Trece días pasaron del doble terremoto que registró Venezuela el pasado 24 de junio y las tareas de los rescatistas se intensifican con el paso de las jornadas. Trabajos por largas horas, cientos de personas involucradas y la esperanza de encontrar ciudadanos con vida es el escenario que hoy presenta el país caribeño. Entre la masa de brigadistas está Ángel Olivares, el sanjuanino que fue convocado por una ONG y actualmente se encuentra en el lugar.
"Mucha gente todavía espera noticias de sus seres queridos", el relato de Ángel Olivares, el rescatista sanjuanino que está en Venezuela
Ángel Olivares se encuentra en Venezuela desde el 3 de julio. Cómo es el día a día, donde el cansancio, la desazón y la esperanza se conjugan en un contexto catastrófico.
Ángel es trabajador no docente de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, y también forma parte de Fénix Unit Rescue, una ONG argentina de búsqueda, rescate y asistencia humanitaria integrada por voluntarios de todo el país que se capacitan con frecuencia para estar a la altura de las demandas ante situaciones catastróficas y desastres naturales, como lo que se vive actualmente en Venezuela. Fue precisamente la ONG quien lo contactó y lo convocó para la misión.
“Me enteré cuando Fénix Unit Rescue me confirmó que había sido seleccionado para integrar el equipo que viajaría a Venezuela. Lo primero que sentí fue una mezcla de orgullo, responsabilidad y muchos nervios. Sabía que iba a enfrentar una realidad muy dura, pero también sentí que toda la preparación que hice durante estos años tenía un sentido”, relató el sanjuanino padre de un bebé de solo tres meses en contacto con DIARIO DE CUYO.
El equipo está compuesto por 15 rescatistas, entre los que se encuentra Ángel. Si bien a algunos los conocía de actividades de rescate como capacitaciones y formaciones que hicieron, a otros los conoció al momento del vuelo. Sin embargo destacó que una de las particularidades que tiene el accionar que llevan a cabo es que se conozcan o no, rápidamente se acoplan como equipo con un único objetivo: ayudar.
Dolor, desesperación y arduo trabajo, cómo son los días de Ángel Olivares en Venezuela
La llegada del equipo argentino se suma al despliegue internacional que ya movilizó a miles de brigadistas de distintas partes del mundo, quienes con perros especializados continúan con la búsqueda de sobrevivientes.
Sobre los primeros momentos en tierras caribeñas, Ángel comentó: “Apenas llegamos nos encontramos con un panorama muy difícil. Hay sectores completamente destruidos, un olor muy fuerte que es imposible no sentir y mucha gente todavía espera noticias de sus seres queridos”.
Y continuó: “Desde el primer momento empezamos a trabajar con los equipos de rescate y con los médicos, recorriendo zonas afectadas, buscando sobrevivientes y colaborando en todo lo que hacía falta. Es una realidad que impacta muchísimo cuando la ves de cerca”.
Entre escombros, destrucción y desesperación, el agradecimiento nunca está de más. Sucede que a pesar de estar pasando uno de los momentos más crudos como país, los venezolanos entienden el esfuerzo que está realizando cada rescatista. El sanjuanino destaca que un abrazo y hasta un “gracias” recibido en medio de tanto dolor y tristeza, emociona.
Entre la esperanza y la tristeza, lo peor y lo mejor que experimentó Ángel hasta el momento
Con varias jornadas de ardua tarea, el sanjuanino destaca que la comunidad está muy golpeada. Reina el miedo, el temor de volver a ser sorprendidos por otro terremoto, la incertidumbre sobre qué sucederá con sus hogares, sus vidas habituales y el dolor de haber perdido a un ser querido, o haberlo encontrado pero sin vida.
“Lo más duro es ver el dolor de las familias que siguen esperando encontrar a un ser querido. Eso te marca. También el cansancio; dormimos muy poco porque las jornadas son largas y la prioridad siempre es seguir trabajando mientras exista una posibilidad de ayudar”, destaca Ángel.
Sin embargo, no todo es desazón. “Lo más lindo es cuando encontramos personas con vida o cuando simplemente podemos brindar un poco de contención. Ver la esperanza en los ojos de alguien hace que todo el esfuerzo valga la pena”.
Si bien en un inicio se analiza una estadía de entre 7 a 15 días, Ángel señala que por el momento no tiene confirmada una fecha de regreso, ya que todo dependerá de la evolución del operativo que va mutando a diario, como también de las necesidades que existen en el lugar. “Mientras podamos ser útiles, vamos a seguir trabajando”, remarcó.
Una reflexión en medio de la catástrofe
Desastres naturales como un terremoto no se pueden evitar ni prevenir, y lo único que resta luego es reunir las piezas, no solo de las estructuras dañadas, sino también de la sociedad afectada. En medio del polvo, los gritos, las corridas y el esfuerzo sobrehumano que están llevando a cabo los rescatistas, Ángel reflexiona: “Esta experiencia me recuerda que de un momento para otro la vida puede cambiar por completo”.
Y finaliza: “Uno vuelve a valorar cosas que a veces da por hechas: un abrazo, una comida en familia, una cama, una llamada. También confirma que siempre vale la pena ayudar. Ver a rescatistas y voluntarios de distintos países trabajando juntos, sin importar banderas ni diferencias, te devuelve la esperanza en la humanidad. Ojalá nadie tenga que vivir una tragedia así, pero si pasa, que nunca falten personas dispuestas a tender una mano. También quiero agradecer a los chicos del grupo G.O.T del Servicio Penitenciario de San Juan por el equipamiento prestado”.