Jáchal

De Jáchal al mar: la historia del sanjuanino Orlando Pereyra y su vocación en la Armada Argentina

En el marco del Día del Furriel, el Suboficial Mayor Orlando Javier Pereyra repasó su trayectoria en la Armada Argentina, desde sus orígenes en San Juan hasta su presente en el ámbito de la Aviación Naval.

Por Redacción Diario de Cuyo 26 de octubre de 2026 - 15:22

Detrás de cada legajo o ficha, existe un marino que se hace cargo del trámite administrativo necesario para otro personal militar o civil o para la misma institución. Es el caso del Suboficial Mayor Furriel Orlando Javier Pereyra de 51 años, oriundo de Jáchal, en la provincia de San Juan.

“Somos un pueblo chico que tiene su orgullo. Siempre decimos que somos la cuna de los sanjuaninos”, relata Pereyra al recordar sus raíces. Criado en el seno de una familia de clase trabajadora, con un padre abocado al campo y luego empleado municipal, y una madre dedicada al hogar, Orlando es el del medio entre seis hermanos.

A los 17 años, mientras cursaba el cuarto año de la Escuela Provincial de Educación Técnica N° 1 y trabajaba de madrugada en una panadería local, la vida comenzó a señalarle una ruta distinta. El dueño del comercio era el Suboficial Segundo (RE) Veterano de la Guerra de Malvinas, Orlando Roarte, quien en charlas de “laburo” le contaba sus vivencias en el mar y motivó en el joven jachallero la curiosidad por el servicio naval.

Inspirado por esa experiencia y junto a tres amigos del pueblo, decidió inscribirse en la Armada Argentina, resultando ser el único seleccionado del grupo. Aunque al principio sintió dudas frente a lo desconocido, le ganó el orgullo y las ganas de buscar un futuro fuera de su pueblo natal.

La adaptación a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) no estuvo exenta de desafíos, en particular por la distancia y el cambio cultural respecto a su pueblo natal. Pasar del ambiente confiado de Jáchal a la inmensidad urbana de la capital demandó un proceso de adaptación intenso, descubriendo los semáforos y aprendiendo a convivir con el ritmo de una gran ciudad.

Acostumbrado al respeto riguroso de los horarios y a la disciplina de su hogar, el régimen de formación no le resultó insuperable. Al momento de elegir especialidad, el destino volvió a unirlo con su pueblo. Entre las opciones figuraba Furriel, la misma especialidad que había tenido aquel veterano panadero que con sus relatos lo había impulsado a ingresar a la Armada.

Su egreso como furriel lo llevó tempranamente a la Dirección de Armamento de la Armada en el Edificio Libertad. Tiempo después embarcó en el patrullero ARA "King", viviendo de primera mano la rutina intensiva de navegación que caracteriza a los marinos de guerra. A lo largo de sus más de tres décadas de carrera, el Suboficial Pereyra recorrió diferentes destinos que van desde el Hospital Naval Buenos Aires “Cirujano Mayor Dr. Pedro Mallo” hasta el Estado Mayor Conjunto y el Ministerio de Defensa.

Posteriormente, fue destinado a la Base Aeronaval Comandante Espora. Acostumbrado al ritmo vertiginoso de la capital, ese entorno le brindó una tranquilidad que hoy valora profundamente. Durante este año, asumió la responsabilidad de liderar el proceso de incorporación del Personal Militar Voluntario en la base aeronaval, un desafío que tomó con el entusiasmo de quien busca renovarse constantemente frente a cada misión.

El sentido de ser furriel

Cada 20 de octubre, la Armada Argentina conmemora el Día del Furriel, instituido mediante la Orden General N° 149 de 1926 al crearse la Escuela de Furrieles. La especialidad, abarca funciones claves relativas a la administración de personal, finanzas, adquisición y control de suministros, además del asesoramiento en reglamentación naval y trámites internos.

Frente a la visión común que asocia al furriel únicamente con el manejo de documentos, el Suboficial Mayor Pereyra defiende el valor estratégico de su trabajo, señalando que existe una mirada muy reduccionista de que solo llevan papeles, cuando en realidad son verdaderos “resolvedores de problemas”. “Un expediente que va y viene muchas veces resuelve una situación personal delicada, una cuestión presupuestaria fundamental o la operatividad misma de una unidad naval”, ejemplifica.

Para él, el secreto de la especialidad radica en la vocación de servicio y el trato empático hacia cada integrante de la dotación. Entiende que “cuando alguien cruza la puerta de su oficina trae una inquietud o una dificultad, y que el objetivo del furriel es lograr que esa persona, que quizás entra preocupada, se retire tranquila, escuchada y con una respuesta concreta a su necesidad”, detalla Pereyra.

A pocos años de culminar su carrera y pasar a la etapa del retiro, el Suboficial contempla el camino recorrido con gratitud. Definir el rol del furriel es para él hablar de pasión, levantándose cada mañana sabiendo que su trabajo contribuye de manera silenciosa pero vital al funcionamiento de la institución y al bienestar de sus camaradas.

Fuente: Redacción de la Gaceta Marinera.

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