En navegación -a bordo de la Fragata ARA Libertad, el viento del Atlántico marca el ritmo de una navegación especial. En este 54º Viaje de Instrucción, el buque escuela no solo forma a los futuros oficiales de la Armada, sino que también sirve de escenario para el adiós operativo del Suboficial Mayor Jorge Alejandro Castro.
La historia del santaluceño que nunca había salido de San Juan, que a los 52 años acumula 200.000 millas náuticas y cerrará su carrera en la Fragata Libertad
Jorge Alejandro Castro tiene en su haber una experiencia invidable.
A sus 52 años, el marino sanjuanino transita su novena navegación en la embajadora de los mares, desempeñando el cargo de Contramaestre General. Nació el 12 de mayo de 1974, en San Juan, y creció en el barrio Santa María de Oro, Santa Lucía, en una familia numerosa de 14 hermanos. Su destino cambió para siempre a los 15 años por una casualidad, mientras hacía las compras en el centro de su ciudad natal; una imagen de la fragata en una cartelera peatonal con la frase "Ingrese a la Armada" capturó su atención, naciendo en él un deseo profundo: navegar en ese buque.
"Yo entré a la Armada por la fragata ‘Libertad’, estar a bordo fue cumplir mi sueño; nunca había salido de San Juan, no conocía un barco ni el mar", recuerda. Ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada en marzo de 1991. Desde el inicio eligió la especialidad de Mar, impulsado por el deseo de navegar en el buque escuela. Hoy, celebra haber cumplido ese sueño, siendo la fragata su primer y ahora último destino operativo. A lo largo de su trayectoria, participó en 8 viajes de instrucción, en los años 1992, 1994, 1995, 1998, 2013, 2014, 2015 y 2016, acumulando más de 200.000 millas náuticas.
Recuerda cada viaje con cariño y afirma no tener uno preferido: “Cada uno es particular, uno lo hace en distintas etapas de la vida y toma experiencias en distintas funciones, todos los viajes son hermosos”, confiesa. En este sentido, destaca que pasó 8 cumpleaños a bordo a lo largo de su carrera, siendo esta última navegación el marco para celebrar sus 52 años.
“Este cumpleaños va a quedar inmortalizado en mi mente y mis recuerdos”, describe con emoción. Un día típico a bordo para el Suboficial Castro, implica verificar cada detalle del buque, emitir el parte diario y, fundamentalmente, estar cerca del personal. "Mi obligación es saber cómo están, acompañarlos en sus situaciones familiares y verificar las maniobras", explica sobre su rol.
Como Contramaestre General, su tarea más emblemática es la instrucción de los gavieros. En ellos busca forjar los valores que el mar le enseñó: la camaradería y el pensamiento de que la vida naval no es simplemente un trabajo, sino una vocación profunda. "La camaradería es trabajar siempre con la gente para llevar el buque adelante", asegura.
A lo largo de su carrera naval, Castro también enfrentó desafíos extremos, como su destino en el rompehielos ARA “Almirante Irízar”, donde fue testigo del incendio en 2007 y permaneció a bordo hasta 2009 para colaborar en las reparaciones.
El legado y el adiós
Este noveno viaje tiene un sabor agridulce para Castro. "Son situaciones contradictorias; lo bueno de estar y sabiendo que es lo último", reflexiona sobre su retiro. A pesar de la nostalgia, considera que alcanzar el cargo de Contramaestre General es el máximo honor para un hombre de su especialidad.
Detrás del marino, hay una familia que ha sido su pilar durante 27 años de matrimonio. Su esposa y sus tres hijos, Camila, Gonzalo y Sofía, han aprendido a convivir con las ausencias, celebrando incluso Navidades y Años Nuevos a bordo.
"Ellos se adaptaron a no verme por mucho tiempo, ahora toca disfrutarlos un poco más", expresó pensando en el futuro.
Para el Suboficial Mayor Castro, la Armada es "toda mi vida, el lugar que me crió y me formó como hombre de bien; me llevo los mejores recuerdos de mi vida", concluye.
Actualmente, la fragata ARA “Libertad” se encuentra navegando rumbo a Río de Janeiro, Brasil, donde tiene previsto arribar el próximo 6 de septiembre.