Carolina Garay aprendió a mirar el cielo mucho antes de imaginar que algún día iba a dedicarse profesionalmente a estudiarlo. Cuando era niña, desde las calles de 25 de Mayo, se quedaba observando la Luna y las estrellas junto a su abuela, la mujer que la crió. No sabía entonces que aquellas preguntas infantiles sobre el universo terminarían convirtiéndose en el eje de su vida.
La historia de la sanjuanina que fue criada por sus abuelos en la extrema pobreza, sufrió pérdidas devastadoras y llegó a ser una científica de primer nivel
Carolina Garay es licenciada en Astronomía, científica de datos y especialista en Inteligencia Artificial. Actualmente trabaja para proyectos de astronomía, es docente e investigadora y está en proceso de finalizar su doctorado en Radioastronomía.
Hoy es licenciada en Astronomía, científica de datos y especialista en Inteligencia Artificial. Además, es docente universitaria, investigadora y trabaja en desarrollos tecnológicos vinculados a la astronomía. Actualmente se encuentra en proceso de finalizar su doctorado en Radioastronomía, una especialización que eligió después de haber comenzado originalmente un doctorado en Astrofísica.
Su trayectoria científica incluye trabajos en software y hardware, proyectos vinculados a telescopios, investigación sobre la rotación de la Tierra, ciencia de datos e inteligencia artificial. Viajó a Chile, La Plata y Alemania para presentar y probar desarrollos científicos.
Pero detrás de todos esos títulos y viajes existe una historia muy distinta: la de una niña que creció en una familia muy pobre, que vendía semitas para ayudar con la comida, que durante su adolescencia limpió casas y que durante años sintió vergüenza de contar de dónde venía.
En una entrevista con Diario de Cuyo, Carolina reconstruyó ese camino. “Siempre soñé ser científica, contribuir a la sociedad y formar futuros profesionales”, resumió.
La niña que preguntaba por qué la Luna la seguía
Carolina tiene 46 años y recuerda que desde muy pequeña sentía una enorme curiosidad por el cielo. Una de las primeras preguntas que se hizo fue tan sencilla como profunda: “¿Por qué la Luna me sigue?”. En aquella época, el cielo de 25 de Mayo era muy diferente al actual. Había poca iluminación y prácticamente no existía contaminación lumínica. Desde la vereda de su casa podía observar una enorme cantidad de estrellas.
Su abuela, a quien define como la mujer que la crió, la acompañaba a mirar el cielo. Las Tres Marías eran una de las formaciones que más llamaban su atención. Pero mientras crecía mirando las estrellas, Carolina también conocía de cerca las dificultades económicas.
Durante su infancia vendía semitas por las calles de 25 de Mayo y, en su adolescencia, limpiaba casas para conseguir algunas monedas y ayudar a sus abuelos con la comida. La pobreza atravesaba toda su vida familiar.
Contó que en su infancia hubo problemas de alcoholismo, situaciones de violencia y hacinamiento. Su abuela no solamente la crió a ella y a su hermano, sino también a otros integrantes de la familia. Durante mucho tiempo, Carolina sintió vergüenza de esa situación.
Con los años pudo mirar aquella realidad desde otro lugar. “Ahora digo qué tonta que fui, porque era mi situación, mi condición. Mis abuelos hicieron lo que pudieron”, reflexionó.
La beca que le permitió estudiar
En la secundaria tuvo una oportunidad que terminó siendo determinante. Fue becada durante cinco años debido a su excelente rendimiento académico y a su situación de vulnerabilidad. Ese colegio y sus docentes fueron fundamentales para que pudiera imaginar otro futuro.
“Si yo no hubiera tenido esa posibilidad del colegio, no sé qué sería de mi vida. Siento que les debo todo a este colegio”, aseguró.
Hasta el último año de la secundaria no sabía qué carrera estudiar. Le gustaban la literatura, la matemática, la física y la programación. En una feria de oferta educativa descubrió que en San Juan existía la carrera de Astronomía. Carolina miró el plan de estudios y encontró todo lo que le interesaba: matemática, física y programación. Y decidió intentarlo.
El comienzo de una carrera llena de obstáculos
En 1998 ingresó a la carrera de Astronomía, después de superar un cursillo eliminatorio. Fue una de las pocas estudiantes que logró ingresar y lo hizo sin haber cursado previamente en una escuela preuniversitaria. “Lo aprendí todo en el momento”, recordó.
