento, Mallea recordó: "Se atacaba a una persona con nombre y apellido, no queríamos eso, y nadie se animaba a hablar porque directamente se la atacaba. Fue ahí cuando nos propusimos formar una asociación que se involucre sin recaer en la responsabilidad de una sola persona". Pero no fue el único en el que la asociación puso el grito en el cielo.
La gesta de todo un pueblo para mantener el nombre que los representa
Una de las historias que marca la trayectoria de la asociación civil se dio en el 2004, es decir, hace poco más de dos décadas. Las comunicaciones eran otras y en medio de un pueblo de una sola calle los vecinos se enteraron de que había intenciones de cambiar el nombre del pueblo por el de José Gregorio Espejo, un sindicalista que fue cercano a Eva Duarte de Perón.
“Vinieron, hicieron un acto político, querían cambiar el nombre y nosotros como pueblo logramos que quede el nombre de La Gran China instituido legamente. Debido a estas movidas es que decidimos tener un día, que la comunidad tuviera una fecha para celebrar. Así nació la Fiesta de La Gran China y ya vamos por la sétima edición”, cuenta con orgullo Mallea.
Una comunidad que gestiona y acompaña para potenciar el crecimiento de La Gran China
Actualmente el foco está puesto en resolver necesidades concretas de los vecinos. Entre sus tareas se encuentran las gestiones para personas que necesitan ayuda, acciones solidarias en fechas importantes como Día del Niño o Día de la Madre y los reclamos vinculados a infraestructura y servicios. Uno de los más significativos fue recuperar una antigua cisterna para mejorar las condiciones vinculadas al abastecimiento de agua potable. Se trataba de una estructura que estaba abandonada y en desuso, y que pudo ser recuperada.
También participan en espacios impulsados por Barrick, donde representantes de las comunidades pueden plantear sus necesidades y analizar posibles soluciones. Mallea explicó que los proyectos ingresan a una matriz en la que se determina cuáles son prioritarios.
Con la mirada puesta en el futuro, las integrantes de la asociación quieren que el trabajo comunitario también permita generar nuevas oportunidades laborales.
Uno de los objetivos es crear talleres y espacios de capacitación, especialmente destinados a mujeres y jóvenes. Mallea considera que muchas mujeres de la comunidad permanecen encerradas en círculos reducidos y que la falta de espacios de participación puede tener consecuencias en su bienestar, sobre todo en la salud mental.
La mayoría de quienes integran la asociación son mujeres y, según explicó, tienen numerosas ideas para desarrollar actividades que les permitan a otras vecinas encontrar nuevos espacios de participación. "Queremos crear fuentes de trabajo en la comunidad, talleres", señaló, con la intención de que esos proyectos también sirvan para fortalecer los vínculos y ampliar las posibilidades para las nuevas generaciones.
Contar con un espacio propio es uno de los principales sueños de la asociación, para de esta manera concentrar sus actividades y continuar ampliando sus proyectos.
"La idea es hacer cosas lindas por nuestra comunidad, generar oportunidades", resumió Mallea. Esa parece ser, después de tantos años, la esencia que mantiene viva a La Gran China: transformar las necesidades de un pueblo en proyectos y hacer de la unión una herramienta para seguir creciendo.