En el Hospital Rawson, la medicina de alta complejidad ha dado un giro fundamental. El concepto tradicional de trasladar al paciente hacia el quirófano ha sido invertido en el área de Neonatología: ahora es el quirófano el que se desplaza hacia el bebé. Este avance es una estrategia vital para los pacientes más frágiles del sistema sanitario de San Juan.
Hospital Rawson: el Quirófano en la Neo, una revolución médica que elimina riesgos y salva vidas
El Hospital Rawson traslada su equipo quirúrgico a la unidad de cuidados intensivos para intervenir a bebés prematuros en su propio entorno.
Riesgo cero, meta suprema en el Hospital Rawson
Para un bebé prematuro que pesa apenas 500 o 700 gramos, cada metro de distancia cuenta. Las doctoras Teresita Herrera y Carla Ovalles, referentes del área, explican que el traslado de estos pacientes a través de ascensores y pasillos representa un "capítulo aparte" de altísimo riesgo. Movilizar a un neonato intubado y hemodinámicamente lábil puede comprometer su vida en cuestión de segundos.
“Acá el paciente está esperando en la unidad en la que está desde que nació. Mientras tanto, el mundo gira a su alrededor: el protagonista es el bebé y los demás rotamos según su necesidad”, explica Ovalles.
Tecnología de vanguardia: la incubadora Giraffe
El corazón tecnológico de esta modalidad es la incubadora Giraffe, una pieza de ingeniería médica que permite realizar procedimientos complejos sin que el bebé pierda su microclima protector. Sus características principales incluyen:
- Funcionalidad Dual: El techo se levanta y las paredes se abren, transformándose en una servocuna de cirugía en segundos.
- Estabilidad Térmica Crítica: Posee cortinas de aire caliente que mantienen la temperatura corporal del bebé incluso con la estructura abierta.
- Monitoreo Integrado: Permite pesar al paciente, regular su calor y mantener el soporte respiratorio sin moverlo un solo centímetro.
Un gran equipo para un diminuto paciente
Aunque el paciente pese 500 gramos, el despliegue humano es masivo. Alrededor de 15 profesionales, incluyendo anestesistas, instrumentadoras, enfermeras especializadas ycirujanos, coordinan sus movimientos en un espacio reducido donde la precisión debe ser milimétrica. La doctora Ovalles enfatiza la complejidad del desafío: “Operar a un paciente de este tipo requiere una dimensión distinta. No es lo mismo la aorta de un adulto que la de un bebé, que puede medir apenas dos milímetros. Todo es pequeño, todo es frágil”, sostuvo la especialista.
El éxito de la intervención no termina con el último punto de sutura. El manejo postquirúrgico representa el otro 50% de la recuperación, y queda en manos del equipo de enfermería neonatal, quienes conocen al paciente desde su nacimiento y poseen la especialización necesaria para acompañar su evolución hasta el alta médica.