Hoy, 28 de octubre se cumple el 240° aniversario del natalicio de Francisco Narciso de Laprida, prócer sanjuanino que presidió el Congreso de Tucumán en 1816. Y en San Juan hay dos monumentos en su memoria: uno emplazado en la Capital, en plena ciudad, y otro en Jáchal. Ambos están cargados de historia y curiosidades.
Las singulares historias de los monumentos a Laprida en San Juan
La provincia atesora dos monumentos del recordado prócer sanjuanino, nacido el 28 de octubre de 1786.
El monumento de la Capital: el del "zapato roto"
La escultura ubicada en la plaza capitalina que lleva su nombre, frente a la Escuela Normal Sarmiento es una de las más emblemáticas de la ciudad. Según consta en los registros del Gobierno de la Provincia de San Juan, mediante la Ley 1062 sancionada el 19 de junio de 1888 por la Legislatura, se autorizó su construcción, junto a la de Fray Justo Santa María de Oro, los dos congresistas. De acuerdo con lo publicado por el organismo provincial, la Comisión de Estatuas encomendó la obra al destacado escultor Lucio Correa Morales. Aunque la obra de fundición quedó concluida años antes, disputas y demoras en la construcción del pedestal postergaron su emplazamiento definitivo hasta el 25 de septiembre de 1904.
Respecto a su impacto urbano, el arquitecto Jorge Martín, delegado de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos y profesor titular de la FAUD (UNSJ), explicó: "Este es uno de los primeros monumentos inaugurados en la ciudad y contribuyó a que la ciudad de San Juan fuera bautizada como 'La Ciudad de las Estatuas', en función de la cantidad y sobre todo a la calidad de las obras y sus autores en el contexto urbano de una ciudad relativamente pequeña".
Las vicisitudes de la estatua continuaron a lo largo del siglo XX. El terremoto de 1944 derribó la figura entera desde su base. Sobre este episodio y sus particulares secuelas, el arquitecto Martín recordó: "Superada la emergencia luego del terremoto, fue instalada en su sitio y es desde entonces que la misma presenta pequeñas fracturas en su pie izquierdo, por ello podría decirse, con simpatía, que tiene un zapato roto. Este mínimo deterioro no constituye un riesgo significativo para la obra y, por el contrario, es una marca del tiempo y un testimonio de su historia".
A las inclemencias naturales se sumaron acciones humanas inadecuadas. En ese sentido, el especialista agregó: "Un hecho que constituyó una intervención más desafortunada fue que, hace bastantes años, una gestión municipal con la intención de mejorarla la pintó con pintura; más allá de que esta tarea fue inadecuada, sorprendentemente no utilizó pintura símil bronce, sino cobriza".
La obra de Lola Mora en Jáchal
El segundo monumento dedicado al congresal sanjuanino se erige en el centro de la Plaza General San Martín, en San José de Jáchal. Esta escultura representa a un Laprida joven y de pie, detalló Martín, quien subrayó que se trata de una creación en mármol de Carrara de la afamada escultora tucumana Lola Mora.
El profesional apuntó que esta pieza "estaba concebida originalmente para posicionarse y permanecer en el Congreso Nacional, junto a otras tres personalidades de la historia argentina". Sin embargo, por disposición de las autoridades del Congreso, las estatuas se destinaron posteriormente a las provincias natales de cada prócer.
Tal como publicó la fuente oficial del Gobierno provincial, la efigie llegó a San Juan en 1930 y se colocó inicialmente en el Parque de Mayo. Años más tarde, mediante la Ley 1278 del 20 de julio de 1948, el Ejecutivo provincial autorizó el traslado de la estatua hacia la ciudad de Jáchal.
Al igual que la estatua de la Capital, el monumento de Jáchal sufrió deterioros por intervenciones desacertadas. "Esta escultura y el sublime material en que está realizada fueron tristemente afectados al igual que la estatua de Laprida en la Ciudad de San Juan, también por una gestión municipal que inconsultamente decidió pintarla con esmalte sintético", señaló el arquitecto Martín.
Para revertir ese daño, según consta en la información pública provincial, en 2005 la escultura debió ser sometida a un riguroso proceso de restauración a cargo de las universidades nacionales de San Juan y Tucumán junto con la Municipalidad de Jáchal. En dicho proceso intervino la artista tucumana Beatriz Cazzaniga, logrando recuperar las características originales, apuntó Martín, quien señaló otro dato no menor: Por su incalculable valor artístico e histórico, esta obra fue declarada "Bien de Interés Histórico" mediante la Ley Nacional 26.505, sancionada y promulgada en 2009.
Un dato sobre su apellido
Su nombre completo e histórico es Francisco Narciso de Laprida, hijo del comerciante asturiano José Ventura de Laprida.
Si bien la escritura formal y exacta registrada en documentos históricos incluye la partícula nobiliaria de origen familiar “de”, en el uso cotidiano, la historiografía moderna, los textos escolares y la cartografía urbana (nombres de calles, plazas o departamentos), suele simplificarse llamándolo simplemente Francisco Narciso Laprida.