Hoy se conmemora un nuevo aniversario del fallecimiento del general Don José de San Martín, un gran estratega militar que combatió por la libertar y para erradicar la ignorancia. Fue un fanático de los libros que fundó y alentó biblioteca en Argentina, Chile y Perú.
El Libertador de los libros: la pasión secreta de San Martín por la lectura y las bibliotecas
San Martín no sólo fue el libertador de Argentina, Chile y Peru, sino también un fanático de la lectura que fundó y alentó bibliotecas en estos países.
Según un trabajo de investigación presentado en una de las ediciones de la Feria del Libro en Buenos Aires por Miriam Fonseca, escritora sanjuanina y miembro de Escritores del Sol, San Martín concebía a los libros como verdaderas herramientas de emancipación contra el colonialismo mental. El catálogo conservado en el Museo Mitre, escrito de su propio puño y letra, revela que en su regreso a América trajo consigo entre 800 y 1.000 volúmenes; una cifra asombrosa para un militar de recursos modestos que abandonaba Europa con el equipaje indispensable.
La biblioteca del Libertador entre las armas
La pasión de San Martín por las letras comenzó a gestarse a los once años durante su formación militar en España. A lo largo de sus campañas europeas conformó una biblioteca personal sumamente sofisticada: más de 267 obras repartidas en más de 700 volúmenes donde convivían 130 tratados de estrategia militar con el pensamiento de la Ilustración francesa, las Vidas paralelas de Plutarco y las páginas de Don Quijote de la Mancha.
El testimonio más impactante de su amor por la lectura ocurrió en 1817, en pleno Cruce de los Andes. Mientras organizaba una de las hazañas militares más audaces de la historia, San Martín ordenó embalar su biblioteca en más de trece pesados cajones de madera. Aquellas arcas de conocimiento cruzaron la cordillera a lomo de mula, desafiando el frío extremo y las cornisas, recibiendo exactamente el mismo cuidado logístico y la misma protección que la pólvora, los víveres y las municiones.
Legado cultural del Libertador en Cuyo, Chile y Perú
Para el prócer, no bastaba con formar soldados; era imprescindible formar ciudadanos instruidos. En Mendoza, mientras organizaba el Ejército de los Andes, dictó en 1818 la donación formal de sus libros, dando origen a la Biblioteca Pública General San Martín (inaugurada en 1822).
Posteriormente, tras consolidar la independencia chilena, el gobierno local quiso premiar su genio militar con 10.000 pesos de la época. Con un desapego absoluto, rechazo el dinero para uso personal y ordenó destinar hasta el último centavo a la creación de la Biblioteca Nacional de Chile.
El hecho más destacado de su cruzada tuvo lugar en Perú. Al asumir como Protector en 1821, decretó la creación de la Biblioteca Nacional en Lima y donó la totalidad de su biblioteca privada. Para enriquecerla, concretó además una genialidad política: fusionó sus textos con los tesoros bibliográficos confiscados a la Compañía de Jesús en 1767. Gracias a esta alianza, la biblioteca limeña abrió con más de 11.000 volúmenes, incluyendo joyas únicas como un incunable veneciano de 1499 sobre quiromancia.
La doble odisea transatlántica de sus libros
Existe el mito de que los libros del Libertador hicieron un único viaje de ida y vuelta, pero en realidad existieron dos colecciones. La primera llegó en 1812 y fue sembrada en las instituciones de Mendoza, Santiago y Lima. Cuando marchó al exilio en 1824, San Martín lo hizo prácticamente con las manos vacías tras haber regalado su tesoro más preciado a los pueblos liberados.
Sin embargo, durante sus 26 años de ostracismo en Francia, su pasión indomable lo llevó a construir una segunda biblioteca en Boulogne-sur-Mer. Tras su muerte en 1850, esta colección francesa fue custodiada por su hija Mercedes y su yerno Mariano Balcarce, para luego ser donada por sus nietas a la República Argentina, encontrando su hogar definitivo en el Museo Mitre y la Biblioteca Nacional en Buenos Aires.
Hoy, la labor cultural de José de San Martín, reconocida por la UNESCO a través del programa Memoria del Mundo, nos recuerda que las batallas ganan territorios, pero solo el conocimiento y la lectura aseguran la libertad duradera de una nación.