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HISTORIAS

Los hombres que nunca dejaron de ser soldados

Vivieron algunos de los episodios más convulsionados de la década del 70 y hoy mantienen vivo el orgullo de haber servido. En el Día del Soldado, cuatro sanjuaninos cuentan por qué creen que esa experiencia les marcó la vida para siempre.

Por Federico Frias 3 de junio de 2026 - 06:58

Pisando los 70 años, ya jubilados, abuelos y con una vida construida lejos de los cuarteles, Hugo Riveros, Carlos César Sarmiento, Raúl Enrique Masiero y Ángel Alfredo Andrada coinciden en algo: nunca dejaron de sentirse soldados.

Ayer, en la víspera del Día del Soldado Argentino, los cuatro exconscriptos del RIM 22 repasaron recuerdos que permanecen intactos pese al paso del tiempo. Hablaron del terremoto de Caucete de 1977, del Operativo Independencia en Tucumán, de la tensión por el conflicto del Canal Beagle con Chile y de las enseñanzas que, aseguran, marcaron para siempre sus vidas.

"Es un orgullo muy lindo. Servir a la Patria es lo mejor que me ha pasado", resumió Hugo Riveros, de 68 años. Para él, el paso por el Ejército le dejó enseñanzas que aún hoy considera vigentes.

Carlos César Sarmiento, de 67, recuerda que su clase fue la primera en realizar el servicio militar a los 18 años. Apenas incorporado al RIM 22 le tocó enfrentar una situación inesperada: el terremoto del 23 de noviembre de 1977. Aquel día estaba por salir de franco cuando llegó la contraorden. En cuestión de minutos pasó de pensar en volver a casa a participar en tareas de asistencia primero en 25 de Mayo y luego en Caucete. "Nos iban dejando de a tres en cada esquina para ayudar. Después nos trasladaron a Caucete para trabajar con las casas que habían quedado dañadas", recordó.

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Carlos César Sarmiento.

Andrada también guarda imágenes imborrables de aquella tragedia. Estaba de guardia cuando comenzó el movimiento sísmico. "La calle hacía ondas para arriba y para abajo. Eso no se me olvida jamás", contó. Poco después fue enviado junto a otros soldados a Caucete. "Cuando cruzamos el puente vimos las grietas en la ruta. Era impresionante. Una cosa es que te lo cuenten y otra vivirlo", relató.

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Ángel Alfredo Andrada.

Además del terremoto, varios de ellos participaron en el Operativo Independencia en Tucumán. Allí realizaron patrullajes y controles en una provincia atravesada por la lucha contra la guerrilla. Andrada recuerda que el peligro era permanente. "Salíamos al monte y no sabíamos con qué nos podíamos encontrar", dijo. Riveros también rememoró un operativo en la Quebrada de Lules, donde, según relató, una camioneta intentó evadir un control militar y terminó siendo atacada por las fuerzas que participaban del procedimiento.

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Hugo Riveros.

Otro de los capítulos que los une es el conflicto del Canal Beagle con Chile, a fines de la década de 1970. Aunque la guerra finalmente no ocurrió, los exsoldados recuerdan que durante aquellos días la posibilidad de un enfrentamiento parecía real.

Masiero, de 67 años, fue uno de los que debió abandonar las celebraciones de Navidad para viajar al sur. "El 24 de diciembre a la noche nos cargaron en un tren. Fueron cuatro días de viaje", recordó. Su destino fue Neuquén, donde permaneció durante meses realizando entrenamiento intensivo. "Nos hacían prepararnos para una guerra que parecía inminente. Dormíamos en carpas y entrenábamos todo el día", contó. Las experiencias extremas también dejaron aprendizajes inesperados. Masiero asegura que el servicio militar le enseñó hasta dónde puede resistir una persona. "Ahí descubrís todo lo que puede aguantar el cuerpo. Caminábamos días enteros, sin agua y poca comida. Uno no imagina la resistencia que tiene", explicó.

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Raúl Enrique Masiero.