Los primeros tiempos fueron buenos, pero la realidad familiar volvió a poner obstáculos. Su abuela se enfermó y luego falleció. Carolina tuvo que afrontar problemas económicos, dificultades para conseguir un lugar donde vivir y la necesidad de trabajar para mantenerse. Daba clases particulares y utilizaba ese dinero para poder continuar estudiando.
También existían programas de alojamiento y becas que podrían haberla ayudado, pero no se presentó. La razón fue dolorosamente sencilla: le daba vergüenza que los demás supieran que era pobre. “Sentía que me iba a rebajar si pedía esa ayuda”, explicó.
Hoy reconoce que aquella mirada sobre la pobreza era producto de un estigma que cargó durante muchos años.
Hijos, pérdidas y una carrera que nunca abandonó del todo
Mientras avanzaba en la carrera también formó una familia y tuvo hijos. Eso significó nuevas pausas y dificultades para continuar. Su suegra fue una figura fundamental en ese período y la ayudó con el cuidado de sus hijos. Carolina pudo avanzar hasta cuarto año de la carrera y llegó a rendir materias incluso durante el embarazo. Pero su suegra murió poco después.
A esa pérdida se sumó otra todavía más dura: su único hermano falleció a los 27 años, después de atravesar una enfermedad. Carolina quedó devastada y decidió alejarse de la carrera durante un tiempo.
Incluso pensó en abandonar definitivamente Astronomía y estudiar un profesorado de Matemática, porque consideraba que sería una alternativa menos compleja y más compatible con su situación. Pero volvió.
En 2012 retomó sus estudios y en 2013 avanzó con las materias que le faltaban. Ese año consiguió además una herramienta que terminaría siendo fundamental para su carrera: una computadora. La pudo comprar con dinero obtenido después de vender algunas pertenencias que habían quedado de su hermano fallecido.
Con esa computadora comenzó a profundizar todavía más en la programación. Y allí apareció otra persona determinante en su camino: el profesor Hugo Orellán, quien descubrió que Carolina tenía una especial habilidad para la programación. Hoy ambos trabajan de manera conjunta en la Facultad.
Otra tragedia justo antes de recibirse
Cuando finalmente parecía estar cerca de terminar la carrera, la vida volvió a ponerla a prueba. Su esposo sufrió un grave accidente y se fracturó la columna. Como él quedó imposibilitado para trabajar, Carolina tuvo que conseguir un empleo formal. Una amiga la ayudó a presentar sus papeles para poder comenzar a trabajar en escuelas y hasta ese momento había dado clases particulares en su casa, desde chicos hasta estudiantes universitarios.
En 2016 comenzó a trabajar formalmente en establecimientos educativos, mientras continuaba estudiando. Y en 2018 llegó otra tragedia. Su esposo enfermó gravemente y murió después de tres meses de enfermedad. Carolina quedó nuevamente sola y con una carrera que todavía debía terminar. En 2019 obtuvo el título de Licenciada en Astronomía.
Del doctorado en Astrofísica a la Radioastronomía
Después de recibirse, Carolina decidió continuar con su formación científica. Comenzó un doctorado en Astrofísica, pero con el tiempo terminó orientando su camino hacia la Radioastronomía, área en la que actualmente trabaja y en la que se encuentra en proceso de finalizar su doctorado. El cambio no fue casual.
Su experiencia con tecnología, programación y análisis de datos comenzó a vincularse cada vez más con proyectos relacionados con observaciones astronómicas y radiotelescopios. En paralelo, en 2022 realizó una diplomatura en Ciencia de Datos en la Universidad Nacional de Córdoba.
La formación era costosa, pero consiguió una media beca. El curso fue intensivo y le permitió profundizar conocimientos que después serían centrales en su carrera. Mientras estudiaba y realizaba el doctorado, también trabajaba largas jornadas para sostener a su familia.
Carolina no se quedó solamente con la Astronomía. En 2023 decidió profundizar su formación en Ciencia de Datos y posteriormente se especializó en Inteligencia Artificial. Ese conocimiento terminó convirtiéndose en una herramienta fundamental para su trabajo científico. La combinación de astronomía, programación, ciencia de datos e inteligencia artificial le permitió participar en proyectos tecnológicos cada vez más complejos.
En 2023, además, se presentó a un concurso para ingresar a un importante observatorio argentino. No quedó seleccionada y la frustración fue muy grande. Pero aquella derrota terminó abriendo otra puerta. Mientras estudiaba Ciencia de Datos, decidió hacer un último curso de Radioastronomía avanzada. Se destacó entre los participantes y, al finalizarlo, en septiembre de 2024, recibió una propuesta para trabajar en un proyecto vinculado al SAYO Telescope. La decisión de abandonar la astronomía quedó definitivamente atrás.
