En un acantilado de Irán, debajo de las tumbas de antiguos reyes persas, un emperador romano lleva más de diecisiete siglos prisionero. No aparece encadenado ni arrodillado. Permanece de pie, con las insignias del poder, mientras un rey montado a caballo lo sujeta por la muñeca.
El emperador que Roma perdió para siempre
Valeriano marchó hacia Oriente al frente de un ejército reunido desde los confines del Imperio. Después de aquella campaña, Roma no volvió a verlo. Una inscripción celebró su captura; otro relato describió un final monstruoso. Entre ambas versiones quedó enterrada una pregunta que todavía no tiene respuesta.
El cautivo es Valeriano. El vencedor, Sapor I. La escena fue tallada en Naqsh-e Rostam para que nadie olvidara lo ocurrido en el año 260: por primera vez, un emperador romano reinante había caído vivo en manos de una potencia enemiga.
La piedra muestra su captura. Sobre lo que sucedió después, en cambio, guarda silencio.
ANTES DE LA CATÁSTROFE
Valeriano llegó al trono en 253, cuando Roma combatía en todos los frentes. Pueblos germánicos cruzaban el Rin y el Danubio; generales se disputaban la púrpura; una nueva Persia golpeaba Oriente.
Compartió el poder con su hijo Galieno, que quedó en Occidente. Valeriano, de edad avanzada y larga carrera pública, marchó hacia Oriente.
Allí no lo esperaba una tribu improvisada. Sapor I, rey de una potencia organizada, ya había derrotado ejércitos romanos, invadido Siria y saqueado Antioquía.
Valeriano restableció parcialmente la defensa, pero encontró provincias agotadas por incursiones, rebeliones y una epidemia. Cuando Sapor atacó Mesopotamia, reunió cuantos soldados pudo y avanzó hacia Edesa.
Aquella marcha lo dejaría fuera de la historia de Roma.
EL EJÉRCITO DE TODO UN IMPERIO
La principal versión contemporánea no fue escrita por los derrotados. Está grabada en tres lenguas sobre la Ka'ba-ye Zartosht —el llamado Cubo de Zoroastro— y habla con la voz de Sapor.
Según la inscripción, Valeriano llegó con 70.000 hombres procedentes de Germania, Hispania, África, Siria, Capadocia y Mesopotamia. La cifra exige cautela. Pero la extensa lista perseguía un objetivo: Sapor no anunciaba la derrota de un general, sino la del mundo romano entero.
¿Cómo pudo desaparecer semejante ejército?
La pregunta era insoportable para Roma. Si el emperador y tropas de tantas provincias podían caer juntos, ninguna frontera parecía segura. Ni la púrpura había podido salvarlos.
Ninguna fuente permite reconstruir lo sucedido entre Carras y Edesa. Algunas sugieren una derrota en batalla; otras, tropas cercadas y una negociación durante la cual el emperador fue apresado. También se acusó a Sapor de quebrar una tregua, pero el engaño no puede demostrarse.
El vencedor fue directo: declaró haber capturado a Valeriano “con sus propias manos”, junto con el prefecto del pretorio, senadores y oficiales.
Hasta allí llega la certeza. A partir de ese instante comienzan las versiones.
UNA VICTORIA TALLADA PARA LA ETERNIDAD
Los monumentos de Sapor demuestran que Valeriano terminó convertido en algo más valioso que un botín: una victoria destinada a no desaparecer.
En Naqsh-e Rostam, Sapor ocupa el centro sobre su caballo. Frente a él se arrodilla una figura identificada generalmente como Filipo el Árabe, quien años antes había negociado la paz. A un lado permanece Valeriano, retenido por la muñeca.
La obra reúne acontecimientos diferentes para proclamar una jerarquía: Persia domina; Roma suplica y permanece cautiva. Valeriano conserva su vestimenta imperial porque debía continuar siendo reconocible como emperador. Sapor no borró su dignidad: se apropió de ella.
Con él fueron trasladados prisioneros romanos a distintas regiones del reino. Artesanos, soldados e ingenieros habrían trabajado en ciudades y obras monumentales. Una tradición los vincula con el Band-e Kaisar, el “Dique del César”, en Juzestán. Su participación exacta continúa debatida, pero la deportación está documentada.
Valeriano desapareció detrás de ellos. Y entonces nació la historia más terrible.
LA HISTORIA DEL EMPERADOR COMO ESCALÓN
Más de cincuenta años después, Lactancio describió un castigo terrible. Afirmó que Sapor obligaba a Valeriano a inclinarse y utilizaba su espalda para montar a caballo. Tras su muerte, añadió, el cuerpo habría sido desollado y exhibido en un templo persa.
La imagen atravesó los siglos: el señor del mundo reducido a escalón de su vencedor.
Pero Lactancio no era testigo. Valeriano había perseguido a los cristianos y el autor quería demostrar su castigo divino. Las fuentes persas celebran la captura, pero nada dicen del escabel ni del desollamiento. Otros cronistas repitieron la humillación sin aportar pruebas.
La leyenda puede ser cierta en parte. Lo que no puede es presentarse como un hecho demostrado.
EL SILENCIO DE ROMA
Mientras Valeriano permanecía cautivo, Galieno gobernó solo. No existe constancia de una gran expedición para rescatarlo. Roma enfrentaba usurpaciones, fronteras quebradas y territorios que comenzaban a separarse.
La cautividad era una catástrofe simbólica. El emperador encarnaba el orden romano y la protección de los dioses. Reducido a botín, revelaba que Roma ya no controlaba siquiera el destino de su soberano.
Todo indica que Valeriano murió cautivo en Persia, pero no sabemos cuándo ni cómo. No se conoce un funeral en Roma, una tumba imperial ni el regreso de sus restos. Su final quedó dividido entre la propaganda de quien lo capturó y la venganza de quienes lo odiaban.
Tal vez nunca sepamos si sufrió las humillaciones narradas por Lactancio. La verdad comprobable ya resulta suficientemente extraordinaria: un emperador cruzó la frontera al frente de las legiones y nunca volvió. Su vencedor lo grabó en la roca para que ningún romano pudiera borrar la escena.
Roma sobrevivió a la pérdida de Valeriano. Lo que no pudo recuperar fue el derecho a contar por sí sola cómo había caído.
FUENTES CONSULTADAS
Inscripción de Sapor I en la Ka'ba-ye Zartosht, Naqsh-e Rostam (Res Gestae Divi Saporis).
Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores.
Eutropio, Breviario de la historia romana.
Encyclopaedia Iranica, “Shapur I: History” y “Shapur I: Rock Reliefs”.
David S. Potter, The Roman Empire at Bay, AD 180–395.
Craig Caldwell, “Remembering the ‘Greatest Shame’: Roman, Persian, and Christian Responses to the Emperor Valerian as Prisoner of War”.
SOBRE EL AUTOR
Armando Godoy es creador de Historia que Nadie Te Contó, canal de YouTube dedicado a recuperar episodios y personajes poco conocidos del pasado.