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Maximiliano Aguiar

Maximiliano Aguiar, en la previa a Hackear la Minería: "San Juan puede transformarse en un hub al que vienen los mejores"

Entrevista. El consultor político y sociólogo Maximiliano Aguiar será uno de los disertantes de Hackeando San Juan. En diálogo con Diario de Cuyo, planteó que el crecimiento minero también exige un cambio cultural y una nueva forma de pensar la relación entre la actividad y la sociedad.

Por Enzo Arrieta 16 de septiembre de 2026 - 07:03

Mientras buena parte de las conversaciones alrededor de la transformación de la minería ponen el foco en inteligencia artificial, automatización y nuevas tecnologías, Maximiliano Aguiar propone mirar hacia otro lugar: la sociedad que deberá convivir con ese proceso. Para el consultor político y sociólogo, el crecimiento de la actividad abre en San Juan una transformación que no será únicamente productiva, sino también cultural.

Aguiar será uno de los speakers de Hackear la Minería, el encuentro que reunirá distintas miradas sobre los desafíos de una industria que se prepara para una nueva etapa en la provincia. Y, según anticipó a DIARIO DE CUYO, su participación buscará deliberadamente correrse de los ejes tecnológicos que atravesarán buena parte del evento.

“Voy a hacer una especie de raro del panel”, resumió. Mientras otros especialistas abordarán innovación, inteligencia artificial o mentalidad emprendedora, su propuesta será pensar qué significa “hackear” a la propia sociedad sanjuanina.

De una provincia “terminal” a un polo de atracción

Aguiar parte de una característica histórica de San Juan. Durante décadas, explicó, la provincia tuvo una circulación relativamente baja de personas, empresas y nuevos actores si se la compara con distritos como Mendoza o Córdoba. Esa condición configuró, según su análisis, una determinada manera de interpretar la llegada de inversiones y personas provenientes de otros lugares. Los procesos de crecimiento acelerado de determinadas industrias pueden entonces despertar resistencias vinculadas a la sensación de que “vamos a perder lo nuestro” o que otros llegarán para apropiarse de los recursos provinciales. Para Aguiar, ese es precisamente uno de los aspectos que deben comenzar a revisarse.

“En lugar de concebirnos como una provincia terminal a la cual vienen a invadirla, podemos pensarnos como un hub al que vienen los mejores y a quedarse”. “En lugar de concebirnos como una provincia terminal a la cual vienen a invadirla, podemos pensarnos como un hub al que vienen los mejores y a quedarse”.

El cambio que plantea implica que San Juan deje de interpretar exclusivamente la llegada de nuevas empresas y profesionales como una amenaza y comience a verse como un territorio capaz de atraer conocimiento, talento e inversiones. En ese proceso, sostuvo, la comunicación minera debería perseguir un objetivo mucho más profundo que mejorar temporalmente la percepción de una compañía o de la actividad.

Lo que se tiene que buscar no es un cambio en la imagen, que es muy volátil, sino contribuir a ese cambio cultural”, explicó. El desafío, agregó, sería transformar la idea de un San Juan aislado por otra en la que la provincia no sólo esté integrada, sino que funcione como un polo de atracción. Aguiar señaló que esa transformación ya comenzó. Hace dos décadas, ejemplificó, buena parte de los sanjuaninos identificaba a la provincia principalmente con su matriz agrícola. Actualmente, consideró, la minería ya ocupa un lugar central en la manera en que San Juan concibe su propio desarrollo.

El próximo paso, desde su mirada, será lograr que la actividad deje de interpretarse como algo temporal o externo y pase a formar parte estructural de la matriz productiva provincial. Ese proceso, remarcó, tampoco puede quedar exclusivamente en manos del Estado o de las compañías. Requiere una participación coordinada de empresas, gobiernos, medios de comunicación, referentes sociales y otros actores capaces de construir una mirada común sobre el desarrollo.

El error de convertir la comunicación en un inventario

Al analizar cómo están comunicando actualmente algunas compañías mineras, Aguiar identificó un problema al que denominó “inventarialismo”. Se trata, explicó, de reducir la comunicación a una enumeración de obras, iniciativas, inversiones o acciones realizadas por las empresas bajo la presunción de que esos elementos, por sí solos, modificarán el vínculo con la sociedad.

“Hay un error que se llama inventarialismo: hacer como un inventario de las cosas que hacen, como si hacer una obra adicional por sí mismo cambiara la situación”. “Hay un error que se llama inventarialismo: hacer como un inventario de las cosas que hacen, como si hacer una obra adicional por sí mismo cambiara la situación”.

A eso sumó otro inconveniente: la distancia que puede producirse cuando las áreas de Comunicación y de Comunidades funcionan de manera separada. Mientras estas últimas mantienen un contacto directo con las poblaciones cercanas a los proyectos, quienes diseñan la comunicación institucional pueden terminar construyendo mensajes mucho más alejados de esa experiencia cotidiana.

Aguiar también puso el foco sobre la relación entre las compañías mineras y sus proveedores. El crecimiento del sector abre oportunidades para las empresas sanjuaninas, pero simultáneamente genera incertidumbre frente a la llegada de competidores de otras provincias o países. Frente a ese escenario, consideró que la respuesta no debería limitarse a reclamar protección, sino avanzar hacia mecanismos que permitan a las compañías locales innovar y mejorar su competitividad.

“El concepto de licencia social atrasa”

Uno de los planteos más contundentes de Aguiar apareció al hablar de un término instalado desde hace años en la industria: la licencia social. Para el consultor, el concepto comienza a quedar desactualizado porque parte de la idea de que una sociedad debe autorizar o tolerar la presencia de una actividad que continúa percibiéndose como externa.

El concepto de licencia social me parece que atrasa un poco en este momento”. La expresión, explicó, conserva una lógica similar a la de una habilitación administrativa: la comunidad “permite” que una empresa opere. Para Aguiar, el desafío actual debería ser mucho más ambicioso. La minería tendría que avanzar hacia una integración suficientemente profunda con la estructura social, económica y cultural de San Juan para que deje de interpretarse como un elemento ajeno.

“Nadie piensa en darle licencia social a un proyecto agrícola o a pocos proyectos industriales. ¿Por qué sucede eso en la minería? Porque todavía se la concibe como una actividad alejada de la sociedad”, sostuvo. En ese sentido, propuso pasar de una discusión centrada en conseguir aceptación a otra en la que los nuevos proyectos, inversiones y empresas sean analizados como oportunidades de desarrollo integradas a la provincia.

Mirar experiencias exitosas y también los errores

La experiencia profesional de Aguiar vinculada al sector productivo y minero en Perú también formará parte de la mirada que llevará al encuentro. Aunque el país posee una historia minera mucho más extensa que Argentina, advirtió que eso no significa que haya conseguido resolver todos los desafíos vinculados con la integración entre las operaciones y las comunidades. Por eso considera que San Juan puede mirar experiencias internacionales con mejores resultados, entre las que mencionó Canadá y algunos desarrollos recientes en Zambia, donde observa mayores niveles de integración alrededor de la actividad.

Sin embargo, para Aguiar el aprendizaje no debería provenir únicamente de los modelos exitosos. También será necesario estudiar las experiencias que no funcionaron para evitar reproducirlas en una provincia que está frente a una transformación económica de gran escala. Y allí aparece el núcleo de la propuesta que llevará a Hackear la Minería: el crecimiento del sector no sólo obligará a cambiar procesos, incorporar tecnología o formar proveedores. También puede modificar la manera en que los propios sanjuaninos imaginan el futuro de la provincia.

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