De San Juan a Chile y Alemania
Desde entonces, su actividad científica creció. Carolina trabaja en desarrollos de software y hardware vinculados a la astronomía y forma parte de equipos de investigación. También es investigadora del Observatorio Astronómico Félix Aguilar desde diciembre de 2025.
Durante 2025 viajó a Chile para presentar una investigación vinculada al movimiento y la rotación de la Tierra. En 2026 viajó a La Plata, donde se probaron desarrollos tecnológicos en el Instituto Argentino de Astronomía. Y después llegó uno de los viajes más importantes de su carrera: Alemania.
Su equipo fue aceptado para participar de una reunión internacional en la que estuvieron representantes de instituciones científicas de enorme relevancia, entre ellas personas vinculadas a la NASA y el MIT. Para poder moverse en Alemania, Carolina hizo algo que resume bastante bien su personalidad: creó dos herramientas de inteligencia artificial. Una la ayudaba con la orientación y otra con la traducción del alemán.
La carta que llegó hasta la Casa Rosada
El año pasado, Carolina también se convirtió en una de las voces que reclamaron por la continuidad de un proyecto científico vinculado a un radiotelescopio. Al enterarse por medios periodísticos de que podía darse de baja el proyecto, pidió autorización para escribir una carta desde su lugar personal. No imaginó la repercusión que tendría.
En esa carta no solamente habló del proyecto científico. También contó su propia historia. Habló de la pobreza, de las dificultades que había atravesado y de todo lo que tuvo que hacer para llegar a convertirse en científica.
El Presidente nunca respondió personalmente. Desde la Casa Rosada sí se comunicaron con ella, aunque solamente para pedirle que reenviara la carta por correo electrónico. Carolina cree que aquel reclamo “movió algo”, aunque no necesariamente de manera directa. Y mantiene la esperanza de que el proyecto pueda avanzar.
“No solamente trabajamos con China”
Uno de los aspectos que Carolina considera que generó mayor desinformación alrededor del radiotelescopio fue la participación de China. La científica explicó que Argentina trabaja históricamente con distintos países para desarrollar proyectos científicos, debido a las dificultades que tiene el país para financiar por sí solo este tipo de iniciativas.
Mencionó trabajos y vínculos con Brasil, Rusia, Francia, Estados Unidos y China, entre otros. También recordó que Estados Unidos tuvo un papel importante en el desarrollo de la estación de altura ubicada en San Juan. Por eso, considera que reducir el proyecto a una cuestión geopolítica implica desconocer cómo funciona la cooperación científica internacional.
El desarrollo en el que trabaja actualmente tiene otra característica que Carolina considera especialmente importante: puede transportarse y utilizarse en otros lugares. Además, según explicó, se trata de una tecnología de menor costo que otros sistemas actualmente utilizados.
El trabajo combina software y hardware y ya fue sometido a distintas pruebas. El telescopio instalado en la estación de altura de Carlos Ulrico Cesco, en Barreal, tendrá aplicaciones vinculadas a los sistemas de referencia terrestres y celestes. En palabras sencillas, permitirá establecer una conexión más precisa entre lo que ocurre en el cielo y lo que ocurre en la Tierra.
El sueño de una abuela que quería verla como maestra
La historia de Carolina tiene una última vuelta. Su abuela, la mujer que la crió, tenía un sueño para ella: quería que fuera maestra. Ella terminó eligiendo otro camino. Se convirtió en Licenciada en Astronomía, científica de datos, especialista en Inteligencia Artificial, docente universitaria e investigadora, y actualmente trabaja para finalizar su doctorado en Radioastronomía.
Pero, de alguna manera, también cumplió el deseo de aquella mujer. Porque además de estudiar el universo, enseña. Y porque uno de sus grandes objetivos es formar a las nuevas generaciones de profesionales. La niña que vendía semitas por las calles de 25 de Mayo y limpiaba casas para ayudar a sus abuelos terminó viajando a Alemania para presentar desarrollos científicos. La adolescente que escondía su pobreza para que nadie supiera de dónde venía hoy habla de ella sin vergüenza. La estudiante que tuvo que interrumpir varias veces su carrera por la muerte de familiares, por la falta de dinero, por la maternidad y por las responsabilidades familiares consiguió finalmente recibirse. Y la mujer que muchas veces pensó que no podía continuar siguió buscando caminos.
Quizás esa frase sea la mejor síntesis de su historia: Carolina no solamente consiguió estudiar el universo. Consiguió transformar una vida atravesada por carencias y pérdidas en una herramienta para que otros también puedan llegar más lejos.