Pese a las diferencias en sus historias personales, los cuatro coinciden en una misma reflexión: consideran que el servicio militar les inculcó valores que aún hoy guían sus vidas. "Lo más importante fue aprender la obediencia y el respeto", sostuvo Masiero. "Había horarios para todo, orden para todo. Ahí no podías doblar la ropa como querías ni hacer las cosas cuando se te daba la gana", agregó.

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Una página histórica de DIARIO DE CUYO, documentando la llegada de los soldados sanjuaninos del RIM 22 que fueron al sur argentino para defender la patria.

Riveros comparte esa mirada. Para él, la experiencia le enseñó a valorar cosas cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas. "La juventud de ahora tendría que saber valorar el pan, el agua, la comida. Aprender a vestirse como corresponde, coserse un botón, plancharse la ropa. Son cosas simples, pero importantes", afirmó.

Sarmiento también cree que el servicio militar dejó enseñanzas que hoy podrían ser útiles para las nuevas generaciones. "Sería lindo que aunque sea por seis meses pudieran vivir algo parecido. Para que valoren la familia, el respeto al padre y a la madre, para que sepan lo que es pasar frío, necesidad o hambre. Todo eso te enseña a valorar mucho más lo que tenés", sostuvo.

Andrada, por su parte, observa con preocupación algunas problemáticas actuales. "La juventud es lo que nos va a quedar y lo que va a sacar adelante al país. Pero hoy uno ve noticias de droga, de robos, de chicos cada vez más jóvenes involucrados en esas cosas. Por eso creo que hay valores que no deberían perderse", reflexionó.

Ninguno de ellos oculta que le gustaría que volviera algún tipo de formación similar al antiguo servicio militar obligatorio. No hablan solamente de entrenamiento o disciplina, sino de una escuela de vida. "Ahí aprendés a valorar la familia, los símbolos patrios, el respeto y la conducta", resumió Andrada.

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A casi medio siglo de aquellos años, los cuatro siguen reuniéndose para recordar anécdotas y compartir experiencias. Todos coinciden en que el uniforme quedó atrás, pero no el sentimiento. "Así tengamos 100 años, nos seguimos considerando soldados y dispuestos a defender a la Patria cuando sea necesario", aseguró Sarmiento. Riveros no duda cuando le preguntan si se arrepiente de haber elegido ese camino. "No estoy arrepentido de nada. Lo llevo en el corazón", dijo. Masiero, bailarín de folclore además de exconscripto, lo expresa desde otro lugar: "Yo soy patriota. Siempre me gustó que Argentina estuviera primero. Llevo la tradición argentina en el alma".

Andrada resume ese sentimiento en una frase que parece condensar la historia de todos sus compañeros: "La Patria no se olvida jamás". Por eso, cada 3 de junio no es una fecha más en el calendario. Es la oportunidad de recordar una etapa que los marcó para siempre y que, casi cincuenta años después, sigue formando parte de su identidad.

El reclamo por un reconocimiento

Además de compartir recuerdos y anécdotas, varios de los exconscriptos plantearon un reclamo que mantienen desde hace años: que quienes participaron del Operativo Independencia y del despliegue militar por el conflicto del Canal Beagle reciban algún tipo de reconocimiento estatal similar al que tienen los veteranos de guerra.

Ángel Alfredo Andrada explicó que el pedido apunta especialmente a quienes fueron movilizados por disposición del Estado durante aquellos años.

“Nosotros también estuvimos en dos conflictos que fueron por ley y decreto. Lo que pedimos es que se reconozca esa participación”, sostuvo.

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APOYO. Nancy Ceja, representante de los Adultos Mayores de Pocito, ayuda al grupo con el reclamo.

Según relató, muchos de aquellos exsoldados hoy tienen entre 67 y 70 años y atraviesan situaciones económicas y de salud complejas.

“Hay compañeros que la están pasando mal, con problemas de salud y jubilaciones mínimas. Nosotros quedamos para contarlo, pero hubo otros que dejaron la vida en aquellos años”, afirmó.

Los exconscriptos aclararon que su planteo no busca equipararse a los veteranos de Malvinas, a quienes consideran los principales héroes militares argentinos, sino obtener una consideración específica por las tareas y movilizaciones que realizaron durante aquellos episodios históricos.

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